España es una potencia automovilística de primera importancia, con una producción que en 2018 alcanzó los dos.819.565 automóviles fabricados en las 17 plantas operativas en todo el territorio nacional. Si bien la patronal Anfac no vio cumplidas sus esperanzas –las que había desarrollado con su Plan tres Millones–, por lo menos sostuvieron una cifras admisibles. No obstante, el frenazo sufrido en el último trimestre del año pasado marcaba una peligrosa evolución negativa, que se ha confirmado en los primeros 90 días de 2019. En el mes de marzo, el último contabilizado, el vehículo nacional registró una bajada de las exportaciones del 15% en comparación con mismo mes del año precedente, para lograr cuatro.079 millones de euros. Las importaciones se quedaron en tres.808 millones de euros, un 0,4% menos, lo que agranda todavía más los datos de la balanza comercial, que solo amontonó 270,8 millones de euros de superávit, un 72,3% menos, conforme datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo extraídos del Informe Mensual de Comercio Exterior. Si las cantidades se contabilizan sobre el primer trimestre del año, las exportaciones del ámbito mejoran tenuemente, situándose el volumen total en 11.466 millones de euros, lo que supone una minoración del siete con tres%, en frente de una subida del 0,8% de las importaciones, hasta 10.752 millones, si bien la tendencia prosigue siendo a la baja. Para Anfac, estos datos resultan «preocupantes», si bien, por el momento, sostienen la calma. «La coyuntura económica tiene una tendencia negativa por la debilidad del mercado europeo y pues las previsiones económicas no son buenas», explica Noemí Navas, portavoz de la asociación de fabricantes. 3 posibles causas directas semejan haber provocado que se hayan encendido todas y cada una de las señales de alarma de la automoción nacional: primera, el convocado agravamiento de las perspectivas económicas y el miedo a una recesión; segunda, la poca concreción y la carencia de claridad de las nuevas políticas y normativas de los países sobre la electrificación del parque automovilístico y, tercera, las sombras vertidas sobre los niveles contaminantes que han hecho recaer en los automóviles con motor diésel, aparte del impacto ocasionado por el escándalo del «dieselgate». Los fabricantes proponen que los cambios estructurales del ámbito deben hacerse de forma ordenada, «no como se ha hecho hasta el momento, lanzando ideas a la ligera, que pueden provocar daños irreparables si no hay claridad legislativa. Los fabricantes debemos amoldarnos a la tendencia del mercado cara el eléctrico, mas la transición ha de ser ordenada, no forzada, pues los costos serían imposibles de asumir». En términos globales, el ámbito del vehículo de España –que en-globa a fabricantes de vehículos, motos y componentes de automoción– contabilizó también una fuerte caída de su superávit comercial en comparación con primer trimestre del año anterior: 714,5 millones de euros, un alarmante 58,1% menos. Si sumamos las cantidades de los fabricantes de vehículos a los de motos, la bajada se ubica en el -28,6%, hasta lograr dos.467 millones de euros. En lo que se refiere a los componentes de automoción, se anotaron un déficit de 1.753 millones de euros, un 0,1% más con respecto a los números colorados del mismo periodo de 2018.

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