– Su carrera internacional le ha llevado a Estados Unidos, Puerto Rico y múltiples veces a Suiza, desempeñando funciones de alta dirección hasta ser nombrada en 2016 presidente de DuPont Iberia, curiosamente, con sede en Asturias, de donde procede. ¿Se puede ser una directiva internacional de su nivel desde casa?– Asturias es sede natural de DuPont en España por el hecho de que acá es donde está nuestro primordial centro de producción, conque tiene todo el sentido. Dónde esté situada una compañía en la actualidad no es relevante, puesto que prácticamente estás a 12 horas de aeroplano de cualquier punto. Para mí, no obstante, siempre y en todo momento fue esencial viajar. Considero que no debemos quedarnos toda nuestra vida donde nacemos, si bien reconozco, y tras tanto viaje, con criterio, que acá se vive sensacional, conque estoy feliz en mi tierra.– ¿Qué cómputo hace de sus 3 años al frente de la compañía en España y Portugal? ¿El planeta cambia tanto como semeja?– Desde entonces. Esto es un no parar. Mas para subsistir 200 años en el mercado, como hemos hecho , hay que llevar el cambio en el ADN y admitir la transformación como lo natural. El tiempo medio de supervivencia de una compañía en la actualidad es de 10 años. El cambio es una incesante, mas lo que más diferencia nuestro tiempo de otros es la velocidad con que se está generando.– ¿De qué manera lo encaran?– Ya antes, el «expertise» en las compañías era interno, mas, ahora, el conocimiento preciso para proseguir avanzando es tan extenso, que es imposible. No podemos tener especialistas en todo y eso lleva a las compañías a trabajar con terceros externos. En la actualidad, la cooperación es una necesidad para la supervivencia de la compañía. Debemos admitirlo, identificar a quienes hacen algo interesante y cooperar con ellas. El planeta futuro es colaborativo.– ¿Qué opinión tiene de la Cima del Tiempo festejada en la capital española?– Es un tanto desilusionante. Obviamente, debemos ponernos conforme, mas hay demasiados intereses. Nos cuesta mucho. Europa semeja tenerlo claro y desea que los negocios se hagan teniendo presente la salud del planeta, mas no podemos hacerlo solos. Y si trasladamos la producción a países con menos costos, mas donde la regulación es más laxa o bien no existe, no asistimos. Debemos obligar a que para comercializar en Europa se cumplan requisitos de calidad y respeto al medio ambiente. Además de esto, no hacerlo, supone perder competividad. Pasa con el acero. Si dejamos que llegue acero a costos pero bajos desde estos países y encima lo adquirimos, no resguardamos el planeta y hundimos nuestra industria.– ¿Plantea un mayor proteccionismo?– Hay formas de hacerlo, no se trata de poner tasas, sino más bien de asegurar una producción con unos estándares, que se cumplan las reglas de juego.– ¿Qué le dio la sensación de que se interrumpiesen las negociaciones del COP25 por el empeño en incluir la agenda de género?– Creo que es entremezclar las cosas. Si lo que discutimos son pactos para resguardar el planeta y el tema de la mujer es un obstáculo, hay que admitir que sean guerras diferentes. No todos y cada uno de los países están en exactamente el mismo punto de evolución en este tema, y si mismos, en España, ya tenemos discrepancias a este respecto, todavía más bastante difícil va a ser persuadirles a ellos para avanzar.– Puesto que mil gracias por su tiempo, ha sido un placer entrevistarla…-Disculpe, ¿no me pregunta por la conciliación?– No– Déjeme que se lo afirme. Es la primera vez que me hacen una entrevista y no me preguntan por este tema.– ¡Jajaja! Tal vez, tras todo, algo estemos avanzando…

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