El impacto del baile de tallas en la moda

Publicado el Por Julio Gracia



Desde hace décadas, una misma persona puede tener varias tallas de ropa dentro del entorno comercial de un mismo país, una suerte de aventura que puede llevar a utilizar la 42 en Gucci, la 40 en La Redoute y la 38 en las ‘low cost’ españolas. Esta desconcertante realidad que recientes estudios demuestran, además de despistar al cliente final, resulta en miles de ventas online fallidas que acaban en devolución, algo así como 3 veces más que las devoluciones de las tiendas físicas. Como colofón, la gran cantidad de ropa sin destinatario a final de cada temporada se ha convertido en una fuente de generación de toneladas de basura textil.

Cierto es que medir al ser humano no es fácil, porque no somos como los menús de las hamburgueserías (Pequeño, Mediano, Grande, Extragrande) y nuestras proporciones varían de individuo a individuo. Además, se añade la dificultad técnica de que una tela puede dar más o menos de sí, se corte al bies o no, sea de un material u otro, o se utilice un patrón u otro. Para complicar las cosas, una talla pequeña en Japón no es igual que una pequeña en Holanda o Alemania.

El reciclaje como solución a la acumulación de ‘stock’

© Pexels
No obstante, se ha observado en las últimas décadas una gran «libertad» por parte de los fabricantes a la hora de escoger tallaje. Los italianos con el equivalente de un número de talla menos que los europeos, los franceses ‘ni fu ni fa’ y los españoles tallando grande para que una chica rellena se vaya feliz de la tienda pensando que tiene una 38 esté como esté.

La enorme cantidad de devoluciones online debido al mal tallaje se unen a las prendas que cada temporada las marcas tienen que descartar tras el periodo de rebajas, acumulándose así toneladas de productos de pre-fabricación y de postventa que solo en algunos lugares como Alemania y Australia se están acumulando con el propósito de compactarlas y convertirlas en material de construcción de viviendas.

Algunos ayuntamientos, como el de Madrid, el de Bruselas o el de Berlín, organizan de modo sistemático el deshecho de ropas o su reciclaje o donación. Marcas como The North Face han puesto en funcionamiento programas para que los clientes puedan dejar ropa vieja de cualquier marca en sus tiendas y así reciclarla o darle un segundo uso. Una posible solución para aclarar los temas de tallaje sería incluir en la etiqueta las medidas de los contornos de cadera, cintura y pecho de cada prenda, o el largo del pantalón (esto último es algo que ya ha comenzado a hacerse). Incluso con el hashtag #MakeMySize muchas internautas publican quejas de la ausencia de tallaje para las mujeres «reales» que van más allá de la talla 42.

En una industria que supone casi el 3% del producto interior bruto de todas las economías mundiales y emplea a 80 millones de personas globalmente, se tienen que tener en cuenta los efectos de la polución producida, que van terceros tras el mundo del gasóleo y la automoción y el transporte. Ante esta situación está claro que el público va a privilegiar a partir de ahora las prendas bajo pedido, los accesorios bajo encargo y las marcas que eviten contar con niveles altos de stock que las puedan llevar a una gran acumulación de basura textil. A partir de ahora, tener un inventario limitado será – además de financieramente recomendable- una buena obra de ecología.

Fuente: ABC.es

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