Cuando pensamos en traer de vuelta a especies extintas, en seguida vienen a nuestra psique imágenes de Parque Jurásico, o bien quizá, de aquella cría mastodonte que hallamos congelado en Rusia. No obstante, la realidad es algo diferente. El término lleva por nombre “desextinción” y no siempre y en toda circunstancia se centra en estos animales tan populares. Poca gente va a haber escuchado charlar del bucardo, una suerte de cabra que se extinguió a fines del pasado siglo. No obstante, ha sido protagonista de una historia que roza la ciencia ficción, puesto que los científicos han logrado “resucitar” concisamente a la especie. La desextinción es prácticamente una realidad en nuestros tiempos, donde contamos con avanzadas técnicas de ingeniería genética, mas la aproximación no ha sido siempre y en toda circunstancia tan fina. Hace prácticamente un siglo ni tan siquiera sabíamos lo que era el ADN y, no obstante, Alemania se lanzó a la aventura.

El “abuelo” de todos y cada uno de los toros

El objetivo era desextinguir a un toro gigante que pobló nuestro continente hasta el siglo XVII. Charlamos de un animal que rondaba la tonelada y media de peso y su espalda se levantaba a un metro y ochenta centímetros del suelo. De piel negra y cuernos como espetos de 74 centímetros, el uro (Bos primigenius primigenius) fue, probablemente, el antepasado común de todo el ganado europeo. Y a fin de que nos hagamos una idea, un toro de lidia no acostumbra a llegar a los 500 kilogramos, solo una tercera parte de lo que se calcula que pesaba el uro.Existe un tercer género que llaman “uro”, poco más pequeño que un elefante, del color y forma del toro.Julio Cesar (La guerra de las Galias)Eran los años veinte y el último ejemplar había fallecido prácticamente 300 años ya antes en el bosque polaco de Jaktorów. Mas ¿por qué razón desextinguilo? ¿Qué ganaban trayendo de vuelta a un extinto toro gigante? Por una parte, una desbrozadora capaz de quitar la maleza de los montes, seguidamente, un símbolo del poder ario, recreando lo que estimaban que había sido la vieja y paradisiaca Alemania.Si bien el segundo motivo era bastante absurdo, el primero tenía su punto. Hace unos siglos que Europa no es lo que era en lo que se refiere a su fauna. Los grandes mamíferos se reproducen de manera lenta y se recobran peor de la caza. Conforme la población de humanos aumentó, la de sus mayores presas fue reduciendo, empujando a la extinción a muchas especies de megafauna que, supuestamente, cumplían la función de adecentar el monte de maleza. En el caso del uro la extinción fue una suma de múltiples acciones humanas. Por una parte, la caza directa, por otro la tala de sus bosques y, por último, pues estaban en desventaja en frente de sus descendientes domesticados: nuestro ganado.

Los hermanos Heck

Entre 1920 y 1930 empezó uno de los proyectos más extraños de la historia. Los alemanes deseaban recobrar una especie extinta de la que apenas sabían nada y todo ello sin poder emplear ingeniería genética. El plan estaba destinado al fracaso, mas ¿qué tenían en psique? Los cerebros de la operación eran los hermanos Heck, Heinz y Lutz, 2 zoólogos similares al movimiento nacionalsocialista que estaba brotando en su tierra. La idea era sencilla: todos heredamos rasgos de nuestros ancestros (la barbilla de nuestro abuelo, los ojos de nuestra bisabuela, etc.) con lo que ¿y si procuramos recomponer a nuestro ancestro “juntando” las piezas de sus descendientes que nos recuerdan a él.No charlaban de un monstruo de Frankenstein hecho con retales, sino más bien de cruzar selectivamente a las razas de vacas que mostraran peculiaridades más viejas, más relacionadas con el uro. Lo raro es que los 2 hermanos decidieron trabajar separadamente. Cada uno de ellos desarrolló una línea de investigación diferente, cruzando razas diferentes en pos de un mismo fin. Mezclaron a los ejemplares más grandes, las razas con cuernos más largos y mejor musculatura, se estima que hicieron falta algo más de 10 años a fin de que se diese a luz a Glachl, al primer bóvido de Heck. La nueva tuvo buena aceptación, cuando menos hasta el momento en que el ternero medró y defraudaría a los zoólogos más informados, que apenas reconocían en él al legendario ancestro que los hermanos Heck deseaban imitar.El toro era parcialmente pequeño y poco fornido, no respondía a todo cuanto sabíamos sobre el uro y sus desmedidos esqueletos. Por su parte, los presuntos uros de cada hermano eran bastante diferentes, eran algo como interpretaciones libres de un mismo término. Tantos años invertidos en un descalabro no eran admisibles, con lo que volvieron al trabajo, mas esta vez para pasarse de la raya.

