Sobre el papel, Euphoria era esa serie nacida para impactar al espectador. Comenzaba fuerte con la presentación de Rue (Zendaya), una adolescente que había pasado por una sobredosis, una clínica de desintoxicación y que afirmaba estar deprimida salvo si se metía pastillas o bien estupefacientes. Y con unas escenas de sexo que provocan rechazo solo de ver lo perdidos que están los jóvenes de en nuestros días y la toxicidad aprendida por medio de los vídeos porno. Y con una capacidad para desvestir a los actores y las actrices que transforma Juego de tronos en una serie para timoratos.
Era congruente que HBO, que siempre y en toda circunstancia había pasado de lo teen, se estrenase con una propuesta tan visceral de Sam Levinson (Assassination Nation), que amoldaba un formato israelí. No únicamente el contenido era excesivo, con un coctel de trastornos mentales, conductas tóxicas, ilusiones frustradas y sexualidades perdidas, sino asimismo las formas lo eran. Jamás se había visto una serie con protagonistas jóvenes tan cuidada. Ellos ya afirmaban en su instante que “it’s not TV, it’s HBO” para desmarcarse de la competencia y, claro, si un día se ponían de verdad con el tema de los adolescentes, debían probar que “it’s not teen, it’s HBO”.

Nate (Jacob Elordi) es el villano que no te quitas de la cabeza.
(HBO)

Una de las sospechas que despertaba el conduzco es que las seductoras formas se comiesen un contenido que precisaba una aproximación delicada. Es posible que los progenitores sientan la necesidad de batallar a fin de que sus hijos no vean productos tan sórdidos mas en estos tiempos es prácticamente imposible impedir que vean lo que deseen. Por ende, ¿qué mejor que tener un texto duro mas con dosis de realidad, con respeto por los personajes, con la pretensión de ir alén del shock y fijarse en las motivaciones de los chicos y chicas, de explorar claramente la toxicidad sexual y social, de adentrarse en terrenos que son tabú?

La historia de Rue (y su lucha por saber vivir alén de las drogas y sin dejarse llevar por su instinto más autodestructivo), la historia de Kat (y su dominio por el control de su cuerpo, voluptuoso y poderoso), la historia de Maddy (y su patológica visión de las relaciones sentimentales pues sale con un sicópata de manual), la historia de Nate (y su conciencia de ser un chico privilegiado por blanco, por hetero, por guapo, por idolatrado por su comunidad), la historia de Cassie (y su incapacidad de valorarse por si acaso misma y solo apreciarse en la medida que lo hacen los hombres) o bien la historia de Jules (y su necesidad de reafirmarse como mujer con un sexo que ni contempla como agradable por el mero hecho de ser trans) son historias potentes, muy potentes.

Hunter Schafer es LA sorpresa de Euphoria.

Hunter Schafer es LA sorpresa de Euphoria.
(HBO)

Levinson no opta en ningún instante por endulzar las facetas más incómodas de todas y cada una y actúa en consecuencia en el plano audiovisual, que cuida hasta el mínimo detalle: la estética debe elevar todas y cada una estas historias. El maquillaje de Doniella Davy es una forma de complementar los personajes: Rue lleva purpurina bajo los ojos como muestra de su decadencia y Jules (una Hunter Schafer de alegría infecciosa), como es creativa, refleja sus estados anímicos con el lapicero de ojos o bien su desasosiego naciente con unos tonos más rojizos.
Los movimientos de cámara pueden valer para representar un cambio de rumbo (como, por servirnos de un ejemplo, cuando la cámara pone boca abajo cierto personaje al entrar en una disco) y el montaje siempre y en toda circunstancia tiene en psique la necesidad de trasmitir un estado mental y emocional. El episodio ambientado en la feria del pueblo (el cuarto) tiene desde el principio una cadencia veloz y hasta entretenida y al tiempo augura el ocaso tal y como si se aproximase un punto de cambio (y cumple con las esperanzas).

Cuando Kat (Barbie Ferreira) descubre su poder sexual, sufre una metamorfosis estética.

Cuando Kat (Barbie Ferreira) descubre su poder sexual, padece una metamorfosis estética.
(HBO)

Y qué decir de los simbolismos. Cada vez que Rue y Jules montan en bicicleta por la noche es para recordarte que son pequeñas adentrándose en terreno obscuro, una inocencia interrumpida, tal y como si fuesen Hansel y Gretel en camino a la casa de la bruja, con la luz de la luna y de las farolas colándose entre las hojas entre tinieblas. Si hay una celebración de disfraces, solo hay que mirar de qué manera visten los pupilos para pronosticar las situaciones y los inconvenientes que pueden tener (y se merece una mención aparte el resultado del episodio con una música siniestra para acentuar el sentimiento de injusticia y de terror).

Euphoria es apabullante con el volumen de información que hay en todos y cada escena. Se podría meditar que la estética está sobre el contenido si no fuese pues Levinson siempre y en toda circunstancia tiene presente la máxima que la trama la llevan los personajes (y no del revés). La consecuencia es que la primera temporada es un viaje estimulante a la falta de seguridad de hacerse mayor sin dominar aún tu persona. Es tan redonda que Levinson se deja el capricho de cerrar la época con una escena que no sabemos si es parte del pasado o bien una metáfora del presente, mas que es imponente y bonita como cada plano de la época. Puede aun que sea la escena más superflua de la época. Mas, como marcha como carta de amor a una Zendaya que se entrega al torbellino de tristeza y ansiedad por vivir, la adquirimos (y la vemos una y otra y otra vez).

¿Podemos darle el Emmy a Zendaya en 2020?

¿Podemos darle el Emmy a Zendaya en 2020?
(HBO)

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