El palacio de Monte-Cristo fue el capricho peculiar de Alejandro Dumas (1802-1870), uno de los escritores en lengua francesa más popular de todos y cada uno de los tiempos, asimismo en el extranjero. Este presumido château, a unos 20 quilómetros al oeste de París, es una perla oculta en una colina de Port-Marly, sobre el Sena. Si bien Dumas pudo gozar poquísimo tiempo de esta vivienda, puesto que se arruinó y tuvo que venderla, su espíritu y su memoria prosiguen muy presentes.
El creador de Los 3 mosqueteros se encontraba en el cenit de su gloria, en 1844, cuando adquirió la finca, que bautizó con el nombre de otra de sus obras más insignes, El conde de Montecristo (la traducción en español de la novela juntó las 2 palabras, que en francés van entre guiones). Dumas precisaba un sitio sosegado para activar al límite su imaginación y que las palabras fluyesen sobre el papel.

Sitio de trabajo de Alexandre Dumas en un sitio separado del castillo, Francia
(By Moonik – Wikimedia Commons)

Era un hombre que no reparaba en gastos. Ordenó al arquitecto técnico, Hippolyte Durand, que edificara un palacio primordial en estilo renacimiento y otro auxiliar, para su despacho, de factura neogótica. Los jardines habían de ser a la inglesa –con prados y bosquecillos, sin simetrías-, completados con fuentes, estanques y cataratas. El proyecto fue adelante y se completó en el mes de julio de 1847.

Dumas llevaba un modo de vida desmesurado. Era un hombre rico mas derrochaba el dinero. Imparable donjuán, sibarita, anfitrión espléndido de magníficas fiestas y viajante infatigable, el escritor no tenía suficiente con los ingresos que le daba su teatro, sus periódicos y sus libros. Acosado por los acreedores, se vio obligado a vender primero el moblaje del palacio, en 1848, y, un año después, la entera propiedad.

Castillo de Monte-Cristo, Francia

Castillo de Monte-Cristo, Francia
(Chatsam vía Wikimedia Commons)

En las salas de château el visitante aprende el origen de Dumas, nieto de una esclava negra de la isla de Beato Domingo, donde su abuelo, con título de marqués, tenía una plantación. Tal vez esa raíz exótica impulsó el instinto viajante del escritor, que sentía debilidad por Italia. Una de las salas de Monte-Cristo tiene decoración mora. Durante un viaje a Túnez, en 1846, Dumas quedó impresionado por la arquitectura del palacio del Bey. Decidió llevarse a Francia a 2 artistas locales a fin de que reprodujesen en Montecristo lo que había visto en la Alhambra de Granada, en el Alcázar de Sevilla y en exactamente el mismo Túnez. La restauración de la sala, en 1985, fue financiada por el rey Hassan II de Marruecos.

Sala morisca del castillo Monte-Cristo, Francia

Sala mora del castillo Monte-Cristo, Francia
(Julien Chatelain – Flickr)

Dumas fue considerado un instrumento útil del gobierno de su temporada. Lo animaron a visitar Argelia a fin de que entonces sus escritos animaran a los franceses a instalarse en la nueva colonia. En 1858, durante diez meses, recorrió Rusia y el Cáucaso. Lo recibieron como un príncipe. Lo obsequiaron con recepciones y fue convidado a participar, en trineo, en una cacería de osos.

He tenido en los brazos a las mujeres más preciosas de la ciudad de París, de Florencia, de la ciudad de Roma, de Nápoles, de la capital española y de Londres”

Alejandro Dumas
Escritor

En la planta de arriba del château de Monte-Cristo hay una exposición, hasta el nueve de junio, dedicada a la relación de Dumas con las mujeres. El escritor fue a lo largo de su vida un extraordinario seductor, aunque caballeroso y espléndido. Compaginaba múltiples amantes. Con ciertas de ellas tuvo aventuras fugaces; con otras la relación fue ocasional si bien perdurable. Conforme escribió en uno de sus libros, “cuando se llega a una cierta situación de riqueza o bien de celebridad, no se tiene el tiempo de buscar ni la necesidad de mentir”. “He tenido en los brazos a las mujeres más preciosas de la ciudad de París, de Florencia, de la ciudad de Roma, de Nápoles, de la capital española y de Londres”, aseveró en un texto de espíritu autobiográfico. En una carta escrita a su hijo, en 1852, le habla de una pastelera de Bruselas, Marie X. “Me he recostado con una muchacha muy preciosa que no desea nada a cambio, salvo un sombrero de verano, de paja amarilla o bien sencillamente blanco”, le contó.

Retrato de Alejandro Dumas

Retrato de Alejandro Dumas
(Public Domain)

El palacio de Monte-Cristo fue salvado de su destrucción en 1970. La finca era codiciada para un proyecto inmobiliario que al final se abandonó. El día de hoy depende de 3 ayuntamientos y de una fundación. En el 2016 se efectuó una esencial obra de restauración. Periódicamente es escenario de representaciones teatrales, lecturas literarias, conciertos y espectáculos para pequeños. El ambiente da una atmosfera ideal para dar la vida a lo que Dumas plasmó en sus libros y para incitar a leerlos.

El ambiente da una atmosfera ideal para dar la vida a lo que Dumas plasmó en sus libros

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