El milagro de los ‘viejos’ papás panda del zoo de Madrid


La reproducción de los osos panda es tan complicada que parece casi un milagro que la especie exista. Para empezar, tienen tanto interés en el sexo como cualquiera de nosotros en una colonoscopia. Las hembras entran en celo solo una vez al año, en primavera, y su fertilidad dura de uno a tres días. O el macho va a por todas y triunfa o tendrá que esperar hasta el año siguiente. Para empeorar las cosas, las flechas de Cupido deben de perderse entre el bambú porque las parejas pocas veces muestran interés entre sí. Y si al fin congenian y unos cinco meses después nacen una o dos criaturas, estas son extremadamente frágiles e indefensas, por lo que sufren un alto riesgo de muerte.

En cautividad, es casi imposible que los pandas procreen de forma natural. Las parejas forzadas prefieren ignorarse y las hembras rechazan posibles acercamientos con agresividad. En algunos zoos se ha empleado incluso ‘porno’, vídeos de otros osos en acción, para aleccionarles. Ante tal desidia, «la inseminación artificial de los animales resulta indispensable», asegura Julián Santiago, del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC), cuyo equipo acaba de conseguir, junto con los veterinarios del Zoo Aquarium de Madrid, su último éxito. El lunes nacieron dos crías, el segundo parto gemelar de pandas en la historia del parque. Los recién nacidos, cuyo sexo se desconoce ya que aún no tienen los caracteres sexuales marcados -de momento, se sospecha que uno puede ser un macho-, pesaron 171,4 y 137,4 gramos, más o menos como una naranja de tamaño medio.

Según explica Santiago, si lograr que cualquier pareja de pandas se reproduzca es algo «muy complejo», en este caso lo era aún más, ya que los padres, la hembra Hua Zui Ba, de 18 años, y el macho Bing Xing, que ha cumplido 21, son ya mayores, lo que conlleva inevitables problemas de fertilidad. Estos mamíferos viven en la naturaleza poco más de 20 años, una longevidad que puede estirarse hasta los 32 en cautividad. «Los espermatozoides (de Bing Xing) se morían en pocos minutos cuando hace cinco o seis años eran muy vitales», recuerda. Había que seleccionar muy bien a los elegidos, así que el equipo empleó un procedimiento especial desarrollado para esta especie. Nadie quería que se repitiera lo que ocurrió hace dos años, cuando la fecundación no fue posible. «Quizás -indica el investigador- por una mortalidad embrionaria a causa de alteraciones del ADN en el esperma debidas precisamente a la edad».

Zoo Aquarium de Madrid

Doce horas para fecundar

Cuando la hembra comenzó a ovular a Bing Xing se le practicó una extracción de esperma. Anestesiado (con una inyección) y trasladado a quirófano, el ejemplar de 130 kilos recibió unos masajes en la glándula prostática y unos estímulos eléctricos en el recto que consiguieron la eyaculación. Esa muestra fresca y de calidad es la que se utilizó en la inseminación. Anteriormente, se le había extraído una primera muestra que fue congelada con diferentes propósitos. Parte se destina a la investigación, ya que, para rizar el rizo, resulta que los espermatozoides del panda tienen unas características morfológicas particulares que dificultan el éxito de las técnicas de reproducción. Otra parte puede ser enviada a la estación de Chengdu en China, donde se desarrolla el programa internacional de conservación in situ, y otra se reserva por si no hay suficiente cantidad de esperma fresco a la hora de la inseminación.

La fecundación, realizada el 13 de abril, tampoco fue una película romántica. Los investigadores solo disponían de una ventana de doce horas para lograrlo. Sabían que había llegado el gran momento por el comportamiento de Hua Zui Ba y por los análisis hormonales de la orina. La muestra de esperma se introdujo en la hembra, previamente sedada, con un catéter muy similar al que se emplea en ginecología humana. Para tener más garantías, el proceso se repitió unas horas después.

