La lluvia de estrellas de las Perseidas o bien Lágrimas de San Lorenzo vuelven a visitarnos este año, con su pico máximo en la madrugada entre el 11 y el 12 de agosto. Y si bien el fenómeno astronómico tiene una explicación plenamente avalada por la ciencia, no siempre y en toda circunstancia ha sido de este modo. Las Perseidas tienen otras historias para explicar su origen, que aumentan más su especial encanto.

La más horrible procede de la tradición cristiana. Las Perseidas asimismo se conocen como Lágrimas de San Lorenzo, pues siempre y en toda circunstancia ocurren apenas unos días tras la festividad que recuerda el calvario de este santurrón, el 10 de agosto. Cuenta la tradición cristiana que San Lorenzo fue quemado vivo en una parrilla, en la ciudad de Roma. Diríase que en la mitad del calvario exclamó: «Dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho». Sus lágrimas, reza la historia de leyenda, son las «estrellas» que en las próximas noches van a caer del cielo.

Perseo, el caballero nacido de una lluvia dorada
La tradición griega tiene una explicación quizá más romántica. La lluvia de estrellas recibe el nombre de Perseidas en honor la constelación de Perseo, el sitio desde el que semejan proceder los meteoros, lo que es conocido como brillante.

¿Por qué razón? En la mitología griega, Perseo es el hijo de Zeus y la ninfa Dánae. Cuenta la historia que Zeus, enamorado de la preciosa ninfa, debió transformarse para poder entrar en la habitación donde estaba recluida su amada y engendrar a su porvenir descendiente. La manera que escogió el dios fue, exactamente, una lluvia dorada…

Después, cuando Perseo ya era adulto, un furioso Poseidón, rey de los mares, castigó la insolencia de Casiopea, una reina etiope tan ofuscada con su belleza que se consideraba más preciosa que las Nereidas, las ninfas del mar. Con lo que mandó a Ceto, un enloquecido monstruo marino, a castigarla y a sembrar la destrucción en toda Etiopía.

La reina, atemorizada, entregó a su hija para sacrificarla ante Ceto y restaurar el honor de Poseidón. Y de este modo fue como una desnuda Andrómeda terminó encadenada a una roca. En la mitad de un riesgo horrible, parece que Andrómeda chilló cara la mar y que llamó la atención de los pequeños y refulgentes ojos de Perseo, que quedó enamorado al momento. De ahí que, este caballero fue a salvar a Andrómeda a lomos de un enorme caballo blanco.

Perseo retornaba de matar y cortarle la cabeza a la pérfida Medusa, la criatura capaz de petrificar con su mirada a cualquier valiente. Como Perseo era un tipo muy pragmático, utilizó la cabeza de Medusa para transformar a Ceto en un coral, y de este modo pudo salvar a Andrómeda y después casarse con ella.

La verdad tras las Perseidas
Mas, ¿qué con las Perseidas realmente? Las Perseidas o bien Lágrimas de San Lorenzo son esencialmente granos de polvo, del tamaño de granos de arena, que entran en la atmosfera a velocidades exageradamente altas, de 10 a 50 quilómetros por segundo. Tal es de este modo, que la fricción del gas de la atmosfera las calienta, las desintegra y las hace relucir. Esto ocurre a una altura de entre 80 y 100 quilómetros, cerca de la línea Karmán, que es el límite desde el como la atmosfera se hace más espesa. Por ende, si bien las estelas parezcan pequeñas, realmente pueden lograr grandes longitudes.

De año en año, alrededor del 12 de agosto, la Tierra atraviesa un campo de restos dejado por un cometa, tal y como si fuera una estela de polvo dejada por un vehículo en un camino. Por ese motivo, de año en año las Perseidas ocurren en exactamente la misma temporada.

El cometa errante
El cometa que produjo este campo de restos es el Swift Tuttle, un objeto compuesto de polvo, hielo (de agua, monóxido de carbono y dióxido de carbono) que vira en torno al Sol en una extensa órbita, que tarda en recorrer 133 años. Este objeto, mucho mayor que una montaña y que llega a los 24 quilómetros de diámetro, pasó por las cercanías del Sol en 1992, y no volverá a hacerlo en 2126. Por más que su enorme tamaño imponga, si pudiésemos «amansarlo» y depositarlo sobre el océano veríamos que este cuerpo flota, a raíz de su baja densidad.

Puesto que bien, toda vez que lo hace, y que se aproxima al llamado perihelio, el calor y la radiación solares no solo hacen que de él nazca una cola de decenas y decenas de miles y miles de quilómetros de largo, tan peculiaridades de los cometas. Además de esto, el calor sublima el hielo (lo convierte en gas), generando géiseres y estallidos en la superficie del cometa. Por esta razón, en el ambiente se produce una nube de partículas de polvo, agua y hielo que continúa en la retagaurdia del cometa, tiempo tras este pase por un sitio.

En verdad, se puede decir que los cometas dejan tras sí un anillo muy sutil de restos que se marchan amontonando toda vez que recorren las cercanías del Sol, durante su órbita. De ahí que, el año 2126 y consecutivos habrían de ser mejores para poder ver Perseidas, pues el Swift Tuttle «recargará» su nube de polvo.

Fuente: ABC.es

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