«Felicaz» es aquella organización que piensa que sus empleados son personas y que está presta a arriesgar en la creación de ambientes laborales que faciliten la vida de sus miembros en interés de una mayor eficacia de administración de la organización en conjunto. De esta manera arranca el prólogo de la obra «Manual de felicacia» de Salvador Molina y Juan Carlos Profesor («padre» de este término, que mismo califica como «un nuevo modelo de administración empresarial»). Un libro que recoge la opinión de 20 profesionales de diferentes campos económicos sobre lo que comprenden por «felicacia», al unísono que presenta un recetario de ideas, sugerencias, consejos, métodos y razonamientos para edificar una organización más feliz y eficiente. «La felicacia no es anarquía, sino más bien confianza, corresponsabilidad y compromiso. La creación de organizaciones felices, inteligentes y que aprenden es un principio ético de una alta dirección y propiedad (accionistas) comprometidos con sus empleados», destaca Salvador Molina, presidente del Foro de discusión Ecofin y coautor del libro. La busca de la dicha ha acompañado al hombre en diferentes planos durante la historia; mas, en los últimos tiempos, todas y cada una de las grandes organizaciones han descubierto el valor de agregar a su cultura corporativa esta preocupación en la administración de sus personas, sus trabajadores, sus equipos y su talento. Y brotó la «felicacia». «La dicha personal y la eficiencia empresarial (los resultados) son 2 elementos que se complementan y que se precisan para hacer un desarrollo sostenido y satisfactorio», explica Juan Carlos Profesor. «Hasta la data daba la sensación de que la dicha y trabajo eran ideas antagónicas, que eran como el aceite y el agua; puesto que bien, la “felicacia” las fusiona creando una nueva idea que brota de forma fuerte y determinación, aportando una visión renovadora para el planeta empresarial». Kazuo Inamori, el millonario nipón creador de la compañía electrónica Kyocera y quien salvó de la quiebra a Japan Airlines, ejemplariza a la «perfección», conforme los autores del libro, el término de «felicacia», y prueba con hechos y realidades, que se puede lograr el liderazgo «felicaz» creando entornos que contribuyan a prosperar la dicha de los trabajadores al unísono que se logran beneficios. Necesidades a satisfacer Si la mitad de las 500 grandes empresas que hace 25 años formaban una parte de la lista de la gaceta «Fortune» ya no están en ella, se espera que en los próximos 25 años ya no estén otro 50% de las presentes. «Para que la “felicacia” personal se desarrolle en la organización, se precisa conocer las necesidades básicas que tienen las personas, que han de ser cubiertas a fin de que puedan dar su máximo potencial. Estas necesidades son tan vitales como el aire que respiramos; no obstante, más de una vez, ese aire está polucionado y las personas enferman», afirma Profesor. Si el 85% de los trabajadores en el mundo entero acepta que su trabajo no le satisface y no se siente comprometido ni identificado con exactamente el mismo, conforme el Informe Gallup 2017, si el sueño de los mayores de 50 años es jubilarse de forma adelantada, tenemos un inconveniente. «Ante este escenario nace la noción de “felicacia” como una forma de sublevarse contra lo establecido, de romper cadenas que nos esclavizan o bien torturan en los ambientes laborales, procurando abrir una ventana que nos traiga un tanto de aire limpio, cargado de esperanza, para concebir un nuevo ambiente laboral más satisfactorio», apunta Profesor. La infelicidad en cifras Las compañías que trabajan bajo este modelo de administración son más rentables y consiguen mejores resultados y beneficios, como han probado durante la historia personajes como Nic Marks, de Happiness Works o bien Kazuo Inamori. «Hay directivos que todavía no comprenden lo de invertir en dicha para la organización. Pueden meditar que es un despilfarro o bien una medida inapropiada, pese a que poco a poco más estudios prueban que trabajar con estos conceptos puede acrecentar la productividad de manera significativa. Este hecho me llevó a pensar: ¿cuál sería el costo de la infelicidad en España?». Gallup estimó que el costo de la infelicidad en E.U. cuesta unos 500.000 millones de dólares americanos. En estos gastos se imputaron los desembolsos por asistencia sanitaria, el descenso de la productividad y la reducción de la ganancia impositiva. Juan Carlos Profesor extrapoló los datos empleados por esta empresa y calculó el costo de la infelicidad en el trabajo en España dando como resultado unas pérdidas de 70.121 millones de euros anuales. Se estima que el rescate a la banca de España en el año 2011 ascendió a unos 77.000 millones de euros. La compañía no es quien se encarga de la dicha de cada uno de ellos de los empleados, aclara Profesor. «Es de cada uno de ellos de nosotros». «Sin embargo sí lo es de favorcer un buen tiempo laboral a fin de que los trabajadores puedan sentirse bien y también identificarse con la cultura de la organización». La «felicacia» es imposible si no hay un líder «felicaz» en la organización. «Hay jefes que cuidan mejor sus turismos que a sus empleados, que son los que hacen que tengan buenos y muy elegantes turismos. Por tales razones, si deseamos que haya sinergia en el equipo, hay que cuidarlo, aun en ocasiones mimarlo y saber que tras grandes partidos o bien competiciones precisa reposar, recobrarse y calmar las lesiones antes que se hagan crónicas. Un líder “felicaz” debe compensar esas funciones». La «felicacia» es, en suma, un estilo de administración enfocado a las personas, que pretende humanizar el planeta empresarial y el de las organizaciones. «Trabajar con los oponentes de la “felicacia” solo va a traer infelicidad a los trabajadores, desatando los males que golpean a las organizaciones, como son la desmotivación, el desarrollo de los cotilleos, el entorno de inseguridad, el desapego hacia ella, la falta de confianza creciente, el agobio laboral, etc. Todos deseamos ser bien dirigidos, tener líderes que nos inspiren y nos entusiasmen; daríamos mucho más», explica Juan Carlos Profesor. Destructores de la felicacia Una mala dirección o bien administración tiene su influencia en la organización. España cuenta con un 40% de «jefes tóxicos» que anula el talento de los empleados y la productividad de las compañías. Un 49% de los trabajadores demanda la ofensa como la primordial lacra de los mandos. «Los directivos son el motor y el ánima de las organizaciones, es en ellos donde debemos centrar primordialmente nuestros sacrificios y actuaciones formativas, pues el talento existe, y la prueba de ello son los miles y miles de jóvenes que por carencia de ocasiones o bien por malos jefes se marchan todos los años a otros países, donde son bien reconocidos y valorados». El enorme legado de los líderes no son sus logros materiales, sino más bien el dejar preparados a otros líderes «felicaces» a fin de que continuen la labor efectuada. Profesor concluye que el líder «felicaz quiere que todos en sus organizaciones sean felices. Sabe que debe ser un caso para el resto. Es exigente y ayuda a desarrollar los talentos de su gente. Puede ser como un dios en la organización, puesto que tiene el poder de crear dicha en su ambiente, ama a su gente y a los clientes del servicio, sabe que el perdón es una liberación.

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