Crisis como la que estamos padeciendo sacan lo mejor y lo peor del humano. Este género de situaciones muestran de qué pasta estamos hecho, la catadura ética de cada uno de ellos. Mientras que la enorme mayoría de ciudadanos contribuyen como mejor pueden —unos quedándose en casa, otros ayudando al vecino que lo precisa y muchos dando la batalla en primera línea en los centros de salud y en el resto de servicios esenciales—, otros exudan aversión y odio. No nos engañemos. Ya antes, a lo largo de y tras todo esto hubo, hay y va a haber unos pocos que viven, se nutren y se ahogan en el odio.

Sí, mientras que cientos y cientos de personas se mueren día a día a nuestro alrededor hay quien piensa de qué forma sacar interés político de una catástrofe humanitaria como la que estamos padeciendo. Hay quien decide que su mejor contribución a la sociedad es proyectar en la edificación de enfrente una sarta de patrañas culpando a la administración autonómica de lo que sucede y sacar una fotografía para repartirla en sus redes sociales para sumar dos likes. Hay quien aplaude la ocurrencia para tapar que los gobernantes nacionales a los que defiende reaccionaron tarde, se comportaron irresponsablemente obviando las alarmas sanitarias emitidas por organismos internacionales y han probado una supina ineptitud en la administración de la crisis. E inclusive hay partidos que deciden propagar y hacer suyas las excreciones morales de unos y otros para procurar rasguñar un puñado de votos.

No, no vale todo. Hay fronteras que no deberían traspasarse. Hablamos de la vida de humanos. Quizá, atrapados en su odio y su rencor, no se hayan dado cuenta, mas se mueren bastantes personas, miles y miles de personas en el conjunto de España. El padre de alguien, el hijo de alguien, el nieto de alguien. El sufrimiento de una sociedad. Hay cosas con las que sencillamente no debería jugarse. Tiempo va a haber cuando hayamos apagado el incendio para meditar y demandar responsabilidades. Que absolutamente nadie se confunda. El tiempo es un juez incorruptible que da y quita razones y pone a cada uno de ellos en su lugar. A los miles y miles de héroes anónimos que están jugándose la vida para salvar la de otros, mas asimismo a los que se comportan en una situación tan crítica como esta de la manera más canalla y ruin.

Esta película no va de colores políticos. Se muere gente en comunidades donde rige Xan y asimismo en otras donde manda Pericán. El coronavirus no comprende de fronteras partidarias. la capital de España, Galicia, País Vasco, Cataluña, Andalucía, … El Covid-19 pone al máximo al conjunto del sistema nacional de salud. A Dios gracias, y a pesar de toda la sarta de patrañas que ciertos procuran propagar, es un sistema robusto y, como apunta Funcas en un informe publicado estos días, este país jamás ha contado con tantos efectivos en el campo sanitario como hoy en día. A pesar de las soflamas sectarias, la cantidad prácticamente se duplicó entre los años 2000 y 2019.

El inconveniente es que ciertos, ahogados en su sectarismo y también aversión, no les importan ni cifras ni hechos. No se sonrojan al aseverar que en Galicia en los últimos tiempos se han cerrado centros de salud y despedido médicos. A propósito, ¿cuáles y dónde? No se ruborizan al proteger a quien dejó y incitó concentraciones tumultarias —en estadios de futbol y en las calles— cuando el virus estaba ya propagándose por el país y ahora ni tan siquiera es capaz de asegurar un material mínimo de seguridad a los profesionales sanitarios que se juegan la vida día a día para intentar salvar la del resto. No, esta clase de gente no se pone roja jamás, tampoco al intentar rasguñar un puñado de votos mientras que mueren miles y miles de personas.

Este género de situaciones dejan retratado al mundo entero. A los miserables que procuran utilizar partidariamente o bien juguetean políticamente con el sufrimiento extraño. Y a los héroes anónimos que se juegan su vida para asistir a el resto.

Fuente: ABC.es

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