Como si saliese al jardín de su casa, Lewis Hamilton se exhibe imperial en Barna. Es su pista talismán, 5 triunfos sucesivos con el de este domingo. «Me siento excelente acá, deseo saludar antes de nada a los apasionados, es una alegría teneros aquí», afirma el británico levantando la mano cara la grada de Montmeló, primera carrera con seguidores. Rara vez un conduzco (Michael Schumacher en Magny Cours) es capaz de enseñar semejante hegemonía. Carrera táctica, desganada, de neumáticos y paradas, en la que los españoles no terminan contentos. Carlos Sainz concluyó séptimo, una peor que su situación de salida, y Fernando Alonso se cayó en el tramo final, sin ruedas y con mala estrategia para batallar. Decimoséptimo.

El circuito de Montmeló lleva treinta años en el calendario, la organización es ejemplar, a los pilotos les cautiva Barna y el sol del Mediterráneo, se sienten agradables y agradecidos en España, mas hay que acordar que el diseño de la pista es uno de los mayores peñazos del Mundial.

Un año tras otro, es ineludible exactamente la misma secuencia de comentarios. Imposible adelantar, solo con la estrategia, la misión en la paradas, acá no hay forma… Comentarios de los pilotos con respecto a las opciones de esta pista, que por el motivo que sea no deja el entretenimiento de carreras animadas.

La carrera consistía en 2 puntos, la salida y la táctica. Una convidación al tedio si en la arrancada no sucedía algo singular. Partido a la italiana, ‘catenaccio’ puro y duro, y cierto letargo en espera de que los mecánicos acertasen con las pistolas, los ascensores, el pulso de los neumáticos. Y, sobre todo, que los cerebros de la estrategia acertasen con el desgaste de las ruedas y el ingreso en los garajes.

Verstappen aportó el aliciente que cabía aguardar de su energía y juventud en una escenificación vehemente, que pudo llevarse a Hamilton por delante. Preservó la calma, veterano al fin y a la postre el británico, para no partir su tarde en un rapto de saña.

El turismo de seguridad por el accidente de Tsunoda no alteró gran cosa la tarde plomiza, que tenía pinta de resolverse en la calle de boxes, conforme propósitos de ingenieros y telemetrías, y no en la pista, como es del agrado de los seguidores.

Carlos Sainz no hizo una buena primera vuelta y por ahí se frustró su deseo de soñar con el pódium, o bien por lo menos escalar a la espalda de Red Bull y Mercedes. Ferrari se percató pronto de que una sola parada era un suicidio por el desgaste de los neumáticos amarillos y por ahí el de España se sostuvo en ese furgón central, en el que ni chicha ni limoná.

Fernando Alonso debió lidiar con los neumáticos frescos de Stroll, a quien controló desde el comienzo para divisar al final de la tarde una décima o bien novena situación que le reportase puntos y confianza. Estaba en esas el asturiano hasta el momento en que el vuelta a vuelta dictaminó que era imposible sostener situaciones hasta el final con las ruedas amarillas. A última hora, cuando era décimo, el de España perdió todo cuanto había logrado por la tardía reacción en el muro de Alpine. Ocon asimismo pie: salió quinto, acabó noveno por exactamente el mismo motivo.

La victoria en Barna se esclareció en exactamente los mismos términos. Mercedes entendió que había que parar más veces para ir más veloz, y en el segundo stop, con neumáticos frescos, Hamilton se merendó a Verstappen con suma sencillez. El holandés, no obstante, disintió de esta visión. «Cualquier estrategia hubiese dado igual. El inconveniente es que éramos muy lentos». Por fallar, falló hasta la velocidad de los mecánicos mudando ruedas (4 segundos).

Buen desempeño de Leclerc, solvente en el Ferrari, sobre todo el sábado, clave para terminar el día de hoy cuarto. Y lo mismo para Ricciardo, que por fin se impone a su compañero Norris con el McLaren.

Fuente: ABC.es

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