Había interés por oír el primer alegato de la flamante nueva directiva del FMI. Y Kristalina Georgieva no defraudaría. Entre otras muchas cosas alertó de una profunda desaceleración global y solicitó a los países en situación de preguerra comercial, no hacía ni falta que nombrase a EE UU y China, mas tampoco a la Unión Europea, a fin de que traten de lograr acuerdos. Para Georgieva, que reemplaza a Christine Lagarde, nueva presidente del Banco Central Europeo, «la economía global está ahora en una desaceleración acompasada. Esta desaceleración extendida quiere decir que el desarrollo del año en curso va a caer a su tasa más baja desde el principio de la década». Específicamente, Georgieva cifró el impacto amontonado en la economía mundial en una pérdida de 700.000 millones de dólares estadounidenses (637.000 millones de euros) en 2020. Ahora confirmó que la semana próxima, coincidiendo con el encuentro anual, que se festejará en Washington, el Fondo Monetario Internacional publicará «su» perspectiva económica mundial, que va a mostrar revisiones a la baja para 2019 y 2020. Sus palabras llegaban en vísperas de que EE UU y China reinicien sus conversaciones los días 10 y 11 de octubre, esto es, apenas 4 días antes que entren en vigor los nuevos aranceles a las importaciones del país asiático, de hasta el 30%, y diseñados para penalizar productos chinos por un valor de 250.000 millones de dólares estadounidenses (228.200 millones de euros). Todo ello una vez que la Casa Blanca haya penalizado a 28 empresas chinas, acusadas de cooperar en las violaciones de los derechos humanos de las minorías religiosas del oeste de China. Los economistas del Fondo Monetario Internacional aguardan un desarrollo más lento, de prácticamente el 90%, de la economía mundial este año. «Mientras aumenta la necesidad de colaboración internacional», alertó Georgieva, «disminuye la voluntad de participar». Con respecto a las disputas comerciales, abundó en las pérdidas proyectadas del Producto Interior Bruto Mundial «por el creciente enfrentamiento comercial entre USA y China». Charló de enormes «costes directos para las compañías y los consumidores», de la ineludible «pérdida de confianza», de las «reacciones del mercado» y fue meridana en su diagnóstico:. «Todos pierden en una guerra comercial. Para la economía mundial, el efecto acumulativo de los enfrentamientos comerciales podría representar una pérdida de en torno a 600.000 millones de dólares estadounidenses para 2020, alrededor del 0,8 por ciento del Producto Interior Bruto. Para comprendernos, se trata más o menos del tamaño de toda la economía de Suiza». Mas si Georgieva aspira a que las grandes potencias trabajen juntas para localizar una solución durable, Washington no se lo pondrá muy simple. En verdad sus palabras coinciden con la filtración de que EE UU podría incorporar nuevas limitaciones a los flujos de capital cara China, y en especial a las inversiones de los fondos de pensiones de gobierno. La directiva del Fondo Monetario Internacional asimismo alertó de las bajas tasas de interés, que los bancos centrales habrían utilizado con excesiva prolijidad y que conminan con cortocircuitar el sistema si el planeta entra en recesión. Estuvo conforme en que los bajos tipos contribuyen a pelear contra la atonía del mercado y la baja inflación, mas dejó clara la amenaza de impagos, tanto de las compañías, que los emplean para medrar y fusionarse, para los fondos de pensiones y las compañías de seguros. Por si no fuera suficiente «La inseguridad generada por los enfrentamientos comerciales, mas asimismo por el Brexit, y las tensiones geopolíticas, frenan el potencial económico. Aun si el desarrollo repunta en 2020 las divisiones actuales podrían conducir a cambios que van a durar una generación: cadenas de suministro rotas, campos comerciales apartados y un “Muro de Berlín digital” que forzará a los países a escoger entre sistemas tecnológicos». Por el hecho de que, esa es otra, la sombra creciente de una batalla tecnológica entre EE UU y China amenaza con producir sistemas de acceso a la información incompatibles entre sí. «Si la economía global se desacelera más de forma brusca de lo aguardado, puede ser precisa una contestación fiscal coordinada», concluyó Georgieva. «No estamos ahí», agregó, «Pero tratándose de prepararse para la posibilidad de una contestación ordenada debemos rememorar el consejo de Shakespeare: “Mejor 3 horas demasiado pronto, que un minuto demasiado tarde”».

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