Hace unos cuatro.000 millones de años, el Sol no relucía igual que ahora: la luz de nuestro astro era un 30% menos intensa que hoy en día. Teóricamente, este hecho habría provocado que el agua de los océanos de la Tierra se congelara, transformándola en un sitio inhóspito. No obstante, los registros apuntan que no fue de este modo, y el agua líquida y, con ella, la vida, se abrieron camino pese a estas desagradables condiciones. Esta es la «
paradoja del joven Sol enclenque
» que propuso el renombrado astrónomo y comunicador de la existosa serie «Cosmos» Carl Sagan de manera conjunta con su colega George Mullen en 1972. Sagan murió sin poder solucionar esta contradicción que muchos científicos han intentado explicar a lo largo de décadas. Ahora, un nuevo estudio publicado en «Science Advances» da otra teoría de por qué razón no se congeló nuestro planeta.

Katharine Thompson, autora primordial de la investigación y estudiante en el departamento de microbiología y también inmunología de la Universidad de Columbia Británica, asevera que la solución a esta paradoja está en unas «simples» bacterias de las que sus descendientes todavía viven en la Tierra. Estos microorganismos tienen peculiaridades químicas y físicas singulares que, en ausencia total de oxígeno, les dejan transformar la energía de la luz solar en minerales de hierro oxidado y en biomasa celular. Y, de ahí, en gases de efecto invernadero que sostuvieron la temperatura terrestre a fin de que hubiese agua líquida.

Los pequeños seres que expulsan hierro
En aquel instante ubicado en el periodo Anticuado, la etapa del Precámbrico comprendida entre hace cuatro.000 y dos.500 millones de años-, aquellos seres formaron los yacimientos de hierro mineral más grandes del mundo: las formaciones laminadas de hierro (BIF, por sus iniciales en inglés) en los fondos oceánicos hace miles y miles de millones de años. Desde acá, la biomasa provoca la producción del potente gas metano de efecto invernadero por otros microbios, favoreciendo un tiempo temperado. O sea, pudieron producir acumulaciones masivas de hierro que por su parte favorecieron las condiciones ambientales convenientes para la vida bajo un Sol sutil.

«Utilizando técnicas geomicrobiológicas modernas, descubrimos que ciertas bacterias tienen superficies que les dejan expulsar minerales de hierro, lo que les deja exportar estos minerales en el fondo marino para hacer depósitos de minerales», explica Thompson. El equipo usó la cepa KB01 de
Chlorobium phaeoferrooxidans
, una «tataranieta» de aquellas bacterias primigenias que tienen estas cualidades fotoferrotróficas. las hallaron en una columna de agua de la bahía de Kabuno, una subcuenca del lago Kivu, en la República Democrática del Congo.

Separadas de sus productos minerales oxidados, estas bacterias entonces nutren a otros microbios que generan metano. «Ese metano es lo que seguramente sostuvo caliente la atmosfera temprana de la Tierra, pese a que el Sol era mucho menos refulgente que hoy», asevera la autora.

¿El fin de la paradoja?
El inconveniente de esta teoría es que no existen registros fósiles de la biomasa celular producida a lo largo de la oxidación de hierro. Hasta el momento. «Hemos probado que los ancestros de estas bacterias pudieron participar en la capacitación de las BIF y que el exceso de biomasa no depositado en ellas se habría quedado en los sedimentos ribereños, formando pizarras ricas en materiales orgánicos y nutriendo la metanogénesis microbiana», agrega el coautor Marc Llirós, estudioso del Departamento de Genética y Microbiología de la Universidad Autónoma de Barna -que asimismo participa en el estusio-, tal como recoge la Agencia SINC.

Esta podría ser una posible explicación a la paradoja de Sagan, en la que la carencia de luz mezlcada con la química atmosférica implicaría que la Tierra debería haberse congelado por completo. Y una Tierra congelada no habría soportado mucha vida.

Mas, realmente, no es la primera vez que los estudiosos procuran dar contestación a la cuestión del autor de «Cosmos». En 1987, el científico atmosférico James Walker, de la Universidad de Michigan, ya planteó que una atmosfera rica en metano formada con relación a los depósitos de mineral de hierro a gran escala y la vida podría haberse dado en este periodo. Y hace prácticamente una década, otro estudio publicado en «Science» apuntaba a que una bruma orgánica (compuesta de metano y ázoe) y compacta que envolvía la Tierra resguardó la vida principal de los efectos perjudiciales de la radiación ultravioleta al tiempo que dejó que gases como el amoníaco se acumularan, ocasionando el calentamiento de efecto invernadero y eludiendo que el planeta se congelara.

«El metano es la clave a fin de que se ejecute este modelo climático, con lo que uno de nuestros objetivos ahora es especificar dónde y de qué manera se originó», explicaban desde el equipo que efectuó la investigación publicada en 2010. ¿Tal vez sea esta la contestación?

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