«El nazismo es una ideología muy atractiva para la gente poco formada»

Publicado el Por Sara Vargas


Juan Eslava Galán es un optimista nato. Ataviado con un traje oscuro, y con una voz algo más grave de la habitual -quizá el frío, quizá la solemnidad que emerge al hablar de un tema a la par controvertido y profundo-, el maestro de divulgadores admite a ABC que hay un aspecto positivo dentro de esta horrible pandemia. «He tenido mucho tiempo para investigar. Empecé escribiendo pequeños artículos y me percaté rápido de que podía transformarse en algo mayor». El resultado es el ensayo que hoy presenta: ‘Enciclopedia nazi contada para escépticos’ (Planeta). Una obra magna de casi un millar de páginas que anhela convertirse en un baluarte contra la incultura. «El fascismo y el nazismo son muy

 atractivos para gente poco formada», sentencia.

Incisivo a la vez que galán, el doctor en letras no se cohíbe. Con tono pausado admite que este tipo de ideologías fueron como fuegos de artificio: sugestivas en su momento, pero capaces de prender llama en la sociedad con su estela. «Hablo del nazismo como la gran ‘Ópera alemana’ porque es lo que era: un gigantesco teatro que buscaba llamar la atención del pueblo, pero bajo el que subyacía algo terrible». Lo que consigue quitarle el sueño es que algunos de sus aspectos -las medallas, las armas, los símbolos- lleven hoy a los más jóvenes a apoyar este tipo de movimientos. «Debemos saber diferenciar. No hay que quedarse en la superficie. Hay que entrar en las profundidades para ver que son pésimos para el ser humano», añade.

Por eso una enciclopedia: porque es necesaria, práctica y permite las continuas referencias entre ideas. Pero también porque no quiere que la sociedad se olvide de los conceptos más tétricos del nazismo. Desde la Solución Final, la matanza industrializada de millones de personas en las cámaras de gas, hasta el
Zyklon-B, el veneno del que se valieron los acólitos de Hitler para asesinar a sus víctimas. En palabras de Eslava, los significados de estos términos son básicos y se los deberían repasar jóvenes como Isabel Peralta, la falangista que se convirtió en noticia por sus palabras sobre los judíos. A ella le aconseja «leerse todas las entradas del libro sobre los movimientos totalitarios y el Holocausto» para comprender los errores en los que cayó aquel día.

El nazismo, en 27 letras

Pero las 27 letras del abecedario dan para mucho. De la A la Z, Eslava se zambulle en todos los aspectos del nazismo. No de la Segunda Guerra Mundial, que daría para otro libro, sino de la evolución y la influencia de esta ideología. El autor abre el ensayo con ‘Abhörverbrecher’, la «persona que escuchaba radios extranjeras a pesar de la prohibición» que había en Alemania. Y, como es lógico, a lo largo de la obra no tarda en hacer su aparición el ‘Führer’. «Adolf Hitler era un mediocre que tenía una gran virtud: la capacidad de llevarse a las masas al huerto como el flautista de Hamelín», sentencia. Poco tenía que ver la realidad tras la imagen de grandiosidad que intentaba dar el fastuoso líder. «En ‘petit comité’ era un personaje ridículo», completa.

Los términos se cuentan por decenas. Algunos de ellos básicos, pero que requieren explicación. «El nazismo, por ejemplo, es un movimiento de tipo racista y reivindicativo con la situación alemana del momento. El problema es que se suele obviar que sus grandes logros, entre comillas, ya se habían empezado a conseguir durante la era democrática del país», explica. Hitler, no obstante, supo vender al pueblo que la llegada del NSDAP hasta la poltrona en 1933 fue el impulso que motivó la recuperación. «Se habla del milagro económico, pero todo fue una burbuja con una base falsa. Funcionaba como una estafa piramidal. Lo único que la sustentaba al final eran los expolios masivos de las regiones que invadían», añade el autor. Es uno de los mitos que destruye. «La recuperación se le debe a los banqueros e industriales, no a él», confirma.

