No podría haber imaginado aquel adolescente llamado Louis Vuitton que sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos vivirían en la exuberancia por su saber hacer. Creador de la maison française de mayor fama en el planeta, procuraba trabajos que le diesen alojamiento y comestible mientras que recorría a pie a lo largo de un par de años el largo camino entre su zona natal del Jura y su soñada París. Hace escasos días, el último tataranieto histórico de monsieur que se sostenía implicado en la compañía nos afirmó adiós. Se trataba de Patrick Louis Vuitton, cara y voz de los pedidos singulares en las últimas décadas.

Patrick Louis Vuitton ya no tenía ningún bulto accionarial de relevancia en la compañía creada por su rebisabuelo Louis en 1854. Tras el creador, había tomado las bridas de la compañía su hijo Georges Vuitton, el autor del renombrado monograma LV con el que procuraba resguardar de las copias los artículos de la marca sin sospechar que ello la transformaría precisamente en la más copiada del planeta. Padre, hijo -y el nieto, Gaston Vuitton- abrieron tiendas no solo en la ciudad de París sino más bien aun en la ciudad de Londres y N. York, algo sin precedentes en la temporada.

En los años 70, la compañía, dormida y olvidada, estaba a cargo de múltiples de las bisnietas del creador. Fue entonces cuando el triunfante empresario Henry Racamier, casado con una de ellas -Odile Vuitton- entró en acción. Henry Racamier, graduado de la entonces conocida École de Commerce parisina H.E.C., tras convertir una pequeña pyme familiar en un gigante del acero, vendió su gran obra, Stinox, al conjunto Thyssen. Tras ello, se dedico más por entretenimiento que por necesidad, a revitalizar la marca fundada por el bisabuelo de su esposa.

En los años 70, Vuitton únicamente contaba con 2 tiendas y había dado marcha atrás en todos y cada uno de los sentidos. En 1977 Racamier tomó las bridas de la compañía y en 10 años logró crear una red de más de 100 tiendas en el planeta. En 1984, la compañía, con un tamaño exorbitante, sale a bolsa. Bernard Arnault, cuyo padre le había cedido parte de la propiedad de Boussac tejidos -dueña por su parte de Christian Dior- se hace por medio de la bolsa con un enorme bulto accionarial. Y el que de entrada semeja al viejo Racamier un posible aliado contra la Guinness – expectante de entrar en lo que era LVMH- se termina por transformar en 1990 en el accionista mayoritario y gestor del conjunto que les quita el puesto.

Bon vivant y orgulloso
Los Vuitton y los Racamier fueron perdiendo toda participación en el conjunto LVMH. Patrick-Louis Vuitton, desaparecido hace algunos días, se apuntó a la compañía familiar en 1973. Bon vivant, con mucho carácter, gracia y muy orgulloso de su apellido, era la imagen más tradicional de la marca en actos relacionados con los artículos a la medida y en grandes aperturas de tiendas. En España nos acompañó en múltiples ocasiones a la capital española, Barna y Valencia.

Gran apasionado al campo y la caza, al oleo y a la acuarela, apreciaba los buenos caldos, la gastronomía tradicional y las tertulias. Siempre y en todo momento con su pipa en ristre – aun cuando la llevaba apagada- examinaba a los asistentes a cada acontecimiento, procurando advertir si llevaban alguna pieza falsificada. Patrick-Louis era buena persona, ocurrente y natural. La casa Vuitton está de luto, puesto que no en balde ha desaparecido un hombre simbólico que supo representar la esencia más tradicional de Vuitton en los últimos 45 años. Sus 2 hijos, Pierre-Louis y Benoît-Louis, proseguirán trabajando en diferentes departamentos de la compañía. Á plus tard, Patrick.

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