En 1945, un conjunto de científicos de la Universidad de la ciudad de Chicago, quienes asistieron a desarrollar las primeras armas atómicas -bajo el paraguas del renombrado «Proyecto Manhattan»-, decidieron crear un reloj imaginario que señalaba lo cerca que la Humanidad se halla de su final, en mayor parte por sus malas resoluciones. De esta manera, el llamado Reloj del Juicio Final, desarrollado por el Folleto de Científicos Atómicos -en el que se incluyen 13 premios Nobel-, se reúne de año en año para poner en «hora» la vulnerabilidad del planeta, que desde el día de hoy se halla en el punto más próximo nunca registrado desde su creación: a 100 minutos de la medianoche. A menos de 2 minutos del Apocalipsis.

«Los miembros de la junta advierten explícitamente a los líderes y ciudadanos de todo el planeta que la situación de seguridad internacional ahora es más peligrosa que jamás, aun en el auge de la Guerra Fría», aseveran en un comunicado desde el Folleto. Apuntan 2 riesgos existenciales: la guerra nuclear y el cambio climático, «que se ven agravados por un multiplicador de amenazas, una guerra de información habilitada por la cibernética que mina la capacidad de contestación de la sociedad». Es por esta razón que se ha adelantado en un año 20 segundos el temido reloj. Los firmantes lamentan que los líderes mundiales hayan violado ciertos tratados esenciales sobre el control de armas nucleares y hayan creado «un entorno favorezco para una renovada carrera armamentista nuclear». «Los enfrentamientos políticos respecto a los programas nucleares en Van a ir y Corea del N. prosiguen sin resolverse y, en cualquier caso, empeoran. La colaboración entre USA y Rusia en el control de armas y el desarme es prácticamente inexistente».

En lo que se refiere al cambio climático, los especialistas alaban que la conciencia pública sobre la crisis climática haya crecido en 2019 debido a las quejas masivas de los jóvenes en el mundo entero, capitaneados por Greta Thunberg. No obstante, critican que «la acción gubernativo sobre el cambio climático todavía está lejísimos de cumplir el reto en cuestión». «En las asambleas climáticas de la Organización de la Naciones Unidas el año pasado, los encargados nacionales pronunciaron geniales alegatos mas presentaron pocos planes específicos para limitar todavía más las emisiones de dióxido de carbono que alteran el tiempo de la Tierra. Esta contestación política limitada se generó a lo largo de un año en que los efectos del cambio climático provocado por el hombre se manifestaron en uno de los años más cálidos registrados, incendios forestales extensos y el derretimiento más veloz de lo aguardado del hielo glacial».

«Se requiere acción inmediata»
Asimismo hacen referencia a las campañas de desinformación cibernética llevadas a cabo por muchos gobiernos, con la intención de «sembrar la falta de confianza en las instituciones y entre las naciones, minando los sacrificios nacionales y también internacionales para promover la paz y resguardar el planeta». «Dada la inacción, y habitualmente acciones contraproducentes, de los líderes internacionales, los miembros de la Junta de Ciencia y Seguridad se ven forzados a declarar un estado de urgencia que requiere la atención inmediata, centrada y también inexorable de todo el planeta. Faltan 100 segundos para la medianoche. El reloj prosigue marcando. Se requiere acción inmediata», denuncian.

Las razones que han motivado a la comunidad científica a adelantar estos 20 segundos el reloj son que las tendencias en armas nucleares y cambio climático «no han mejorado singnificativamente en los últimos 2 años». «Los líderes mundiales no están respondiendo apropiadamente para reducir este nivel de amenaza y contrarrestar el vaciamiento de las instituciones políticas internacionales, negociaciones y pactos que apuntan a contenerlo», critican.

Entre las soluciones que los científicos plantean, se hallan que «líderes estadounidenses y rusos pueden regresar a la mesa de negociaciones»; que se respeten los pactos de París; o bien que la comunidad internacional empiece «discusiones multilaterales destinadas a establecer reglas de comportamiento, tanto nacionales como internacionales, que desanimen y penalicen el mal empleo de la ciencia».

Fuente: ABC.es

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