Si bien mucho se ha discutido sobre el origen de la mal llamada Gripe De España, la teoría más extendida es que brotó en 1918 en Fort Riley (Kansas) y que se extendió de manera rápida a Francia con la llegada de las tropas estadounidenses para combatir en la I Guerra Mundial. La influenza, como lleva por nombre asimismo a este virus, se extendió como la pólvora por el planeta hasta el punto de transformarse en una pandemia sin precedentes. Mató a 50 millones de personas, cifra que tresdobla a la de fallecidos en la primera Gran Guerra. En EE UU, registros de la temporada dan cuenta de calles vacías, de empleados que no asistían a sus trabajos y de gente que no se atrevía a salir de sus casas por temor a contagiarse. Se calcula que murieron del 10% al 20% de los inficionados. Con cerca de una tercera parte de la población mundial de aquel tiempo inficionada, esa tasa de letalidad quiere decir que entre un tres% y seis% de la población mundial murió: en China se registraron 30 millones de víctimas; en EE UU cerca de 675.000; en R. Unido 250.000; en España 200.000; en Francia 400.000, una cantidad afín a la de Italia; en África se charló de uno con cinco millones de fallecidos…. Mas, ¿y si la Gripe De España realmente brotó ya antes y no se le hizo caso? Eso es lo que sugiere un nuevo estudio publicado en “Human Vaccines & Immunotherapeutics” tras profundidzar en los orígenes de la influenza. Los estudiosos el maestro John S. Oxford, el primordial especialista en gripe de Reino En 1908 hasta 30.000 soldados eran ingresados todos los años en los centros de salud del ejército británico en Francia y también Inglaterra con los síntomas propios de la influenza. A inicios de 1917, no obstante, un conjunto médico en Etaples ya trataba a cientos y cientos de pacientes inficionados con lo que describieron como una «enfermedad inusualmente mortal» que presentaba síntomas respiratorios «complejos». En paralelo, en Aldershot, en el sur de Inglaterra, 3 médicos veteranos asimismo estaban atendiendo pacientes con síntomas muy similares. En los dos casos, la enfermedad se caracterizó por una cianosis ‘oscura’, una veloz progresión desde síntomas bastante menores hasta derivar en el fallecimiento. En todo caso, la muerte por norma general se debió a una sobreinfección con estafilococos, estreptococos, etc.. Los dos conjuntos médicos se hallaron con que la mitad de sus pacientes acababa falleciendo y aprendieron de otros colegas de sus respectivos países (que publicaron en ‘The Lancet’ en 1917) que la enfermedad ocurría en otros lugares. Mas fue tomada como una infección respiratoria menor y no como un virus de gripe que entonces tomó proporciones bíblicas. Esta información es exactamente la que ha ayudado a Oxford y Gill a rastrear los auténticos orígenes de la pandemia más grande del siglo veinte. “Hemos identificado brotes de infección que estuvieron desatendidos un tiempo: brotes que, juzgados como menores en ese instante, ahora pueden verse como un presagio del desastre por venir», explica el maestro Oxford, de la Universidad Queen Mary de la ciudad de Londres, en R. Unido. “La investigación que los médicos efectuaron en Etaples fue particularmente pormenorizada en su alcance y profundidad. No solamente se efectuaron exámenes frecuentes de tejido y escupitajo a los pacientes, sino se efectuó un examen artículo mortem de cada soldado que murió de la enfermedad a lo largo de un periodo de 7 semanas a inicios de 1917″, especifica. Los descubrimientos sobre los orígenes de la influenza de España están apoyados en los artículos modernos analizados por Oxford y Gill. En estos, los métodos científicos filogenéticos (estudio de las relaciones evolutivas entre entidades biológicas) apuntan que las 8 mutaciones de la familia H1N1 del virus de la gripe surgieron entre 1915 y 1916, y que empezó en gansos, patos y cisnes. Conforme los científicos, probablemente saltara a los humanos por medio de las heces de las aves acuáticas migratorias. «En el momento en que el virus puede extenderse de humano a humano, ocurre un desastre. Con un tiempo de generación de 2 a 3 días, de solo 3 pacientes que se inficionaron originalmente, se puede ocasionar un millón de infecciones en más o menos 40 días. Y esto es seguramente precisamente lo que sucedió en 1918-1919», aseveran.

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