Los 1.214 quilómetros de frontera entre Portugal y España están cerrados desde el pasado 31 de enero, y de esta forma van a seguir cuando menos hasta el sábado 1 de mayo, data en la que debería entrar en vigor una renovación de la clausura o bien, por contra, una apertura que miles y miles de personas esperan como un maná económico.

De Galicia a Andalucía, pasando por Zamora, Salamanca o bien Extremadura… la actividad económica languidece sin el tránsito de los portugueses que pasan para adquirir, con singular incidencia en los graves perjuicios para la hostelería y para las estaciones de servicio, viendo que cientos y cientos de vecinos acostumbraban a cruzar con tal de adquirir comburente más asequible (incluido aprovechar que las bombonas cuestan 13 euros, en vez de los 35 que se pagan en suelo luso).

Las localidades que salpican La Raya (como se conoce a la frontera popularmente) están agobiadas, y no es para menos: solo entre el Algarve y Huelva las ventas en los comercios han caído entre un 40% y un 50% durante estos meses.

Nada extraño, por lo tanto, que sus alcaldes echen chispas, tal como retrata el edil primordial de Fuentes de Oñoro (Salamanca), Juan Carlos Suárez-Quiñones, con una entendible contundencia: «El cierre de la frontera es ilegal». Unas palabras que repercuten en la idea de que absolutamente nadie comprende de qué forma posiblemente continúen abiertos los accesos a Francia, mas no a Portugal.

Otro regidor que se muestra preocupadísimo es el de Rosal de la Frontera (Huelva), Antonio Carlos Vázquez, quien habla sin tapujos de «ruina económica» y especifica una lista de gremios perjudicados en la zona que va de los restoranes a las carnicerías, cuyas existencias de cerdo ibérico no se venden tan veloz como anteriormente.

La economía apenas soporta ya el yugo de la clausura, se encuentra asfixiada de norte a sur, y de esta forma lo refleja la parálisis que se vive en Elvas, agonizante sin las decenas y decenas de ciudadanos de Badajoz que habituaban a desplazarse en su vehículo para ir a comer o bien cenar.

Solo se deja el paso a los trabajadores transfronterizos, a quienes transportan mercaderías y al personal de los servicios de emergencia… mas siempre y en toda circunstancia mediante los puestos autorizados, que no son todos y cada uno de los existentes ni tienen exactamente el mismo horario. Se calcula en unas 150.000 el número de personas que, solo en Galicia, radican en un lado y trabajan en el otro.

Se habilitaron últimamente 2 casetas más a fin de que la gente pueda cruzar asimismo con todas y cada una de las garantías mediante Vinhais, lindante con Zamora, y Ponte da Barca, en frente de Galicia. Y es que se han venido manifestando consecutivas protestas por el hecho de que cientos y cientos de personas debían desplazarse abundantes quilómetros hasta localizar un sitio homologado caso de que cumpliesen los requisitos para trasladarse.

La lista de puestos fronterizos abiertos se considera deficiente para atender todas y cada una de las eventualidades, dado el alto tráfico de personas que se dirigen de un país a otro de manera constante. Los hay, además de esto, que cierran a ciertas horas, con lo que los usuarios no tienen más antídoto que recorrer hasta 100 quilómetros para lograr el próximo punto de control.

Los 7 puestos oficialmente reconocidos siguen operando durante las 24 horas, siempre y cuando los viajantes asistan adecuadamente acreditados.

Se trata de los pasos situados entre Vilar Formoso y la provincia de Salamanca, Caia y Badajoz, Vila Verde de Ficalho y Huelva, Castro Marim y Ayamonte, Quintanilha y Zamora, Vila Verde da Raia con Galicia y Valença do Minho, del mismo modo a las puertas de la frontera gallega.

De la misma forma, se pusieron en funcionamiento por franjas horarias los pasos lindantes entre Marvao y Badajoz (de 6 de la mañana a 8 de la tarde, de forma ininterrumpida) o bien entre Monçao y Galicia, de seis.00 a nueve.00 y de 17.00 a 20.00, en tanto que está enfocado al tránsito por motivos laborales.

Esta premisa rige en los 2 nuevos polos que se han añadido en la zona gallega: Melgaço y Montalegre, puesto que el tráfico cara Ourense y Pontevedra es el que mayor volumen presenta. Vinhais, en los aledaños de la provincia de Zamora, y Ponte da Barca, perteneciente al distrito de Viana do Castelo, se añaden con el objetivo de aumentar las posibilidades.

Fue el pasado 31 de enero cuando se comenzaron estas nuevas limitaciones, aplicadas en un país que ha ido de más a menos en el acierto de su administración de la pandemia.

Los portugueses empiezan a intranquilizarse por el trascurso de los meses y la persistencia en las medidas represivas, que solo alargan la agonía económica y social. Cierto que las cantidades ofrecen un panorama de desarrollo no demasiado intenso, mas la incidencia prosigue siendo muy elevada y los ingresos por coronavirus todavía deben bajar considerablemente más en los primordiales centros de salud de Lisboa y Oporto. En consecuencia, se sostiene la inseguridad económica.

Fuente: ABC.es

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