«Algo se va a mover si hay elecciones». Es un mantra que se escucha en el Partido Socialista Obrero Español o bien al que recurren asimismo los empresarios para proteger una reiteración electoral que les distancie la sombra de un Gobierno del Partido Socialista Obrero Español y Unidas Podemos. Y es una reflexión que asimismo entra en el análisis interno que hacen en el Partido Popular y en Ciudadanos (Cs), si bien en esta recta final ya antes de una nueva disolución de las Cortes absolutamente nadie se baje del «no es no» a Pedro Sánchez. Por poco que cambiara el reparto de escaños en unas nuevas elecciones, si llegan a confirmarse, deberá haber movimientos, inevitablemente. Y todas y cada una de las partes implicadas aceptan que la carga de la prueba ya no va a estar tan centrada solo en Unidas Podemos. En el margen que dejen siempre y en todo momento los resultados. En verdad, Partido Popular y Ciudadanos se juegan en esos resultados que aumente o bien reduzca sobre ellos la presión a fin de que faciliten un Gobierno de Sánchez, de cumplirse las previsiones. O sea, que sostenga una mayoría, no suficiente, y necesite apoyos externos para superar la investidura. En las semanas de verano hay quien ha escuchado aun a Pablo Casado meditar informalmente sobre la posibilidad de que fuera el Partido Popular el que tuviese que dar el paso de facilitar la investidura. En un escenario en el que se encontrase en exactamente la misma situación que estuvo el Partido Socialista Obrero Español en el primer mes del verano de 2016. El líder de los populares sabe que es una resolución que no desea la mayor parte de su partido, que les divide. Mas asimismo ha escuchado voces que le han dicho que podría ser un ademán para ejercer el liderazgo y distinguirse de forma substancial de Albert Rivera. El golpe terminante, murmuran ciertos, pues en política hay que ser valiente y el liderazgo asimismo se ejercita con resoluciones de esta clase, si bien no sea costumbre verlas en la política de España. «El golpe de la política tradicional a la nueva política». El presidente del Partido Popular ha ganado mucho poder en su partido en los últimos meses. Ha perdido muchos escaños, aunque está más fuerte que ya antes de las primeras generales a las que concurrió como aspirante del Partido Popular. Mas en su ambiente aceptan que aún no tiene «el control absoluto» y que debe andarse «con cuidado» para administrar debates incómodos, como lo es este de la abstención. Representa una amenaza de fractura, frente a unas elecciones sobre las que en el Partido Popular afirman que «tienen poco que ganar viniendo de donde vienen». Salvo derrumbe de Ciudadanos. Las negociaciones de los acuerdos autonómicos han tolerado que el Partido Popular salga bendecido con la auréola de partido de gobierno, de este modo se escribe la política, y que oculte bajo esos pactos poselectorales la caída en votos y los malos resultados de los últimos comicios. En definitiva, para el Partido Popular es definitivo que si hay elecciones, Albert Rivera naufrague en ellas. Justo lo preciso para que si se demanda costalero de Sánchez, los empujones se dirijan contra la capacitación naranja y no contra ellos. Siempre y cuando dé la suma, como ocurre hoy día. Por una parte, esto soluciona la competencia por el liderazgo del centro-derecha. Mas asimismo libra al Partido Popular de la «patata caliente» de dirigir las presiones para desbloquear el gobierno. La confianza de los populares está puesta en este escenario, como salida idónea para no tener que encarar la «guerra» que supondría proponerse una abstención que dejara regir a Sánchez. Al Partido Socialista Obrero Español le costó su liderazgo. En el Partido Popular no sería considerablemente más simple de solucionar el problema. «Si vamos a elecciones y se sostiene el bloqueo, la presión por la abstención se abriría sobre todo para Ciudadanos pues son los que bajan. Sobre nosotros asimismo, mas menos, toda vez que subamos. En el Partido Popular es un inconveniente interno. Ya no solamente se trata de estrategia política, sino más bien de supervivencia de la cohesión. La gente no desea la abstención. Si bien haya quien arriba hace cálculos más intelectuales. Mas para las vísceras, la abstención es indigerible». La reflexión es un líder autonómico, que acepta que otros compañeros suyos no ven tan trágica la posibilidad de que fuera el Partido Popular el que pusiese en marcha la legislatura. Siempre y cuando hubiese condiciones anteriores, muy duras, y en el último instante. En todo caso, lo que se plantea como un inconveniente para el Partido Popular, en el caso de Cs es una bomba de relojería que ha dejado ver señales de una explosión inminente. Si Sánchez sale reforzado, y Ciudadanos desgastado, los de Rivera van a tener realmente difícil soportar la presión. En el Partido Popular puede haber división, mas Cs podría quedar dinamitada interiormente por firme que se sostuviera la corte de fieles de la que se ha rodeado Rivera en estos últimos meses. Las estructuras, las bases y los cargos intermedios que rodean a esa corte vacilan de la estrategia del «no es no». Existen muchos casos de personas que se sienten más cercanas al Partido Socialista Obrero Español que al Partido Popular, y qué decir de Vox, los 2 compañeros de viaje a los que sí ha admitido Rivera tras el último examen en las urnas. Y los alegatos oficiales no pueden tapar el hecho de que dentro asimismo aceptan que Ciudadanos ha dado un giro. Que nacieron «para otra cosa», para ser partido de centro, regenerador de derecha y también izquierda, mas con puentes cara las 2 partes toda vez que se respetara su programa. Las elecciones las carga el demonio, mas para todos. Savater, Azúa y Vargas Llosa, convidados a ser parte de España Suma El Partido Popular de Pablo Casado insiste en su idea de gran alianza bajo la marca España Suma para hacer en frente de Pedro Sánchez. Mas no solo desea integrar a Ciudadanos, pues además de esto ha convidado a participar a 7 partidos regionalistas, a los socialistas descontentos con el presidente en funciones y ahora, conforme El Planeta, va a tratar de persuadir a intelectuales cercanos al partido de Albert Rivera para hacer realidad la «refundición» del centroderecha. Es el caso de los pensadores Fernando Savater y Félix Azúa, los escritores Félix Ovejero, el Nobel Mario Vargas Llosa y Andrés Trapiello o bien el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, ideólogo de la capacitación naranja, de la que se dio de baja. Mientras que, el Partido Popular llevó el día de ayer al Congreso de los Miembros del Congreso de los Diputados, por vez primera, el discute de ideas de España Suma. La enorme novedad del acto fue la presencia, como comunicante, de la ex- líder de Unión Progreso y Democracia Rosa Díez, que afirmó extrañar la política, y Alejo Vidal Quadras, quien aseguró que «este PP» le «gusta más» que el de Rajoy.

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