Cuando Pedro se adquirió su primera motocicleta entrada la veintena, una Honda CR250, entonces aún no sabía exactamente en qué planeta se había metido. Sus primeros rodamientos los hizo en el campo de Burgos, aprendiendo mientras que observaba a sus amigos más experimentados, y poquito a poco fue cogiendo soltura con los manillares. Una Honda sucedió a la otra y Pedro descubrió la libertad que supone escaparse a sitios recónditos con solamente que una garrafa de agua y la tienda de campaña, si bien siempre y en todo momento campo a través. El asfalto jamás le atrajo demasiado hasta el momento en que cayó en sus manos una Suzuki GSX -R, la llama su motoescuela de asfalto, y empezó a proponerse hacer la carrera del Mongol Rally. El resto ya es parte de la historia de su vida.Esta carrera consiste en recorrer durante un par de meses la distancia que aparta la capital española de Ulán Bator, la capital de Mongolia, y es organizada de año en año por la agencia de aventuras británica The Aventurist. Lleva celebrándose desde el año 2007 y se puede participar en modalidad de vehículo o bien moto, en dependencia del grado de insensatez de cada uno de ellos. Lo que hace singular a Pedro no es participar en este peligroso proyecto conduciendo una Honda XL125 Varadero… sino haber vuelto asimismo en motocicleta a la capital española, haciendo un total de prácticamente 30.000 quilómetros de carretera.¿Este era tu primer gran viaje?Sí. Hasta el momento jamás había hecho nada igual. Es cierto que suelo irme 2 o bien 3 días con la motocicleta cuando estoy en España, mas hasta el momento jamás hice algo de esta forma. Sabemos que fuiste hasta Mongolia para participar en la competición del Mongol Rally mas, ¿por qué razón decidiste regresar asimismo en motocicleta?La verdad es que no fue algo que estuviese pensado. Mi idea era meter la motocicleta en un tren que la llevase a España y meterme yo en un aeroplano. Ya estaba bastante tocado por el viaje de ida. Mas entonces me afirmaron que el tren tardaría un par de semanas en salir y que solo llevaría la motocicleta a Moscú. Entonces creí que sería más veloz y fácil regresar en motocicleta, charlé con una amigo que me hice en Mongolia, Manu, y retornamos juntos a España. ¿Siempre y en toda circunstancia fue tu idea hacer este viaje a solas?En el año 2016, un compañero de universidad y empezamos a organizar el viaje para hacerlo en vehículo. Fueron pasando los años y lo íbamos retrasando, hasta este año. Me afirmé que era ahora o bien jamás, si bien fuera a solas, este era el instante. No me lo pensé demasiado, realmente. Adquirí la motocicleta, me anoté en la carrera y ya no hubo marcha atrás. ¿De qué manera marcha la cuestión económica para un viaje como este?No es un viaje asequible, debió rondar en los 3 mil euros sin contar con la motocicleta. Al comienzo creía que los patrocinios me iban a cubrir prácticamente la totalidad, mas no fue de esta forma, apenas me patrocinaron en especie. La tienda de campaña, herramientas para la moto… Bien sabes. Entiendo que el tamaño de la motocicleta limitará mucho el equipo que puedas llevar. ¿Qué 3 básicos no pueden faltarte? ¿Echaste algo en falta?Es indispensable ser práctico. Lo más esencial son el equipo de camping, la cocina portátil y la garrafa de gasolina, sin estas 3 cosas no llegas ni a Bulgaria, claro. Si bien sí es cierto que me faltó un disco de freno. Se me estropeó uno en Kazajstán y jamás hallé un repuesto. ¿Cuál fue el instante más difícil de tu viaje?Muchos días fueron frustrantes mas siempre y en todo momento procuré tomármelos con optimismo. Si tuviera que escoger una etapa difícil, fue la Carretera del Pamir en Tayikistán, lo pasé verdaderamente mal. Estaba a 4 mil y pico metros de altura, hacía un calor espantoso, la gasolina era de mala calidad y la motocicleta soltaba un cascabeleo muy feo… Lo peor de todo era ver las distancias en el mapa, que parecían cortísimas, y después recorrerlas y percatarte de que podían ser 7, 8 o bien 9 horas de camino. ¿Y la mejor experiencia?Sin dudarlo, la gente. Si bien en ocasiones tuve temor de quedarme tirado en carreteras vacías y que absolutamente nadie pudiera asistirme, ese sentimiento no se daba en las carreteras frecuentadas. Me he dado cuenta de que estamos muy equivocados, no hay que hacer caso de lo que nos afirman sino más bien ir allá y revisarlo. Todos y cada uno de los temores de España se desvanecen al conocer a gente tan fantástica, acá absolutamente nadie me cree mas es de esta forma. La gente, sin titubear. Recibí mucha ayuda por su lado y jamás me solicitaron nada. Dos palabras. Un país y una urbe.Uzbekistán y Samarcanda. ¿Qué gran cambio experimentaste, como motero, al cruzar de Europa a Asia?En Europa tenemos un código no escrito entre moteros para cubrirnos las espaldas. Un motero siempre y en todo momento ayuda a otro. En Asia no, allá es diferente. Al tiempo que consideramos la motocicleta un artículo de gran lujo, la tienen por necesidad. Pasa con cualquier cosa, realmente. Lo que tenga, cada uno de ellos la emplea como puede para hacerse la vida más fácil, no para hacerse sendas de fin de semana. ¿Dónde se encuentra tu motocicleta ahora? ¿Subsistió a la aventura?¡La motocicleta llegó! La tengo ahora en una nave de Burgos y lo cierto es que no me dio prácticamente inconvenientes. El único instante que creí que no llegaba fue cuando se me partió un pulpo en el desierto del Gobi. No era nada, realmente, mas bloqueó la rueda y me amedrenté. ¿Qué te has llevado de esta fantástica experiencia?Una oración muy sencilla: el plan es que no hay plan. Bien podía planear esmeradamente una etapa que entonces el día daba mil vueltas y terminaba durmiendo en la casa de un kazajo, o bien parando a campar en cualquier sitio. La sensación de poder parar la motocicleta en cualquier lugar de Asia Central, poner la tienda y dormir al aire libre es inenarrable. Además de esto, yendo solo tienes una libertad total de movimiento. Pasé por el mar de Aral, por servirnos de un ejemplo, que no va absolutamente nadie, y me apasionó. Solo nos queda saber como va a ser tu próxima aventura.Ahora mismo está un tanto en el aire. Me he comprado una motocicleta con un amigo en E.U., una Kawasaki KLR 650, y tengo pensado bajar de California por todo América Central hasta Ecuador. Si bien para eso deberé sacar tiempo.

Fuente: larazon.es

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