En un intento de resucitar la maltrecha agenda de la globalización multilateral, la nueva directiva gerente del Fondo Monetario Internacional (Fondo Monetario Internacional), Kristalina Gueorguieva, instó a Estados Unidos y China a desamparar permanentemente las medidas proteccionistas que, conforme los cálculos del Fondo, quitarán un 0,8% al desarrollo mundial. “Hay que transformar la tregua en una paz”, afirmó Gueorguieva el día de ayer, en su primera comparecencia en la reunión anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, una referencia al pacto preliminar alcanzado entre Washington y Beijing para postergar la implantación de una batería de aranceles y otras medias proteccionistas.
Para el FMI, la globalización comercial no solo es indispensable para reactivar la economía mundial en un instante de desaceleración acompasada que ha bajado el desarrollo al ritmo más lento desde la megacrisis
del año 2008, sino más bien asimismo para eludir enfrentamientos geopolíticos. “El comercio es esencial para la paz”, sentenció Gueorguieva, economista búlgara de 66 años que aceptó el máximo cargo de la poderosa corporación multilateral hace 3 meses reemplazando a Christine
Lagarde, la nueva presidente del Banco Central Europeo. Gueorguieva citó estudios que señalan que en periodos precedentes de liberalización comercial el número de enfrentamientos violentos registrados a escala mundial cayó un 94% .

“La libra esterlina brincó y brinqué también”, festeja sobre el pacto para el Brexit

Exdirectora del Banco Mundial, Gueorguieva encabeza el Fondo en un instante de crisis tanto para el modelo de multilateralismo instalado después la Segunda Guerra Mundial para la globalización comercial y financiera iniciada a fines de las años setenta. Con una agenda global que defiende “un “sistema abierto y transparente de comercio multilateral”, el Fondo Monetario Internacional pretende recobrar el espíritu de Bretton Woods, la conferencia de 1946 que sentó las bases para un nuevo orden económico global que, para muchos economistas, fue la clave del desarrollo económico y de la paz relativa de la posguerra.

Las rebeliones contra la integración económica transfronteriza –plasmadas tanto en el nacionalismo económico de Donald Trump como en el Brexit– se perciben en la sedes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial como graves riesgos para la prosperidad y la paz. Todavía más dadas las presiones deflacionistas que persisten en las economías avanzadas aun tras una década de billonaria expansión monetaria. Si bien Gueorguieva defendió “la política monetaria expansiva”, reconoció asimismo “los peligros de inestabilidad financiera que vienen con los modelos bajos prolongados”. También, instó a los países a “utilizar el poder de fuego fiscal” para contrarrestar la desaceleración con incrementos del gasto y también inversión y recortes tributarios. Mas añadió: “Con los niveles récord de endeudamiento a escala global, este consejo no valdrá en todas y cada una partes”.

Los miedos que se palpan en la reunión quizás explican la reacción tan entusiasta de Gueorguieva frente a la nueva sobre un pacto para el Brexit. “Es una buena noticia; la libra esterlina brincó y brinqué también”, bromeó. El temor a un Brexit sin pacto, que provocaría una caída de prácticamente un punto en el Producto Interior Bruto de la Unión Europea, explica esta reacción.
A pesar de la insistencia de Gueorguieva, economistas consultados el día de ayer en Washington cuestionaron si el regreso a la vieja agenda de la globalización sería una garantía para el desarrollo y la paz. Realmente, el periodo de paz y prosperidad tras la Segunda Guerra Mundial fue consecuencia de una liberalización comercial bastante gradual que no incluía al ámbito financiero y que facilitó una profunda redistribución de la renta. Los flujos financieros y los centros offshore eran muy limitados. “La idea de Bretton Woods fue exportar el New Deal al resto del mundo”, afirmó Richard Kozul-Wright, economista jefe de la Unctad. Eso suponía “proteger las economías nacionales en frente de los mercados financieros”, agregó. El modelo del acuerdo de Washington de liberalización comercial y financiera “generó enormes desigualdades en las economías avanzadas y desequilibrios entre países”, agregó Michael Pettis, de la Universidad de la ciudad de Pekín. Para Dani Rodrik, de Harvard, “la coexistencia pacífica” entre China y EE.UU. depende del abandono del modelo de “hiperglobalización” en rema desde 1980.

Los planes del Fondo Monetario Internacional se ven conminados en otro frente. Tras reinventar su imagen en Latinoamérica, la probable derrota de Macri en las elecciones del mes en curso y los altercados en Quito han dañado otra vez la verosimilitud de sus programas de rescate. “Estoy tan presta a asistir a Argentina como Lagarde”, afirmó Gueorguieva. Mas a juzgar por los últimos sondeos, todo señala que su interlocutor allá tras las elecciones va a estar menos comprometido con el modelo de globalización liberal que el presente.

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