De qué manera ha alterado la historia. Aquella inocente joven que veíamos ‘años A’ en ‘Juego de Tronos’ se nos ha transformado en una guerrera, una aspirante al Trono de Hierro con una incontrolable sed de venganza, resultado de su periplo por la vida. Y es que la madre de dragón(es) no ha llevado una vida en especial vivaz… La vendieron, se crió a la vera de un hermano atroz, le impusieron un marido que no solicitó, Khal Drogo, y que, además de esto, la violó reiteradamente.
Su padre, además de esto, era conocido por el apodo de Rey Desquiciado y por otro detalle: abrasar a la gente. A ella, a propósito, estuvieron a puntito de quemarla viva. Tras sus sacrificios por crear una armada, su ejército de Dothrakis se difuminó en cuestión de segundos en el frente a frente con los Paseantes Blancos. El Rey de la Noche, aun, volvió zombie a uno de sus dragones y Cersei le mató a otro en un visto y no visto.

Si por aquel entonces le hubiesen dicho que asolaría con todo…
(Paul Schiraldi)

Sin ejército, sin 2 de sus ‘hijos’ y ahora además de esto, sin su mejor amiga, degollada por su mayor oponente. Y agregamos al coctel molotov otro ingrediente: la traición. Daenerys es traicionada por el amor de su vida, Jon Snow, y por su mano derecha, Tyrion. ¿Qué más le puede pasar? Que su enamorado sea, ni más ni menos, que su sobrino.

Sería extraño que, tras todo, no tuviese ganas de abrasar Desembarco del Rey y, si dispusiese de más tiempo, el planeta entero; de coger el único dragón que le queda, Drogon, y arrasar todo cuanto se le pone por delante. Su deseo de liberar a los oprimidos de las garras de los déspotas, su deseo de regirlos a todos, es mayor a la vida de esos inocentes que se marchan quemando al paso de sus resoluciones.
“Merezco el poder, ocupar el trono, ser la dueña de los 7 Reinos”. Es su objetivo vital, y va a por todas y cada una. Además de esto, siente una saña infinita por la hechicera de Cersei, que está allá, en la distancia, en lo más alto, y que se ha llevado la vida de Missandei y la de uno de sus dragones. Y no atiende a razones. Subida a Drogon, su furia va ‘in crescendo’. No afirma nada. Tan solo vemos de qué forma su cara cambia por instantes. Y la cólera sale por sus ojos, y por la boca del dragón. Ella ya no es Daenerys. Es su dragón.

Deseábamos fuego

Muchos espectadores quedaron perplejos con la transformación de Daenerys en el capítulo 5. Seguramente pensaron en esos progenitores, ahora quizá arrepentidos, que pusieron Daenerys a sus hijas; esas 57 mujeres que se llaman de esta manera en España, o bien al menos, hasta la emisión del episodio.

Su deseo por liberar a los oprimidos es demasiado fuerte

Su deseo por liberar a los oprimidos es demasiado fuerte
(HBO)

Ahora bien: no podemos negar que, en el fondo, deseábamos marcha. Deseábamos ver destrucción, sangre, fuego. ¿Quizás no nos ha habituado ‘Juego de Tronos’ a eso? Los autores nos lo ofrecieron en bandeja, y a Daenerys, lo sabemos, le va el fuego. ¿O bien es que absolutamente nadie recuerda, episodios atrás, cuando Dany sale íntegra de las llamas, acompañada de sus 3 dragones, tras la muerte de su marido? “Yo soy Daenerys de la Tormenta, de la casa Targaryen, de la sangre de la vieja Valyria, soy la hija del dragón, y a todos y cada uno de los que nos hagan daño, les voy a escuchar gritar”. Puesto que eso.

Ella es de esta manera. Hasta las últimas consecuencias. Y que absolutamente nadie dude que las habrá: Arya se dirige hacia ella. Y Jon Snow tampoco está contento con el viró de timón de su amada. ¿Debe abonar por esta razón? Lo vamos a saber esta madrugada.

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