Es el español más galardonado por la NASA. Atesora ya 60 APOD, que son las imágenes del día que destaca la agencia espacial. Su mirada diferente le ha valido el reconocimiento internacional. En su «paleta» solo cabe, como él mismo dice, el arcoiris, los colores reales de lo que ve a miles y miles de kilómetros. Descubrimos gracias a este murciano el color real del hidrógeno, por qué algunas imágenes se ven azules, otras amarillas… Todo tiene una explicación y no, no es Photoshop, son los colores reales y con un distintivo propio: no hace catálogos de los objetos del espacio, sino paisajes, «paisajes estelares» que pueden verse en su exposición en el Planetario de Madrid, donde explicó ayer «Los colores del cielo profundo» en un acto organizado por Obra Social La Caixa. –¿Qué pensó al ver por primera vez una imagen suya como la mejor del día? –Alegría. Fue con «La nebulosa de la cabeza del caballo azul». Le prometí a mi mujer que en cuanto me diesen un APOD lo dejaba, pero… –Ningún español ha logrado tantas, ¿no? –Hasta ahora, no. Hay dos o tres que tienen bastantes, pero 60 no. ¡Soy el number one! Y menos en tan poco tiempo, porque el segundo español creo que tiene 50 desde 1997, yo empecé en 2009. –¿Algún consejo para futuros astrofotógrafos? –Que se apunten a un club de astronomía local para empaparse un poco de ella sin hacer una inversión, por si luego no les interesa tanto. –¿Es lo que hizo usted? No (se ríe). Te cuento la anécdota de cómo llegué yo a la astrofotografía: iba con mi familia por una carretera por la costa californiana y mi mujer abrió el techo del coche. Al ver un montón de estrellas me dijo: »Tienes que parar». Tenía 35 años y vi un cielo como no lo había visto en mi vida con la Vía Láctea clavada… Una de las primeras cosas que me planteé es si se podía hacer una foto. Intenté hacer algo con una cámara de andar por casa. El resultado… feísimo, aunque lo justo para intrigarme. Al día siguiente fue meterme en internet y ya enganchado de por vida. –¿Es muy caro? –Con menos de mil euros puedes empezar, pero si quieres más… –¿Cuál es su secreto? –La curiosidad. –¿Qué es lo más difícil? –Para la mayoría de las personas, no necesariamente para mí, es encontrar el tiempo. Cuantos más datos consigas, cuanto más tiempo estés haciendo una exposición, con más detalles saldrá la foto. Porque la astrofotografía la realizas de noche, cuando no hay Luna y está despejado. –¿Cuánto tiempo puede tardar en hacer la foto que quiere? –Según el proyecto y la imagen. Hay fotos que hago en una noche y otras que me llevan meses. –¿Por qué se modifican las del espacio? ¿Es para hacerlas más impresionantes o para ver la composición (hidrógeno, polvo, carbono…)? –Cuando haces una foto de esa luz que está tan lejos y que es tan débil aunque le eches muchas horas, luego al abrir esa foto en el ordenador solo ves unos puntitos que son las estrellas y el resto es negro. Después, tienes necesariamente que subirle el brillo a esa imagen para poder hacerla visible. Luego debes hacer un balance de color, porque cuando tomas los datos desde tan lejos quizá coges más del rojo que del verde. Realizas un balance de color y ahí ya cada astrofotógrafo usa un criterio. El mío se basa en hacer un balance donde el fondo del cielo quede como neutro y al aplicar ese cambio de color sobre toda la imagen me saca los colores, los reales. –¿De qué color son las estrellas, las nebulosas? –Ven a mi exposición (se ríe). Te explico: ¿ves toda la cantidad de nubes rojas que hay en la foto de la Constelación de Orión? Esas nubes son realmente rojas porque las de hidrógeno emiten luz roja. Si ves azul suele ser porque hay una estrella azul cercana a esa nebulosa e ilumina el polvo y le da ese color. Si la estrella es amarilla, la ves amarilla. –No es su caso, pero no siempre se respetan todos los colores. –He visto fotos de la Nebulosa de Orión de todos los colores posibles y no porque sea así. Hay gente que por desconocimiento, por atrevimiento o por gusto personal asigna colores quizá un poco más aleatoriamente, pero no es mi caso ni el de muchos astrofotógrafos. –¿Es igual de bueno haciendo fotos terrestres? –Hago paisajes nocturnos, pero durante el día no me salen las fotos (se ríe). Mi mujer me dice que «parece mentira con lo famoso que eres con tus fotos y luego una de tus hijas no te sale bien». –¿Con cuál se queda? –Cada foto ha representado una curiosidad y un reto diferente. Podría decir que la Constelación de Orión es mi favorita porque supuso mucho: un reto, una imagen que nunca se había visto antes, pero luego tengo otras que me han provocado eso mismo y espero que haya más en el futuro. No dejarlo. O mejor, me quedaría con La nubes de Andrómeda: muestra cosas que nunca se habían visto antes, pero es que llegó como una sorpresa para todo el mundo, incluido yo. La galaxia de Andrómeda es la más fotografiada por los terráqueos, la más estudiada, y de repente sale aquí este chaval de Murcia con una nubes rojas que nunca se habían visto. Son rojas y están ahí, en dirección a Andrómeda, no en la misma galaxia. Es una imagen que hice en 2017, con lo cual ya era un poco veterano. Y fue como decir: ¡eh, que todavía estoy aquí dando guerra! Prácticamente no hay fotos de esas nubes porque son tan débiles y la galaxia tan brillante que nadie las prestaba atención y resulta que sí las hay y nos enteramos hace dos años. –¿Qué diferencia hay técnicamente entre la foto del agujero negro del centro de la galaxia, el llamado donut, y las suyas? –Son muy diferentes. La del donut es sintética, yo capturo luz visible. –Volviendo a su técnica, ¿cómo lo logra? –Hago RGB, que consiste en usar una cámara que es monocroma, que no captura el color, sino toda la luz. Para poder conseguir color hago una toma de ese campo que solo recibe luz roja, luego otra que únicamente recibe luz verde y otra que recibe luz azul. Entonces combinas esas tres para formar el color y te da todos los del espectro que hay en esa imagen. No son colores falsos. Son los reales del espectro visible, del arcoiris que llamo yo. Las del Hubble, en cambio, no usan filtros RGB, sino filtros de elementos químicos. Hacen una foto y capturan solo el hidrógeno y aunque suele ser rojo, en la paleta del Hubble se lo asignan verde. Es lo que se llama color falso, pero les ayuda a distinguir los elementos químicos de esa nebulosa. –Sus imágenes no son solo colores reales. Usted ha revolucionado este campo. –Por la composición. Cuando empecé hace 12 años miraba las fotos y veía que el 90% o más de las astrofotos seguían el mismo patrón: una de una nebulosa, de una galaxia, con el objeto en el centro. Esto no es fotografía, es un catálogo. Había visto imágenes de estos objetos por separado pero no una imagen con las dos juntas. Empecé a hacerlo por curiosidad, por ganas de ver esos paisajes de ahí arriba. –¿La definirías así? –Las definiría como paisajes estelares, no como catálogos.

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