El último fallo de WhatsApp, esta semana, comprometió la privacidad de 1.500 millones de usuarios. Si fue un ataque, un fallo en el sistema, puertas traseras abiertas o bien otras cuestiones no importa, la realidad es que no va a ser el último. Y por múltiples motivos. El primero de ellos está vinculado de forma directa con la seguridad. En un reciente artículo titulado «¿Por qué razón WhatsApp jamás va a ser seguro?», Pavel Durov, creador de Telegram, apunta que «WhatsApp tiene un historial consistente, desde el cifrado cero en sus comienzos hasta una serie de inconvenientes de seguridad de forma extraña convenientes para fines de vigilancia. Mirando cara atrás, no ha habido un solo día, en el viaje de 10 años de WhatsApp, en el que este servicio fuera seguro». Los fallos de seguridad a los que se refiere Durov se reflejan en diferentes aspectos. En primera instancia, se trata de una aplicación que no es de código abierto, lo que quiere decir que los estudiosos de seguridad no pueden contrastar sencillamente las vulnerabilidades. Esto facilita la existencia de las conocidas puertas traseras a fin de que otros puedan entrar en el código y examinar la información libre. Desde 2016 hasta el momento, WhatsApp ha confiado siempre y en todo momento en el cifrado de extremo a extremo en todas y cada una de las formas de comunicación; o sea, mensajes de texto, voz, vídeos… Esta medida esencialmente consiste en esconder a través de algoritmos los mensajes, desde el momento en que salen de un dispositivo hasta el momento en que llegan a destino. Mas este sistema como única o bien primordial protección, no es suficiente. En verdad, conforme declaraciones de Richard Dennis, creador de blockchain Temtum, el último ataque a WhatsApp «no hizo nada para romper o bien descifrar el cifrado, en tanto que ataca de forma directa al teléfono, de tal modo que el »pirata» informático puede acceder al cifrado anterior y al descifrado de datos». Lo extraño es que tanto Durov como Dennis coinciden en que, salvo que cambie substancialmente su orientación, WhatsApp proseguirá siendo frágil. «Para que WhatsApp se transforme en un servicio orientado a la privacidad –señala Durov en su post–, debe exponerse a perder mercados enteros y chocar con las autoridades de su país de origen. Y no semejan estar listos para eso». Ya antes de Telegram, Durov creó VK, una especie de Fb de Rusia. Cuando se negó a cumplir con las infracciones de seguridad de los usuarios de VK aprobadas por el Gobierno, se vio obligado a huir del país. Y con Telegram asimismo se ha enfrentado a la censura, en verdad está prohibida en China, Van a ir y Rusia. Mas lo más extraño es que quienes asimismo están conformes con Durov son Brian Acton y Jan Koum, los creadores de WhatsApp. Cuando Fb adquirió WhatsApp en 2014, Acton y Kuom aseguraron que la aplicación sostendría su visión de la privacidad del usuario como una prioridad absoluta. «El respeto por la privacidad está codificado en nuestro ADN –señalaba Koum en aquel momento–. Si asociarnos con Fb hubiese significado mudar nuestros valores, no lo hubiésemos hecho». 5 años después, tanto Koum como Acton abandonaron Fb por diferencias irreconciliables con la red social de Mark Zuckerberg. ¿Las diferencias? En una entrevista cedida a la página web Tech Crunch, Acton aseguró que les instaban a ser flexibles con las normativas europeas de privacidad y que la pretensión de Fb era fusionar los datos de los usuarios de Fb y WhatsApp. «Vendí la privacidad de mis usuarios a un mayor beneficio –señalaba Acton en una entrevista el año pasado con »Forbes»–. Tomé una resolución y un compromiso. Y vivo con eso todos y cada uno de los días». A lo largo de muchos años, una gran parte de los usuarios de WhatsApp se han inclinado por emplear esta aplicación en vez de Fb Messenger, Google Chat y Slack, por la garantía de privacidad que ofrecía. Mas ahora que ni Koum ni Acton forman parte de ella, Fb tiene campo libre para hacer lo que desee con WhatsApp. En este sentido, Zuckerberg ha dicho que las nuevas leyes de privacidad de datos (el Reglamento General de Protección de Datos) de Europa solo se van a aplicar «en espíritu». «Todavía cerramos los detalles sobre esto –afirmaba en 2018 Zuckerberg –, mas la aplicación de la ley va a ser eminentemente en espíritu». Meditar que los ataques a WhatsApp deben ver con vulnerabilidades en el sistema es acercarse mucho a la ingenuidad. La prioridad de la aplicación no es la privacidad, como tampoco lo es para la red social de Zuckerberg, algo que ha quedado claro. Los auténticos inconvenientes de WhatsApp empezaron cuando la adquirió Fb y la situó bajo su paraguas de vender información para publicidad o bien publicidad política. Si hace ya un tiempo admitimos que Fb no nos daba un servicio a cambio de nada y que la moneda que le damos es nuestra información, con WhatsApp pasa lo mismo. Y que no nos extrañe que dentro de poco se den nuevas puertas traseras y inconvenientes asimismo en Instagram. En consecuencia, ¿ha ll®egado el fin de WhatsApp? No, por el hecho de que tampoco ha llegado una nueva conciencia de la relevancia de la privacidad. Lo que sí se ve más cerca es la opción alternativa de diferentes aplicaciones que le van a hacer competencia, mas no sombra.

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