El volcán de La Palma continúa rugiendo un mes después y sin visos de apagarse


Mañana se cumple un mes desde que una nueva grieta se abriera en el Parque natural de Cumbre Vieja, en la isla de La Palma, pero la crisis volcánica está aún lejos de acabar. El nuevo volcán -aún sin nombre,
pero que podría llamarse Tajogaite- ha cambiado la orografía insular, ha creado una montaña donde antes no existía y ha cubierto buena parte de la ‘isla bonita’ -en torno al 1%- con su lava, cubriendo por el momento 753 hectáreas, y dibujando una cicatriz de lava desde Cabeza La Vaca a la costa de Tazacorte.

Aunque no hay que lamentar ningún fallecido o herido en todo lo que va de mes, de momento en torno a 1.300 vecinos les ha cambiado la vida. Son todos aquellos que han perdido su casa, según los datos del Catastro (en torno a 850 hogares), pero a la cifra hay que
sumar los terrenos o construcciones agrícolas que también han sido cubiertas por la lava y que el sistema de medición europeo eleva hasta los 1.826 inmuebles. Vivían los municipios de Los Llanos de Aridane (el más afectado), El Paso y Tazacorte, y el total de evacuados ronda los 7.000.

Los desalojados, repartidos por toda la isla en hoteles y casas de familiares, comienzan ya a acusar el cansancio y la incertidumbre mientras el rugido del volcán no cesa. De hecho, muchos temen que ocurra, «porque no significará nada bueno», cuentan algunos. Aún tienen presente los dos parones en su actividad que vivieron el 27 de septiembre durante dos horas. Dos días después -al décimo del comienzo de la erupción-, la colada principa, que en algunos puntos supera los 15 metros de altura, llegó al mar, creando una fajana que se extiende por 36 hectáreas donde antes solo había agua. Otras dos lenguas avanzan también hacia su encuentro inminente con el océano.

Entre las mayores preocupaciones de los científicos y las autoridades
se encuentra la calidad del aire para los vecinos de la zona. El volcán emite, entre otros gases, en torno a 15.000 toneladas de dióxido de azufre al día, que podrían suponer un problema para la salud si se quedaran en capas bajas de la atmósfera. Según las condiciones climáticas, durante varias jornadas se ha tenido que ordenar el confinamiento de varias zonas de esa parte de la isla ante el riesgo que podría provocar para la salud una exposición continuada a esos gases.

Otro de los elementos con los que los palmeros han tenido que aprender a convivir
es con la ceniza. En algunas zonas se acumulan en torno a 20 centímetros, poniendo en peligro las construcciones, que podrían sucumbir ante el peso. Se calcula que la cantidad de materiales que ha emitido el volcán puede rondar los 75 millones de metros cúbicos, más de lo que expulsaron los volcanes de San Juan (en 1949) y el Teneguía (en 1971), ambos episodios aún presentes colectivo imaginario.

En La Palma
se han instalado también los terremotos volcánicos. Estos comenzaron el 11 de septiembre, y desde entonces el Instituto Geográfico Nacional ha localizado más de 2.700 sismos, con una profundidad media de 15 kilómetros que se producen mayoritariamente en la zona de Fuencaliente y Mazo, al sur de la isla. El más grande hasta la fecha fue de magnitud 4,6.

Aún así, no hay palmero que haya decidido rendirse. Los 83.458 habitantes de la isla ya planean cómo retomar sus vidas, se unen en grupos y comunidades para brindar ayuda y apoyo, con el respaldo de una red de donaciones que ya suma 5,23 millones de euros recaudados. Además, hoy vuelven a clase los 4.606 niños que aún no han podido iniciar en condiciones su próximo curso escolar.


Fuente: ABC.es .

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