Nada menos que 21 años ininterrumpidos de hegemonía del Partido Socialista vivió Castilla-La Mácula con José Bono, al que sucedió José María Barreda a lo largo de otro orden más. El reciente mapa político en la tierra de Don Quijote estuvo marcado por una era socialista solo interrumpida cuando María Dolores de Cospedal se transformó en presidente de la Junta de Comunidades en 2011. 4 años después, la poderosa «delfina» de Génova no pudo convalidar su orden –a pesar de que se quedó a 200 votos de la mayor parte absoluta– y el Partido Socialista volvió a conseguir el poder, esta vez de la mano de Emiliano García-Page, merced a un pacto con Podemos-CLM en las pasadas elecciones autonómicas de 2015. La inestabilidad de este acuerdo forzó a mitad de legislatura a los líderes de las dos formaciones a asegurar el compromiso de las 2 partes. Castilla-La Mácula se transformó de esta forma en el mes de julio de 2017 en la primera comunidad autonóma en la que socialistas y morados compartían el mando. Pasaron a ser parte del Gobierno de García-Page el secretario general de Podemos Castilla-La Mácula, José García Molina, como vicepresidente segundo; y también Inmaculada Herranz, como consejera encargada del Plan de Garantías Ciudadanas (el conocido como «Plan Podemos»). El presidente regional consideró en un encuentro con los medios que el tramo final de la legislatura ha ido «mucho mejor que en la entrada», más todavía teniendo presente que la llegada de sus asociados fue «forzada». El socialista se ha consolidado esta legislatura y aunque ciertas encuestas auguran que podría bastarse por sí solo, en el entorno se conjetura otro posible pacto, esta vez con Ciudadanos. De esta manera lo ve cuando menos el secretario general del Partido Popular, Teodoro García Egea, que ha asegurado que Partido Socialista y Ciudadanos tienen cerrado un acuerdo de Gobierno tanto en Castilla-La Mácula como en Murcia si los números que logran el próximo 26-M «dan para ello». En el superdomingo electoral se festejan los segundos comicios tras el cambio en la ley electoral aprobada a solas por el Partido Popular que reducía drásticamente –de 49 a 33 –el número de miembros del Congreso de los Diputados en las Cortes regionales. Y si el bipartidismo asentado desde 1995 se rompió hace 4 años con la llegada de Podemos, esta vez va a quedar sepultado claramente con la entrada de Ciudadanos –que se quedó fuera por poco en 2015– y de manera previsible, de Vox, que ha multiplicado por 100 sus resultados: ha pasado de poco más de 1.800 sufragios a más de 180.000, transformando de esta forma al partido de la ciudad de Santiago Abascal en la cuarta fuerza en la comunidad manchega. Conforme apunta el último CIS preelectoral, Emiliano García-Page podría conseguir un resultado que le dejara regir e inclusive lograr la mayor parte absoluta en la zona –fijada en 17 diputados–, al conseguir entre 15 y 18 escaños. De lo contrario, tendría a su alcance la opción de reeditar su coalición con Unidas Podemos o bien respaldarse en Ciudadanos, que conseguirían 2 o bien 3 escaños, respectivamente. Los naranjas, con Carmen Picazo al frente, conseguirían el mayor ascenso tras no conseguir representación en 2015. Entre tanto, el derrumbe del PP en los comicios nacionales del 28 de abril se trasladaría asimismo a la zona, donde pasaría a tener entre 11 y 14 escaños por los 16 que consiguió hace 4 años. Para finalizar, Vox estaría rozando un miembro del Congreso de los Diputados, si bien podría quedarse fuera a pesar de conseguir el seis con ocho% del voto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *