España y su cara apuesta por las renovables

Publicado el Por Julio Gracia


La crisis energética está afectando con especial virulencia a Europa. No solo nos enfrentamos a un incremento de la demanda mundial de energía, sino que además los compromisos adquiridos para reducir las emisiones y la fuerte dependencia del gas ruso y argelino están elevando considerablemente la factura de la electricidad. Ante esta situación,
nuestros vecinos alemanes y franceses buscan estrategias para reducir su dependencia de otros países, y abaratar
el elevado coste de la electricidad en sus territorios. En España estamos con otras apuestas.

El presidente francés, Enmanuel Macron, ha anunciado en las últimas semanas su estrategia de volver a construir reactores nucleares, en un país que ya cuenta con 56, una posibilidad que en España parece impensable. El PSOE

 de Felipe González ya paralizó hace casi tres décadas los proyectos de construcción de cinco nuevas centrales, y el de Zapatero cerró Garoña. Y aunque la lucha contra las nucleares es una batalla de la izquierda, el Gobierno de Aznar cerró Zorita y el de Rajoy tampoco hizo demasiado para primar esta energía que tan bien nos hubiera venido en este momento para hacer compatible la reducción de emisiones con una mayor independencia energética y, por tanto, con una energía más barata.

El Gobierno galo se ha buscado sus aliados en Bruselas y, junto a Bulgaria, Croacia, República Checa, Finlandia, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia y Rumanía piden a la Comisión que se incluya la energía nuclear en la lista de energías limpias, y por tanto las inversiones que se realicen se puedan financiar con fondos europeos.

Frente a esta posición, Alemania, que tras el accidente de
la central nuclear de Fukushima en 2011 abanderó el cierre de las instalaciones nucleares, se ha manifestado en contra de esta petición francesa y a favor de que se considere al gas, que es un combustible fósil, energía verde. También los germanos tienen sus aliados en Europa.

La posición de Alemania está respaldada por Dinamarca, Luxemburgo, Portugal y Austria. Pero en este debate, España no está ni con el gas ni con la nuclear. Nuestra apuesta son las energías renovables, la eólica y la fotovoltaica. El problema es que mientras se desarrolla la tecnología y se realiza la suficiente inversión para poder almacenar esta energía, que solo se produce cuando hay viento o cuando hace sol, nuestro país sigue dependiendo del gas, un combustible fósil que emite CO2, y que, además, tiene que importar casi en su totalidad. Ypor si esto fuera poco, en estos momentos, se está pagando a precio de oro. El gas ha pasado de costar 13,42 euros el megavatio hora hace un año a superar los 95 euros. Tanto rusos como argelinos, conscientes de la elevada demanda de este preciado material, y conociendo la intención de Europa de dejar de consumirlo en el medio plazo, están tensionando los precios al alza. Y por si esto fuera poco
el enfrentamiento entre Argelia y Marruecos impide que el gas llegue a España a través del gasoducto, y tenemos que traerlo en camiones cisterna con un coste muy superior.

En este escenario, las propuestas del Ejecutivo para rebajar el recibo de la luz parecen, cuánto menos, cortoplacistas. Está bien rebajar los elevados impuestos que se soportan en el recibo, pero si los costes de la energía siguen creciendo, con esta medida apenas se frena una parte del impacto. Más polémica, y no solo por la inseguridad jurídica que produce, es el recorte de los beneficios empresariales.

En los últimos días hemos escuchado otras voces, como la del excomisiario de Energía, el popular Miguel Arias Cañete, que abogaba por acelerar las interconexiones con Francia para aprovechar su despliegue nuclear. Y en ABC, el vicepresidente de la Sociedad Nuclear Española, Emilio Mínguez, señalaba que «los países deberían tomar nota» de Macron porque su apuesta supone «la independencia energética de otros combustibles, porque se trata de una fuente de energía que está disponible 365 días al año y 24 horas al día y porque, además, es una fuente que no emite CO2». Y además, permitiría abaratar un 75% la factura de la luz.

El debate está ahí. Pero mucho me temo que los quijotes españoles seguimos prefiriendo pagar una millonada por la luz que oír hablar de volver a abrir nucleares.


Fuente: ABC.es .

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