En el 140 de la Plaza de San Marcos se han habituado ya a un juego malvado. O bien, mejor dicho, a un nuevo horario. Desde hace prácticamente una semana, el «acqua alta» entra en la tienda, fuerza a resguardar las figuritas hechas con cristal de Murano y a cerrar, aguardando que la crecida del mar no vaya a más. «¿Y qué podemos hacer? No hay opción alternativa, solo intentar recobrar lo que no se ha echado a perder», lamenta su dueño. Calcula que sus pérdidas ascienden a unos 20.000 euros. Por la tarde, cuando baja la marea, vuelven a abrir, aguardando asimismo que los turistas no adopten asimismo un modelo oscilante y continúen en la urbe. El día de ayer la subida de las aguas forzó nuevamente a cerrar la plaza. Se registró una crecida de 1,55 metros, lo que en la práctica supone que el agua alcanza el nivel de la cintura, debido a la poca altura de San Marcos. Lo peor ocurrió la madrugada del pasado miércoles, cuando se generaron las peores inundaciones en medio siglo, con nocturnidad y alevosía. Mas no se puede charlar de un hecho apartado, puesto que desde el momento en que empezaron las mediciones, hace un siglo y medio, jamás se habían superado los 140 centímetros un par de veces en un año. Desde el pasado miércoles, ya vamos por 4. Alvise Papa es el organizador del Centro de Prevención de Mareas del Municipio de Venecia, el órgano al que continúan enganchados los venecianos para conocer hasta dónde deben extremar las cautelas. Recuerda que el «acqua alta» es un episodio que se repite en Venecia todos y cada uno de los años –normalmente unas 2 o bien 3 veces–, mas «lo que ha ocurrido esta vez es una genuina anomalía desde el punto de vista meteorológico». O sea, que los vientos y las lunas que han empujado a la marea a una urbe frágil como Venecia han existido siempre y en toda circunstancia, mas la mano del hombre ha acelerado que lo hagan con esta violencia. «Desde 1870 el nivel del mar ha subido 35 centímetros», asegura el responsable del organismo público. Y esto se atribuye al calentamiento global, que provoca el deshielo de los glaciares, elevando el volumen de agua de los océanos. Si a este proceso se agrega el descenso en la altura del suelo de la ciudad, construida en una zona particularmente débil, se consigue una combinación mortal. Es suficiente con que sople el siroco que se produce entre las islas que se sitúan delante de Venecia a fin de que el Adriático se adentre en las calles. «Los científicos de la Organización de la Naciones Unidas predicen que el nivel del mar va a subir otros 35 centímetros hasta 2050, lo que sería trágico para Venecia. Querría decir que la plaza de San Marcos se anegaría unos 300 días por año, en ocasiones hasta un par de veces a la jornada», apunta Alvise Papa. Sentencia de muerte La predicción invita a meditar que la urbe de los canales tiene firmada una sentencia de muerte. Habría que repensarla y encarar unas obras ingentes para salvarla. Nuevamente la naturaleza ha activado las alarmas, que literalmente suenan en la urbe de los canales toda vez que se prevé el «acqua alta». Mas esto ya ocurrió hace décadas y por el momento ha alterado poco. Cuando se generaron aquellas inundaciones del 1966 que aún tienen el negro honor de ser las más graves, se comenzó a concebir un sistema para resguardar la urbe. Se dio con el proyecto terminante a inicios de los ochenta y no comenzó a construirse hasta 2003. Se trataba de un monumental sistema de compuertas situado en 3 puntos distintos. Uno por cada abertura de las angostas islas que sirven de protejo a Venecia. Los diques, 78 en conjunto, se elevarían toda vez que la marea superara el metro de altura, conminando la urbe. Y de esta manera, actuarían como una barrera, que volvería a bajar una vez pasada la alarma. Al imponente proyecto se le dio el nombre de Mose (como acrónimo de Módulo Experimental Electromecánico), que en italiano, además de esto, significa Moisés. El Moisés que debía frenar los mares se proyectó en liras, mas al cambio debería haber costado unos tres.400 millones de euros. No obstante, ya van gastados cinco.500 y aún está al 94%, lo que impide que se haya activado estos días. En 2014, cuando las obras ya deberían haber concluido, hubo que pararlo todo al descubrir que el patrón del consorcio público se había repartido con ingenieros y constructores 250 millones de euros. Estos días, bajo el puente de Rialto cuelga un cartel en el que se lee: «No a la mafia, Venecia es sagrada». No obstante, los venecianos repiten que el Mose nació ya obsoleto y si el proyecto se propuso antes que el cambio climático lo trastornara todo, teme que ni Moisés sería capaz de frenar el apocalipsis. Pérdidas de 1.000 millones El gobernante de la zona del Véneto, Luca Zaia, solicitaba desde la plaza de San Marcos que «se concluya de una vez, pues es la única forma que existe ya para poner freno a este fenómeno fatal». A la solicitud se han sumado todos y cada uno de los poderes públicos, que demandan prisa al Gobierno. Asimismo el Ejecutivo debería encargarse de los cerca de 1.000 millones que el regidor de Venecia calcula que se han perdido. Las autoridades venecianas ya están comenzando a administrar el bulto de 20 millones de euros que el Gobierno de Giuseppe Conte ha aprobado al firmar el decreto de estado de urgencia, con ayudas de 20.000 euros para los mercaderes perjudicados y cinco.000 para los residentes. Mas no es suficiente. El regidor ya explicó que van a deber solicitar ayuda en el fondo de solidaridad de la Unión Europea. Sigue leyendo: Venecia en imágenes, anegada por la segunda mayor marea alta de su historia “Devastación apocalíptica” en Venecia: su patrimonio artístico, anegado Venecia, entre ahogarse o bien renacer

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