En El Pedroso cayó El Gordito. Precisamente 22 millones de euros, es decir que, mejor dicho, 55 «Gordos». Además de esto, en este pueblo de la sierra norte de Sevilla, el pelado de la Lotería tenía nombre, Javier Guerrero (directivo general de Trabajo y Seguridad Social bajo el orden de Manuel Chávez y cabecilla de los ERE), y el dinero no caía del cielo, sino llegaba calentito desde la Junta de Andalucía que orquestó la que se ha confirmado esta semana como la mayor trama de corrupción de una administración pública. Este ayuntamiento de poco más de dos.000 habitantes censados y unos 1.700 residentes se transformó entonces en el km 0 de los ERE fraudulentos, se despachaban pensiones como panes, si bien ahora la mayor parte nos jura y jura que nunca vieron aquellos billetes, «que solo fueron 5 o bien 6, no más». Llegamos a la primera hora abrigados con una bruma que empuja a los lugareños al calor de la chimenea. Las calles están prácticamente desiertas y los bares, vacíos. Tan solo pequeños grupúsculos se dan cita en alguna bocacalle para charlar de lo «injusta» que ha sido la Prensa con ellos. «Aquí no somos ladrones, somos gente honesta», vocean cuando se les pregunta por el caso. En una pequeña tienda de supermercado una vecina nos describe que termina de recoger el «cupón» de la pensión y que hará la adquisición. «Quién haya hecho el mal que lo pague, mas acá, la gente del pueblo no ha cobrado nada de esas corruptelas. Lo que tenemos lo hemos logrado con el sudor de nuestra frente. No deseamos saber nada del tema, si nos hubiésemos forrado no estaríamos aquí», resalta. El cuponero del pueblo y Fernando apuran un cigarro a las puertas del Bar Lima. «Javier era un hombre honrado, ha sido la cabeza de turco, si ese hombre es culpable de algo es de habernos ayudado a todos», nos afirman estos paisanos. La Justicia opina lo opuesto y de ahí que ha sido el condenado a la mayor pena de la sentencia de los ERE: 7 años y 11 meses de cárcel, como 19 de inhabilitación. «Él no hacía apaños, nos sacaba las castañas del fuego. La gente le decía: “Javier, que me van a retirar el paro’’, y iba y lo arreglaba. Eso no es ser un ladrón, es asistir a sus vecinos», resalta esta pareja. Guerrero fue, ya antes de migrar al gobierno de Sevilla, regidor de este ayuntamiento, bastión socialista por antonomasia. Pocos se atreven a criticar su mala práctica y los que se lanzan lo hacen en voz baja y mirando que ninguno de los vecinos le escuche. Eso sí, en un instante dado, Fernando, el del bar, se desata y empieza a arremeter contra el presente regidor, que asimismo es del PSOE: «Aquí hemos estado siempre y en todo momento llenos de corrupción, hasta bajo los pinos, mucho afirman de Guerrero, mas los de ahora tienen más de treinta personas asalariadas en un consistorio que atiende a 1.700 personas, han acabado con las pequeñas empresas y solo han favorecido a los del regidor Juan Manuel Alejos», sentencia y añade: «pero, ojo, que si me ponen un buen fajo de billetes al lado y absolutamente nadie me llama la atención, asimismo me iría de putas y de gintonics», alardea.

«Me reconoció que había metido la pata»

