¿Había humanos en Europa hace 6 millones de años?


Desde el descubrimiento de los primeros fósiles de Australopithecus en el sur y el este de África a mediados del siglo 20, el origen del linaje humano se ha situado en el continente negro. Otros fósiles descubiertos en esa misma región, incluidas las famosas huellas de Laetoli, en Tanzania, dejadas hace 3,7 millones de años por unos pies de apariencia humana, reforzaron aún más la idea de que los primeros miembros de nuestro linaje no solo se originaron en África, sino que permanecieron aislados allí durante varios millones de años, antes de dispersarse por Europa y Asia.

 antigüedad de por lo menos 6 millones de años, ha supuesto toda una sorpresa para los paleontólogos, ya que no concuerda con el concepto de origen africano y sugiere una realidad mucho más compleja.

Las huellas fueron descubiertas por casualidad en 2002 por Gerard Gierlinski, un paleontólogo polaco especializado en huellas fósiles, durante unas vacaciones en Creta. Pero no fue hasta 2010 cuando las estudió a fondo y llegó a la conclusión de que habían sido dejadas por un hominino. En 2017, Per Ahlberg, de la Universidad de Uppsala, retomó la investigación y
publicó sus sorprendentes conclusiones. «Este hallazgo -dijo entonces Ahlberg- desafía frontalmente el relato establecido de la evolución de los primeros humanos, y es posible que genere un gran debate. Queda por ver si la comunidad de investigadores que estudian el origen de los humanos aceptará estas huellas fósiles como evidencia de la presencia de homininos en Creta durante el Mioceno».

Ahora, un equipo internacional de investigadores de Alemania, Suecia, Grecia, Egipto e Inglaterra, dirigido por los científicos Uwe Kirscher y Madelaine Böhme, del Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente de la Universidad de Tubinga, acaba de aportar nuevos datos que apuntan directamente al origen ‘humano’ de esas huellas. Su estudio se acaba de publicar en la revista ‘
Scientific Reports
‘.

Utilizando métodos geofísicos y micropaleontológicos, los
investigadores han fijado la antigüedad de las huellas en 6,05 millones de años, lo que las convierte en la evidencia directa más antigua de un pie similar al humano utilizado para caminar. «Las huellas son casi 2,5 millones de años más antiguas que las huellas atribuidas al Australopithecus afarensis (Lucy) de Laetoli en Tanzania», afirma Uwe Kirscher. Lo cual sitúa las huellas de Trachilos en el mismo tramo de edad que los fósiles del Orrorin tugenensis de Kenia, que ya caminaba erguido, aunque eso se dedujo por la forma de los fémures ya que no se encontraron huesos del pie ni huellas atribuibles a esa especie.

La datación de la huella, un auténtico tesoro

La datación de las huellas de Creta, por lo tanto, constituye un auténtico tesoro a la hora de estudiar cómo nuestros primeros antepasados comenzaron a caminar hace más de seis millones de años. «El pie humano más antiguo utilizado para caminar erguido -explica Per Ahlberg, profesor de la Universidad de Uppsala y coautor del estudio- tenía una bola, con un dedo gordo paralelo fuerte y dedos laterales sucesivamente más cortos. El pie tenía una suela más corta que el Australopithecus. Aún no había un arco pronunciado y el talón era más estrecho».

Hace seis millones de años, Creta estaba conectada con Grecia a través del Peloponeso. Según Madelaine Böhme, «no podemos descartar una conexión entre el productor de las huellas y el posible Graecopithecus freybergi prehumano». Hace varios años, en efecto, el equipo de Böhme identificó esa especie prehumana previamente desconocida en lo que ahora es Europa sobre la base de fósiles hallados en depósitos de 7,2 millones de años a solo 250 kilómetros de distancia de Atenas.

El trabajo, además, confirma la investigación reciente y las tesis del equipo de Böhme, según las cuales hace seis millones de años el continente europeo y el del cercano oriente se separaron de la húmeda África oriental debido a una relativamente breve expansión del Sahara. El análisis geoquímico de los depósitos de playa de Creta de hace seis millones de años sugiere que el polvo del desierto del norte de África fue transportado allí por el viento. En aquel estudio, el equipo llegó a fechar granos minerales del tamaño de polvo con una edad de entre 500 y 900 millones de años.

Según explica Böhme,
otras investigaciones recientes también han sugerido que el mono africano Sahelanthropus podría descartarse como bípedo, y que Orrorin tugenensis, que se originó en Kenia y vivió entre hace 6,1 y 5,8 millones de años, es el prehumano más antiguo de África. Por tanto, la desertificación a corto plazo y la distribución geográfica de los primeros predecesores humanos podrían estar más estrechamente relacionadas de lo que se pensaba.

Por un lado, en efecto, una etapa de desertificación sucedida hace 6,25 millones de años en Mesopotamia podría haber iniciado una migración de mamíferos europeos, posiblemente incluidos los simios, a África. Por otro lado, la segunda fase del cierre de los continentes por el Sahara hace 6 millones de años podría haber permitido un desarrollo separado del Orrorin tugenensis africano en paralelo con un prehumano europeo. Según este principio, denominado por Böhme ‘oscilación del desierto’, las sucesivas desertificaciones a corto plazo en Mesopotamia y el Sahara provocaron una migración de mamíferos de Eurasia a África.

Lo que los nuevos hallazgos parecen estar dejando cada vez más claro es que el origen de nuestra especie es algo mucho más complicado de lo que se pensaba hace apenas unos años.


Fuente: ABC.es .

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