Gabriel podría haberse salvado. No fue un accidente. De esta forma de tajante y claro se mostró la acusación ejercida por Francisco Torres. El letrado de los progenitores de Gabriel mantuvo a lo largo de su exposición la “frialdad estremecedora” de la acusada, Ana Julia. Una frialdad que prueba que la muerte de Gabriel no fue un accidente, sino más bien un asesinato. “Le asestó golpes en la espada, en la cara y cabeza que le ocasionaron un derrame y un edema cerebral. Incluso de esta forma podría haber sobrevivido. Ella se subió sobre él, le golpeó y ahogó… y pasaron entre 45 y 90 minutos” hasta el momento en que murió. Entre medias, “mientras sufría en el suelo, cavó un agujero”. “Gabriel – sigue – estuvo prácticamente una hora con posibilidad de salvarse si (la acusada) hubiese hecho una pura llamada”. Insistiendo en que no se trató de una muerte eventual, recordó al jurado popular que “tras fumarse múltiples cigarrillos (tras hacer el orificio), entra y ve que todavía respira”. Fue entonces cuando “o se arrodilló encima de él para ahogarle o bien se echó el cuerpo encima”. Con exactamente la misma pretensión, recordó al jurado que Ana Julia pintó la puerta tras sepultarle. ¿Quién hace eso y después se pone a fumar?. Y es para Torres, “lo primero que deseó probablemente fue despedazarle de ahí esa grabación en la que se le escucha: “os daré pescaíto por mis cojones”. Eso no lo afirma alguien que está arrepentido. El letrado de los progenitores asimismo hizo hincapié en las discrepancias con la Fiscalía: “Nosotros establecemos un delito contra la integridad ética que no ve el Ministerio Fiscal. Era superfluo ese daño a la familia, dándoles ánimos, diciéndoles que iba a aparecer. Era superfluo poner una camiseta a cuatro km de donde estaba sepultado. Dormía con el padre de Gabriel al que había matado – probando – una falta de escrúpulos brutal”. Mientras que, en la sala se escucha a Ana Julia que afirma “¿qué?” a sus abogados negando con la cabeza los hechos hasta el extremo de que pregunta a Beatriz Gámez, cooperadora del despacho de Thiel, algo como que ¿por qué razón afirma eso? y le responde: es su trabajo. Anteriormente fue el turno de la fiscal Elena Fernández: “Ana Julia Quezada privó de la vida a un pequeño de solo 8 años de forma consciente, deliberada y a sangre fría”. “Ustedes no se deben preocupar del móvil, eso no tiene transcendencia a efectos judiciales, sino más bien si fue un homicidio o bien un asesinato por alevosía. Y les digo que el Ministerio Fiscal sostiene que la acusada, de forma consciente, deliberada y a sangre fría, procedió a darle muerte de forma tan imprevisible que el menor no pudo reaccionar, especialmente cuando – la acusada – formaba una parte de su núcleo familiar. Gabriel no pudo defenderse, no tuvo oportunidad”, agregó. Un extremo en el que coincide el letrado de los progenitores, no de esta forma con respecto a lo del móvil: “El móvil no es intrascendente. El móvil es por una parte económico, puesto que la madre de Ángel tiene dinero. Prácticamente 500.000 euros vale la finca, exactamente la misma que le afirma a su hija esta casa de la vieja puede ser para ti y tu novio”. El otro móvil es que “Gabriel le molestaba y ese menosprecio a la vida humana es completamente incomprensible. He asistido a decenas, cientos y cientos de juicios y no he visto jamás tanta maldad”, concluyó. La Defensa, en cambió, optó por presentarse como lo hizo en su día a los medios, recordando que fueron asignados a este juicio por turno de oficio hasta el punto que el letrado de Ana Julia Quezada, Esteban Hernández Thiel, afirmó al jurado que mismo había compartido por Fb la fotografía del pequeño cuando desapareció por si acaso alguno de sus contactos podían asistir. “Tras localizar el cuerpo, estaba de guarda ese día. No siempre y en toda circunstancia es simple la Defensa. Somos seres sensibles y efectivamente el motivo por el cual estamos acá de alegre no tiene nada. El objetivo: un juicio justo, que se haga justicia, lo que no desea decir venganza”. Esta presentación le sirvió para insistir en que, según él, las pruebas probarán que fue un accidente: “No le asfixió ni hubo una sucesión de golpes como ha afirmado la acusación. Le presionó sobre la pared tapándole la boca a fin de que se callase. Matarle o bien callarle, esa es la pretensión que debéis valorar”, aseveró en su exposición al jurado popular, al que recordó que Ana Julia no escapó del país, no había un plan preconcebido pues le afirma a la abuela y al pequeño que le acompañar a pintar la casa y esto no cuadra con que fuera intencionado. Acá no se niega la muerte, hay que resolver si hubo o bien no intención”. En este sentido, Hernández Thiel trató de explicar que si la acusada no lo confesó fue pues “no sabía qué hacer, de qué manera explicarlo”. A lo largo de las prácticamente 2 horas que duraron las exposiciones, Ana Julia Quezada, vestida totalmente de blanco salvo por unas zapatillas azules, no soltó el pañuelo que Beatriz Gámez, cooperadora del despacho de Thiel, le dio cuando en el segundo mudo, esta vez frente a las cámaras de T.V., se le cayeron dos lágrimas. Su testimonio por último debió postergarse hasta mañana martes.

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