Una parada obligatoria en la senda de El Pedroso es la que fue el hogar de Guerrero, una casa a 2 pasos del Municipio que ahora continúa cerrada a cal y canto. «Venderla no, lo que pasa es que la tiene embargada por el banco», nos narra Antonio bajo uno de los balcones de la residencia. Bajo esta, uno de los hijos de Guerrero dirige una gestoría, «pobre, no tiene la culpa de lo que pueda haber hecho su padre, es buen chaval», apunta. Lo que semeja no agradarle demasiado es que Guerrero dejó un pufo en las cuentas de la comunidad de vecinos de más de 12.000 euros, y lo sabe pues un familiar tiene un local en exactamente la misma finca y está al tanto de ello. «Javier ha sido un gilipollas y ahora afirman que está rígido y me lo creo, creía que jamás se terminarían las gallinas de los huevos de oro, mas le cogieron, eso sí, ha pagado más que ninguno por este motivo y no es justo», sentencia este paisano ya antes de meterse en casa para comer. Un tanto más abajo de la Calle Palma nos hallamos con otro que toma la fresca y fuma un cigarro a la puerta de casa a la espera de que su esposa concluya de preparar el almuerzo. Nos solicita que su nombre no salga publicado pues es íntimo de Javier. Es más, nos confiesa que ya antes de conocer la sentencia, el político estuvo en el pueblo y le llamó para tomar un café. «Le aprecié triste, más delgado y llorando me reconoció: Primo, he metido la pata, mas bien con el tema de los ERE”. Y le di la razón, mas es que le han engañado y me da mucha pena, es buen hombre del que se han aprovechado»; nos afirma este septuagenario. En voz baja, pues viene un vecino que es amiguísimo de José Antonio Viese (consejero de Chaves, jefe de Guerrero y otro de los condenados que asimismo tiene casa en El Pedroso) «y no deseo que oiga lo que te voy a contar»: «Una tarde, Guerrero me llamó para subir a su casa y me afirmó que le terminaba de llamar Chaves para decirle que le iba a mandar varios millones de euros para meterlos en una compañía de acá y a él no le quedó otra que admitir. Pobre, de qué manera se dejó mentir. Es más, cuando empezó la investigación, el día ya antes de declarar frente a la juez Alaya me dijo: mañana no sé si voy a dormir en casa o bien en la prisión, sabía lo que estaba por venir»; reconoce este hombre que nos insiste en que si favoreció a alguien solo lo hizo al churrero y 4 más». Tratamos de encontrar al conocido churrero, mas afirman que sale poco de la barriada del Espino, tan solo a la primera hora de la mañana para tomar algo en un bar. «Yo deseo a J, soy como de su familia, y jamás me hizo un favor, bueno, me dio una licencia para ampliar la casa, mas nada más»; se justifica. Este anciano tiene algo claro: «Si el padre de Javier, que era juez de paz en el pueblo, no se habría metido en este lío, estoy seguro», mas como afirma otro de los vecinos bajo anonimato, el dinero es «goloso». «Con lo bien que estaba el ganando 1.500 euros por mes en el INEM de Constantina», afirma nostálgico. Es la hora de comer y le solicitamos consejo a este buen hombre para probar un restaurante: «Sin duda a la Tasca El Cruce, que además de esto esos son de los que se llevaron buena subvención de Javier», afirma. De camino, otro paisano nos asegura que en este local «Javier se pegaba buenas fiestas y les facilitó una subvención de 130.000 euros. Sé de buena tinta que allá se ponía fina, un par de veces por lo menos debió irse a emergencias al centro de salud después», reconoce este hombre que no se aparta de su paraguas frente a la intermitente lluvia. Entre los cotilleos, habladurías y defensa a todo trance a su vecino más ilustre se mueve EL Pedroso, donde hay pocos como Rosa que no tienen inconveniente en charlar claro sobre lo ocurrido. «Que paguen con lo que han hecho, que está bien. El Municipio lo dejaron vacío, acá no hay trabajo y nos han destrozado. Mi marido debió irse a Sevilla a trabajar pues acá no pagaban más de 400 euros», afirma airada esta mujer, madre de 2 hijas. «Yo a Javier no le conocía, le he visto en alguna ocasión por el pueblo, a quien sí conocí a su mujer (la segunda esposa) que un día se plantó en mi casa oliendo a Whiskey pues afirmaba que mi hijo Christian había robado en el instituto un juego para videoconsolas. Qué poca vergüenza, con lo que han robado y se atreve a venir acá pidiendo un juego. Son unos caraduras», afirma. Y de esta forma, entre el hartazgo de llevar el sambenito de ser el «pueblo de los ERE», estos vecinos tratan de continuar con su día a días. Unos con la cuenta bancaria llena y otros cabreados por no haber recibido ni una pizca de su particular «calvo de la Lotería».

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