Además de ser el pilar químico de la vida en la Tierra, que no es poco, el carbono es un factor muy curioso por el hecho de que es la base de 2 materiales con una apariencia y unas propiedades tan diferentes como el lignito y el diamante. Las enormes diferencias que hay entre estas 2 substancias son un resultado de de qué manera están organizados sus átomos de carbono: cuando se apelotonan de cualquier forma generan lignito, mas, si se enlazan con mucha fuerza siguiendo un patrón regular muy concreto, dan sitio a un cristal de diamante, un mineral con una dureza inusual.Ahora bien, los átomos de carbono solo son capaces de adoptar la estructura recia propia del diamante cuando están sometidos a unas condiciones de presión y temperatura extremas, con lo que los cristales parcialmente grandes de este mineral se forman dentro de nuestro planeta, a decenas y decenas de quilómetros de profundidad. Por consiguiente, la carambola geológica que debe acontecer a fin de que los diamantes asciendan hasta la superficie no ocurre habitualmente y estos minerales son bastante escasos en nuestro ambiente. Si a esto agregamos que solo una proporción pequeñísima de los diamantes tienen la trasparencia precisa a fin de que se puedan emplear en joyería, no extraña que los cristales más «perfectos» alcancen costos astronómicos. Por poner un ejemplo, el mayor diamante por pulir conocido con estas peculiaridades, el diamante Cullinan, tenía una masa de 3106,75 quilates (621,35 gramos) y se dividió en múltiples fragmentos, el más grande de los que pesa unos 100 gramos y fue vendido en 1908 por el equivalente a 51 millones de dólares americanos actuales.Pero, si bien absolutamente nadie le haría ascos a un refulgente de 100 gramos, los diamantes terrícolas son minúsculos si los equiparamos con los que existen en el espacio.

Planetas y estrellas de diamante

Los primeros exoplanetas que se advirtieron, en 1992, formaban una parte de un «sistema solar» que no podría ser más diferente al nuestro por el hecho de que, en vez de orbitar cerca de una estrella corriente, como el Sol, estos planetas daban vueltas alrededor del púlsar PSR B1257+12 (o bien Lich, para los amigos).Un púlsar no es más que una estrella de neutrones que rota a alta velocidad y emite 2 potentes chorros de radiación por medio de sus polos. Si esta oración os ha descolocado un tanto, las estrellas de neutrones sencillamente son un género de «cadáveres» estelares todavía más masivos que las enanas blancas de las que charlé en un artículo reciente. Ahora bien, si bien la masa de las estrellas de neutrones no es mucho mayor que las de las enanas blancas, la diferencia de tamaño entre estos 2 objetos sí es abismal: el diámetro de las enanas blancas es equiparable al de un planeta como la Tierra, mas el de las estrellas de neutrones ronda entre los 10 y los 20 quilómetros, una cantidad considerablemente más afín a la de una urbe grande. Como resultado, la masa de estos objetos está tan compactada que el material que los compone tiene una densidad de unos 100 billones de toneladas por metro cúbico.De todos modos, si la estrella central de este sistema solar os ha semejado extraña, los planetas que la rodean lo son todavía más. La razón es que se piensa que el púlsar Lich es el resultado del impacto y siguiente unión de 2 enanas blancas que estaban hechas primordialmente de carbono y oxígeno y que los planetas que orbitan el púlsar hoy día se formaron desde el material que salió despedido al espacio a lo largo de la colisión. Esto no solo quiere decir que el contenido de carbono de estos planetas es enorme, sino, además de esto, debido a que dos de los tres planetas del sistema de Lich tienen una masa unas cuatro veces superior a la Tierra y, por ende, un campo gravitacionales considerablemente más intenso, podrían contener una gruesa capa de carbono cristalizado en forma de diamantes bajo su superficie.Es más, se calcula que en el interior estos planetas podría existir una masa más de tres veces superior a la de la Tierra en forma de diamantes que, en el argot de la joyería, se traduciría en un total de 10^29 quilates… Y, por narices, entre todos esos diamantes habría muchos que superarían sobradamente los tres.000 quilates del Cullinan.De hecho, posiblemente existan diamantes individuales de miles y miles de quilómetros de diámetro en las propias enanas blancas, en concreto las que están compuestas primordialmente por carbono y oxígeno, como las que chocaron y formaron los planetas de carbono del sistema Lich. En un caso así, la intensa fuerza gravitacional de estos cuerpos celestes es capaz de someter el carbono que poseen a una presión tan tremenda que todos y cada uno de los átomos de este elemento terminan formando una enorme red cristalina continua, transformando su interior en un diamante macizo de tamaño planetario. 2 ejemplos de enanas blancas con un interior parcialmente cristalizado serían las enanas blancas PSR-J1719-1438b o bien BPM 37093, asimismo apodada Lucy, por motivos evidentes.

Diamantes inalcanzables

Si pensabais en haceros ricos buscando diamantes espaciales, os debo informar de que, desgraciadamente, estos mundos hechos de diamante están fuera del alcance actual de nuestra tecnología. La distancia a PSR-J1719-1438b ronda los cuatro.000 años luz, el sistema de Lich se halla dos.300 años luz y, si bien BPM 37093 está a solo 50 años luz de nosotros, aun una distancia tan pequeña en términos astronómicos prosigue siendo prohibitiva para los medios de transporte espacial de los que disponemos hoy día.Aun sí, posiblemente los lectores más observadores hayáis pensado que no hace falta irse tan lejos para hallar diamantes gigantes, por el hecho de que hay un cuerpo celeste mucho más próximo que quizá se transforme en uno en un futuro: nuestro Sol. Conforme el comburente de nuestra estrella se agote, sus capas externas se van a ir esparciendo por el espacio y los restos inertes de su núcleo van a quedar compactados en una enana blanca cuyo interior se va a poder cristalizar formando un enorme diamante, si se dan las condiciones convenientes. El “problema” al que os encararéis esta vez es que todavía faltan unos cinco.000 millones de años a fin de que el Sol entre en la fase final de su vida.En cualquier caso, si os sirve de consuelo, la caza de diamantes gigantes en el espacio probablemente no va a ser tan productiva como suena. Después de todo, cuando la tecnología precisa para lograr estas enormes joyas galácticas esté a vuestro alcance, la oferta de este material va a ser tan enorme que su valor se caerá… Y su coste va a dejar de ser lo suficiente astronómico para que compense vuestro esmero.

QUE NO TE LA CUELEN:

La mayor una parte de los diamantes que se hallan no son en especial valiosos. En verdad, la enorme mayoría tiene masas imperfectas que terminan destinadas a la fabricación de herramientas de corte.Cuando se habla de gemas hermosas, un «quilate» es una unidad que equivale a 200 miligramos. Cuando el término «quilate» se emplea en referencia al oro, es una medida de su pureza con respecto a un máximo posible de 24 quilates.

REFERENCIAS (MLA):

Fuente: larazon.es

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