Y a esperar con los dedos cruzados. Porque en la mayoría de los casos solo se sabe que la gestación, que suele durar unos cuatro o cinco meses (a veces tres, otras seis) ha tenido éxito cuando la hembra tiene síntomas de que va a parir. El motivo es que el embrión se queda latente hasta cuatro meses en el útero y no se puede ver en ecografía hasta las últimas tres o cuatro semanas, período en el que la madre no se acerca a sus cuidadores y no es posible llevarla a cabo. «Ni siquiera podemos saberlo por las hormonas, porque se puede producir una pseudogestación. La hembra produce hormonas como si estuviera gestante y nos engaña, puede estar preñada o no», apunta el científico, director del laboratorio de Espermatología y Criopreservación en Especies Silvestres.

«Una madraza»

Por fin, el pasado lunes, las dos crías llegaron al mundo como es norma en su especie: ciegas y con muy poco desarrollo. La primera nació a las 8.30 cuando la madre comenzó a emitir vocalizaciones y se preparaba para el parto. Tras expulsarla, cogió a la cría en su regazo y comenzó a lamerla mientras el cachorro se movía y emitía fuertes sonidos. A mediodía llegaba la sorpresa: un segundo bebé. Se trata del quinto y sexto hijo para esta pareja de pandas que, como pasa en su entorno natural, viven separados y no se hacen ningún caso. Hua Zui Ba «es un madraza -apunta Eva Martínez Nevado, responsable de veterinarios del zoo-. Es impresionante ver cómo un animal de 100 kilos coge con la boca tan delicadamente a sus crías, que caben en la palma de mi mano».

Los nuevos pandas exigen cuidados constantes. Son supervisados de forma continua con cámaras y por el personal del zoo, a quienes se han unido dos especialistas chinos de Chengdu, desplazados a Madrid en cuanto la hembra mostró síntomas de parto inminente. Mientras uno de los cachorros está en la incubadora, el otro se entrega a la madre, que lo amamanta y, hecha un ovillo, lo oculta protegido entre el abdomen y el tórax. Dos o tres horas después, se intercambian. La confianza de Hua Zui Ba con los técnicos del zoo es tan grande que les permite recoger a las crías sin dar muestras de agresividad. «Es estupenda -describe la veterinaria con cariño-, está muy tranquila y poco a poco va recuperando el apetito tras el parto».

El primer mes es vital para los pequeños, «muy sensibles a la temperatura y la humedad, porque aún tienen muy poco pelo (el lanugo de color blanco), pero están vitales y ganando peso», dice Martínez Nevado, quien matiza que, en la naturaleza, las cosas no funcionan así. Si son gemelos, lo que ocurre la mitad de las veces, la madre suele elegir a un cachorro y abandona al otro. Con el paso de los días, los bebés abrirán sus ojos y comenzarán a pigmentar su piel. Serán presentados alrededor de los dos meses y medio, cuando estén lo suficientemente fuertes y maduros. Entonces se elegirán sus nombres. Dependerán de la osa durante un par de años y cuando tengan 3 o 4 viajarán a China para ser emparejados con individuos compatibles genéticamente. Todos los pandas del mundo, vivan donde vivan, pertenecen al país asiático.

La envidia de otros zoos

«Todos los zoos del mundo que tienen pandas hacen reproducción asistida y pocas veces consiguen nacimientos. En el de Madrid el porcentaje de éxito está por encima del 80%, estamos en el ‘top’ a nivel internacional. Somos la envidia de nuestros colegas europeos», se congratula Julián Santiago. En el parque madrileño han nacido Chulina (2016), Xing Bao (2013) y los gemelos Po y De De (2010).

El oso panda es un icono mundial de la conservación. Su pasividad sexual, unida a otros factores como la disminución o el deterioro de su medio natural y la acción humana, provocaron que los pandas gigantes entraran en la lista de animales en peligro de extinción. Por fortuna, las políticas de protección llevadas a cabo por el gobierno de China -el único lugar del mundo en el que estos mamíferos viven en libertad- y los programas de reproducción en cautividad han logrado que la especie pasara de estar a punto de desaparecer a ser considerada vulnerable. Hay 1.800 ejemplares en estado silvestre, de 500 a mil de ellos adultos. Sin los esfuerzos de estas organizaciones no se habría conseguido. Además, «el conocimiento adquirido en nuestras investigaciones también nos da información que puede aplicarse a diferentes programas de conservación de especies amenazadas, como el urogallo o el visón europeo», añade Santiago. Mientras, los dos nuevos pandas del zoo de Madrid crecen ajenos al tesoro natural que representan.


Fuente: ABC.es .

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