Ramón Serrano Suñer se entrevista con Adolf Hitler

Aunque el concepto -o entrada, si lo prefieren- al que más cariño tiene el autor ahonda en el comportamiento humano. «En el libro intento explicar cómo es posible que se pasara en tres meses de una democracia a una dictadura. Me sorprende que esta colección de indocumentados pudiera convencer a un pueblo entero para que les siguiera hasta el desastre», confiesa. No hay dedos en las manos para enumerar las razones, pero nos desvela una: «Avanzaron mucho en las técnicas de persuasión. Hay muchas estrategias de propaganda inventadas por Joseph Goebbels que siguen utilizando políticos de izquierdas y de derechas en la actualidad». Otras son «el teatro de banderas, himnos, símbolos» y toda esa parafernalia. Brillantina que ocultaba una verdad espantosa.

Tampoco se olvida Eslava de algo tan básico en cualquier sociedad como el humor; un elemento que sirvió como válvula de escape para los oprimidos. «La Gestapo te podía ejecutar por hacer un chiste en contra del régimen. Tenían un sistema infalible para llegar a la fuente original y la destruían de raíz», completa. Entre las muchas chanzas que recoge, una le hizo esbozar una sonrisa mientras escribía. «Uno de los chistes más famosos contaba que Hitler y Goering habían subido a una torre para ver el efecto de los bombardeos. ‘Deberíamos pensar en algo que levante el ánimo de los berlineses’, decía el primero. ‘¿Sugieres que nos tiremos de cabeza?’».

Este es uno de los apartados que equilibran la obra y la hacen única. La marca Eslava Galán. «Siempre busco la ironía y el punto de humor. Al menos, cuando se puede. No lo uso en los conceptos que hablan de los campos de concentración. Aunque a muchos les sorprenderá saber que los propios judíos hacían bromas sobre su pésima situación», completa.

También en España

La segunda pata sobre la que se sustenta la enciclopedia es la influencia del fascismo en nuestro país. «He querido analizar su impacto y la forma en que se veía esta ideología desde la península», explica. En sus palabras, todo comenzó con el surgimiento de estos partidos en Europa al calor de sus homólogos italianos. «Aquí también ocurrió. Nacieron algunos grupos como los ‘escamots’ catalanes, que usaban la misma parafernalia y eran clónicos», completa. Aunque perdieron algo de fuerza a mediados de los años treinta, el inicio de la Segunda Guerra Mundial les hizo resurgir. «Cuando los alemanes comenzaron a comerse el mundo en los primeros meses del conflicto, volvieron a cobrar importancia. En España ya había pasado con la Falange», sentencia.

En este sentido, Eslava también destruye algunos mitos y pone luz sobre otros tantos tópicos. El primero: la escasa relación de España con el Tercer Reich. «Hasta Alemania viajaban grandes séquitos de falangistas a los que agasajaban y llevaban luego a casas de prostitutas. Eso también era nazismo», admite.

También rechaza la idea de que los grandes generales de nuestro país sintieran debilidad por el águila nazi: «Los militares fueron más reticentes. Esa adoración absoluta era una cosa propia del inicio de la guerra y, principalmente, de la Falange. Aquí el Ejército era monárquico». Solo existieron algunas excepciones como Ramón Serrano Suñer. «Es cierto que sentía devoción por Alemania, pero no aprobaba ciertos aspectos de la ideología y prefería a Benito Mussolini. En este sentido, hay que reconocerle los esfuerzos para evitar la entrada en el conflicto», completa.

El último de los muchos puntos que reseña durante la entrevista es, como no podía ser de otra forma, la extraña pareja que formaron Adolf Hitler y Francisco Franco. Una relación de amor que arrancó con cartas en las que se demostraban devoción y que acabó de forma desastrosa. «El ‘Führer’ siempre despreció a Franco. En primer lugar, porque prolongó la guerra de forma innecesaria. Él y Mussolini jamás entendieron eso», explica. El dictador español, por su parte, le tuvo cierta admiración. Al menos, al principio. «Le veía como un líder poderoso con el que había que tener cuidado. Desde España escudriñó las Olimpiadas que se celebraron en Alemania, el supuesto resurgir económico… Se sintió atraído por todo aquello. El problema es que siempre fue franquista, y no fascista», completa.


Fuente: ABC.es .

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