Esta urbe polaca conocida como “La perla del Báltico” ha sido, durante los siglos, deseada y querida por países vecinos como Suecia, Rusia, Prusia y Alemania, que vieron en ella un genial puerto para el comercio, merced a estar situada en la desembocadura de 2 ríos, el Vístula (Martwa Wisla) y el Motlawa. Pocas urbes de Europa han tenido una historia tan convulsa como Gdansk, que cambió múltiples veces de manos durante los siglos. El 1 de Septiembre de 1939 un acorazado alemán bombardeó la guarnición polaca de Westerplatte a la vera de la urbe, empezando de este modo la Segunda Guerra Mundial. Puesto que bien, tras los avatares del enfrentamiento (el 90% del centro histórico quedó derribado), se reconstruyó de tal forma que semeja tal y como si no hubiera pasado nada. Un esmero titánico en el que todavía el día de hoy se prosigue trabajando y que ha hecho que esta urbe se haya transformado en uno de los mejores destinos para visitar, no solo de Polonia sino más bien de toda Europa.En el siglo XIV, Gdansk se integró en la Liga Hanseática, para transformarse en uno de los emporios comerciales del Báltico. Por acá pasaban mercaderes venidos de toda Europa, transformándose en una urbe multicultural. No extraña que cuando se pasea desde su calle primordial (asimismo famosa como la Vía Real o bien Dluga) hasta el Mercado Largo (Dlugi Targ), una pasmante arteria que no llega al medio quilómetro y que está poblada de casas de inspiración renacentista holandesa o bien flamenca. Caminar por ella por medio de la Puerta Alta (entrada de honor de la urbe) o bien por medio de la Puerta Verde (que cierra en la plaza primordial) resulta una exquisitez. En su recorrido aparte de numerosas tiendas y restoranes, se hallan ciertas construcciones más emblemáticas de Gdansk, como la Puerta Dorada, la Casa Uphagen, la Corte de Artus, la Fuente de Neptuno y, sobre todo, el espléndido Municipio con su cautivadora sala del Consejo y con su torre de 82 metros de altura desde la que se divisa la mejor vista de la urbe, incluyendo la Iglesia de Santa María, considerado el templo de ladrillo más grande del planeta.La gran grúaAl final de la Vía Real se halla el camino marítimo llamado “Dlugie Pobrzeze”, probablemente la imagen más fotogénica. Por este viejo muelle sobre el río Motlawa, los navíos atracaban cargando y descargando mercaderías en los guardes, ahora reconvertidos en tiendas y restoranes. Es un placer pasear gozando de las viejas construcciones, como la vieja Grúa medieval. Esta gigantesca construcción de madera, que desea parecerse a un molino de viento sin aspas, podía levantar pesos de hasta 2 toneladas, lo que la transformó en la mayor elevadora de la Europa medieval. Muy cerca se halla la calle Mariacka, una de las arterias con más encanto, merced a que sus casas tienen escaleras de entrada y unas terrazas donde se ponen los puestos de joyería de ámbar, una tradición centenaria que aún el día de hoy hace de Gdansk la capital del ámbar. A través del muelle se puede subir a una contesta de un galeón que deja efectuar un pequeño paseo por el río hasta Westerplatte, un sitio recordable para los locales, puesto que acá es donde empezó la Segunda Guerra Mundial. Un enorme monolito de piedra de más de 25 metros se erigió en memoria de sus defensores. Y hablando de esta guerra, no se puede ir uno de esta este destino, sin visitar ya antes 2 museos imprescindibles para conocer una historia que no solo es polaca sino más bien de todo el continente. El museo de la Segunda Guerra Mundial, situado en un espléndido edificio nuevo, recrea en un montaje cuidadoso y también intensivo todo lo acaecido en la guerra más destructora de la historia. La otra pinacoteca es el Centro Europeo de Solidaridad, un punto de encuentro y también intercambio de ideas, como de investigación de la injusticia social en el todo el planeta. Acá se muestra y se explica el surgimiento del Sindicato Independiente de Solidaridad (Solidarnosc), en el mes de agosto de 1989, tras una huelga en los astilleros con Lech Walesa al frente, un electricista que, pocos años después, lograría el premio Nobel de la Paz en 1983. No extraña que este año Gdansk, con su historia agitada y convulsa, donde siempre y en todo momento ha primado la libertad y la democracia, haya sido premiada con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia.

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