El efecto halo

Los cruces siguieron, cada vez con ejemplares más grandes, hasta el momento en que estuvieron satisfechos. El resultado proseguía siendo considerablemente más pequeño que un uro real, llegando a los 900 kilogramos y los 140 centímetros de altura en cruz (hasta el hombro). No obstante, una característica sí que se había vuelto extrema: la agresividad. El ganado de Heck tenía un muy fuerte carácter y era bastante difícil de supervisar. ¿Habían logrado contestar la bravura de su predececesor? ¿Eran de esta forma los uros ya antes de ser amansados por el hombre? Posiblemente: no y no.Es muy posible que los científicos se dejasen influir por un mito que había desfigurado la realidad. En general, tendemos a asociar determinadas peculiaridades entre sí en lo que es conocido como “efecto halo”. Si alguien es atrayente suponemos que debe ser buena persona, inteligente y un largo etc. de sinsentidos. Del mismo modo, parece intuitivo pensar que un toro grande y poderoso será bravo. Sin embargo, no todos los testimonios están de acuerdo y los más creíbles hablan del uro como un animal bastante pacífico, lo cual cuadra con lo que sabemos de otros grandes bóvidos, como los bisontes o los búfalos de agua.No obstante, hay un problema todavía mayor, porque, incluso si se pareciera el exterior ¿cómo podemos saber que lo que hemos hecho no es cubrir un toro normal con un disfraz exterior de uro? Podíamos haber moldeado su apariencia pero sin que su fisiología y anatomía interna tuvieran nada que ver. En nuestros días tenemos respuestas, y gracias a métodos de secuenciación genética hemos podido analizar el ADN del ganado de Heck para encontrar que, sorprendentemente, no solo están muy lejos del uro que los hermanos querían conseguir, sino que están incluso más lejos que cuando empezaron. De hecho, Algunas de las razas que emplearon para el experimento estaban genéticamente más cerca del uro que los terneros resultantes.

Una cuarta oportunidad

El mismo problema lo tiene el bovino de Taurus, un tercer intento hecho mezclando ganado de Heck con el Ankole-Watusi, la raza con mayores cuernos del mundo. Gracias a esto los descendientes crecieron, alcanzando los 165 centímetros de altura en cruz y los 1400 kilos. No obstante, vivimos en una época donde cruzar razas a ciegas no tiene sentido. Ya que tenemos genetistas ¿por qué no consultarles?Esa es la premisa del proyecto TaurOs, donde están tratando de analizar genéticamente la situación, sabiendo qué tienen y a qué quieren que se parezca la descendencia. El resultado es el bovino de Tauros (no confundir con el bovino de Taurus, con “u”)En cualquier caso, mientras estos proyectos siguen adelante tratando de reconstruir viejas desbrozadoras, existe otro frente más sencillo con el que luchar contra la escasez de megafauna: la conservación. Durante mucho tiempo se pensó que el uro y el bisonte europeo (Bison bonasus) eran exactamente la misma especie y, aunque el mismísimo Plinio sabía que no era así, el error se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX. Por suerte, todavía quedan algunos bisontes europeos vivos y, aunque pocos, cada vez son más gracias a los esfuerzos de repoblación. Estos animales tienen una altura en cruz que puede alcanzar los dos metros y un peso de 900 kilos, siendo un sustituto casi perfecto para el hueco que el uro ha dejado en los ecosistemas.Investigar la desextinción es una gran idea y, aunque llevarlo a la práctica tiene implicaciones bioéticas que no debemos pasar por alto, es una apuesta por nuestro futuro, para poder “remediar” algunos de los errores que hemos cometido y que, por desgracia, estamos a punto de volver a cometer. Sin embargo, no podemos perder de vista que hay caminos mucho más sencillos

QUE NO TE LA CUELEN:

La domesticación del uro no ocurrió en un único sitio, ha sucedido varias veces y en distintos lugares del mundo, aunque los restos más antiguos de los que tenemos constancia se remontan 8500 años en el pasado.Es muy probable que la bravura del uro fuera un mito.No existe consenso sobre los beneficios que supondría reintroducir a una especie que lleva 300 años desaparecida. Por un lado, es difícil meditar que los ecosistemas se hayan adaptado completamente a su pérdida mas, por otro lado, también es ingenuo meditar que el ambiente no ha alterado nada en estos últimos 3 siglos.

REFERENCIAS (MLA):

“Tauros Programme”. Taurosproject.Com, 2020.Driessen, C.P.G., and J. Lorimer. “Back-Breeding The Aurochs: The Heck Brothers, National Socialism And Imagined Geographies For Nonhuman Lebensraum”. Library.Wur.Nl, 2020Upadhyay, M R et al. “Genetic Origin, Admixture And Population History Of Aurochs (Bos Primigenius) And Primitive European Cattle”. Heredity, vol 118, no. dos, 2016, pp. 169-176. Springer Science And Business Media LLC.

Fuente: larazon.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *