El viejo sueño del PCE y después de IU se ha materializado de manos de los “hijos” de Anguita. Va a ser bien interesante ver de qué forma actúan los marxistas ahora

Ha costado, mas ya tenemos gobierno. Hay quien aguardaba o bien pensaba que los representantes de Unidas Podemos podían reiterar el espectáculo propagandístico de las promesas como diputados en el acto solemne de toma de posesión como miembros del gabinete frente al jefe del Estado. Es no conocer a los marxistas, a los neocomunistas y al titular de Universidades que en su día consideraba inútil que hubiese esta cartera hasta el momento en que se la han ofrecido y jubiloso la admitió con gran velocidad no fuese que alguien se le adelantase.Una cosa es salir a la calle al grito de “no nos representan” o bien cuestionar el sistema de la Transición para ganar votos aprovechando la crisis económica y también institucional de los últimos tiempos y otra muy diferente es ocupar una cartera ministerial. No podían estar más felices. El viejo sueño del PCE y después de IU se ha materializado de manos de los “hijos” de Anguita que han jugado realmente bien sus cartas. Hay que tomar en consideración que el gobierno es una impresionante máquina de colocación de políticos, lo digo sin tono despectivo pues lo ha hecho el Partido Popular como el Partido Socialista Obrero Español, y es muy normal que lo haga Podemos. Es tan lógico como razonable, si bien ahora tengamos una pintoresca inflación de ministerios que ha tolerado transformar el Instituto Nacional de Consumo en un ministerio para mayor gloria de Garzón que hace poco estimaba que el modelo de consumo era Cuba. Va a ser bien interesante ver de qué forma actúan los marxistas ahora que se sientan en el Consejo de Ministros. Y es cierto que Sánchez, con la habilidad que le caracteriza, no ha sido, exactamente, espléndido en el reparto. La parte más esencial ha sido, con diferencia, para el Partido Socialista Obrero Español, si bien asimismo es verdad que Podemos tiene una enorme ocasión y vamos a ver como la usa. Otro aspecto inusual ha sido la resolución de nombrar a la precedente ministra de Justicia, sin solución de continuidad, como nueva fiscal general del Estado. Es un mensaje clarísimo de que la Fiscalía debe ser el brazo armado y sumiso al servicio de los intereses de Moncloa. Y punto. La polémica va a durar poco, puesto que Sánchez es un político muy hábil que logra siempre y en todo momento lo que desea si bien haya debido pasar su particular martirio. En consecuencia, Dolores Delgado va a ser el brazo ejecutor en el proceso de desjudicialización del enfrentamiento independentista y lo va a hacer sin rubor. Esta nueva palabra que ha impuesto a ERC y que contrasta con lo que afirmaba el presidente del Gobierno en la campaña electoral merece incorporarse a los manuales de Derecho Constitucional como expresión de una práctica reprochable de comprender el Estado de Derecho. La comisión de delitos debe ser judicializada, pues de lo contrario se lanza a la sociedad el mensaje de que existen 2 géneros de Justicia: una para la clase política y otra para el resto de ciudadanos. No hay que confundir el diálogo con la sumisión o bien con el todo vale si el gobierno precisa de los votos independentistas para lograr la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y asegurar su estabilidad. No me agrada el enfrentamiento y como catalán desearía que el independentismo va a dejar de conminar con la oración de “ho tornarem a fer” (lo volveremos a hacer). Por este motivo, la Fiscalía es una pieza esencial y no creo que el camino sea transformarla en el perro faldero del Ejecutivo como ha pasado con la abogacía del Estado, que debería mudarse su nombre a fin de que sea “del Gobierno”.En cualquier caso, Dolores Delgado tiene un reto duro y bastante difícil pues no debería olvidar, se lo digo con el cariño personal que le tengo si bien disintamos, que es una fiscal de carrera y debería conservar, ante todo, el prestigio de este cuerpo centenario. Zapatero acertó con la reforma de su Estatuto para dotarle de autonomía. Lo he dicho muy frecuentemente y lo proseguiré repitiendo, pues fue un ademán elogiable que merecería extenderse a otros campos de las instituciones del Estado. Una gran democracia como la de España precisa que sus funcionarios no sean obedientes servidores del poder partidista olvidando que son servidores públicos. Director de La Razón y titular de Historia del Derecho y de las Instituciones (URJC)

Fuente: larazon.es

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