El weblog Toledo Olvidado y su autor Eduardo Sánchez Butragueño prosiguen empeñados en que no nos olvidemos que hubo un tiempo en que el Tajo era un río de veras, limpio y caudaloso y en el que, aun, se hacían competiciones y concursos. Hace algunos días publicaba un vídeo grabado en formato super-ocho en los 70 en el que una familia toledana pasaba un día de verano gozando del agua, nadando, jugando y tomando el sol, una estampa rutinaria en muchos lugares del planeta que, no obstante, impactó a los toledanos del siglo veintiuno que llevan décadas padeciendo la humillación de su río. Unas imágenes que provocaron, aun, la reacción de la vicepresidenta cuarta del Gobierno de España y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que respondió en redes sociales a «Toledo Olvidado» manifestado que no sabe si se recobrará el baño en el Tajo, mas «sí un río limpio y con caudal adecuado».

Sánchez Butragueño, últimamente escogido directivo de la Fundación Toledo, se mostró sorprendido por la influencia del vídeo mas asimismo «feliz» de que sirviese a fin de que «el drama del Tajo esté en las agendas de los gobiernos nacional y regional». «Ojalá sirva para, verdaderamente, mudar la activa de la administración del río», afirmó.

En el mes de enero, «Toledo Olvidado» nos contaba la historia del Club Naútico de Toledo, fundado en 1932, con unas bellas imágenes de un Tajo irreconocible, lleno de vida, con bañistas saltando desde un trampolín y con jóvenes divirtiéndose en la playa de Safont. Y este sábado ha colgado la historia del Club Milcar que, un año después, en 1933 inauguró el dueño de la Casa del Diamantista, Ángel Aguilar, para gozar del Tajo con competiciones y saltos de trampolín. «Era Toledo por entonces una urbe volcada con su río, orgullosa de él y dedicada a su empleo y disfrute, como la existencia de estos clubes señala. Enfrente de la casa, el club edificó en la otra ribera una caseta y sus miembros cruzaban nadando de un lado a otro en las largas jornadas veraniegas refrescándose y haciendo deporte a la vez», recuerda.

Explica que el 16 de julio de 1933 se inauguró un nuevo club de recreo en Toledo y, su dueño, Ángel Aguilar, organizó una celebración con competiciones náuticas y saltos desde el trampolín instalado en uno de los torreones de la Casa de Diamantista. Conforme le ha contado a Sánchez Butragueño su bisnieto, el nombre de Milcar era un homenaje a sus hijas gemelas, cuyos nombres eran Milagros y Carmen.

Cuando el creador de «Toledo Olvidado» descubrió la historia de este club empezó, como siempre y en toda circunstancia, a rastrear imágenes en las que se pudiese querer su actividad y también instalaciones y, cuenta que, afortunadamente, entre las miles y miles de fotografías que ha tenido la fortuna de poder difundir estos años, recordó el documental que el enorme geógrafo Gonzalo de Reparaz efectuó exactamente ese verano de 1933. «Vi las fotografías detenidamente y…voilà!, allá estaban la caseta, los bañistas y la Casa del Diamantista aguardándome, expectantes de ser salvados para la historia más de 80 años después». De esta forma, Sánchez Butragueño usando su memoria, sus ilusiones y sus fotografías, a las que lleve años ligado, prosigue combatiendo por medio de su weblog por la restauración del río y, además de esto, lo hace con la ilusión de «poder verlo renacer cualquier día con un Tajo vivo».



Fuente: ABC.es

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