Algunos optimistas díscolos creen que la alianza entre el Partido Socialista Obrero Español y Podemos da las últimas boqueadas. Esta semana de nada se ha hablado más, en las galerías madrileñas de los susurros, que de la bronca entre unos y otros. El último ataque de la batalla intestina comenzó con la llegada de Bildu a la sala de máquinas del Estado. Una buena parte del Gobierno se estremeció. Sánchez debió sosegar por carta a la militancia de su partido tras haber mandado silenciar a los barones inquietos. El inconveniente no era solo la complicidad con los herederos de ETA, sino más bien la creciente capacidad de Iglesias para arrastrar a los socialistas a un extremo del tablero. El líder podemita ya no pastorea solo a sus 35 miembros del Congreso de los Diputados, sino más bien a los 53 que resultan de la suma Podemos, Bildu y Esquerra. Con esa guarnición ha impuesto su ley. Primero expulsó a Ciudadanos de la reja de los requiebros presupuestarios y después trató de descoser ciertos pactos que estaban hilvanados con el ámbito moderado del graderío. De ahí la enmienda, en comandita con sus triunviros, a la prohibición de los desahucios. Andoni Ortuzar, presidente del PNV, le puso voz al deseo de muchos socialistas. «Si fuera el presidente del Gobierno —dijo— pegaría un puñetazo en la mesa». La chulería de Iglesias, de hecho, había llegado demasiado lejos y urgía frenarle en seco.

En una acción ordenada —se supone que por Sánchez, mas vete tú a saber—, 5 ministros comparecieron para orear sus diferencias con Podemos: Calviño, Escrivá, Campo, Maroto y Robles. De todos , la ministra de Defensa fue la más explícita. Le recordó a Iglesias que no era el presidente del Gobierno y que no se puede estar, al tiempo, en el banco azul y en el tendido de la Oposición. La contestación no se hizo aguardar. Horas después, la líder podemita Ione Belarra, secretaria de Estado de la Agenda 2030, le dedicaba a Robles un tuit que sonaba como un obús: «cuando eres la ministra preferida de los poderes que desean que el Partido Popular rija con Vox, tal vez estés haciendo daño a tu gobierno». La estridencia de la contestación convulsionó a la porción del Consejo de Ministros que no se habla con la otra. Jamás, hasta el momento, las discrepancias de los asociados de alianza habían llegado tan lejos. El contexto no ayuda a atenuar el enfrentamiento. Podemos viene de ganarle a Ciudadanos la batalla de los Presupuestos, ha impuesto frente al criterio de los barones del Partido Socialista Obrero Español la normalización de Bildu y ha secundado activamente la intención de ERC de liquidar al castellano como lengua vehicular en Cataluña. Las palomas están hartas del progresivo influjo de los halcones en la política gubernativo y han dicho basta.

Se supo que la reacción del llamado ámbito moderado tenía más entidad que otras veces cuando PNV y JxCat arrastraron a una enmienda conjunta en defensa de la escuela concertada a los 3 partidos del bloque de la derecha. La idea de que PNV y Ciudadanos pudiesen aparecer juntos en un duelo contra Sánchez hizo que se tambaleasen los cimientos de La Moncloa. Era un secreto conocido que los ministros que detestan a Podemos estaban incitando a Aitor Esteban y a Inés Arrimadas a fin de que ayudasen a pararle los pies a Pablo Iglesias. La presión indirecta surtió efecto. Sánchez llenó de piropos al portavoz peneuvista en la sesión de control del miércoles y, al día después, Esteban compareció para confirmar que el Gobierno había admitido el bulto de enmiendas, incluyendo la de la eliminación del impuesto al gasoil, que su conjunto parlamentario había presentado a los Presupuestos. De esa forma, el presidente del Gobierno mandaba un mensaje de calma a los que demandaban de él un ademán de moderación en sus coaliciones. Ahora, la batalla continua con el inconveniente de la inmigración en Canarias.
Podemos se subleva en frente de la demanda europea de impedir el traslado a la península de los inmigrantes marroquíes y amenaza con otra zapatista. ¿Se van a romper las costuras de la alianza? Pincho de tortilla y caña a que no. El poder lo suelda todo.D

Fuente: ABC.es

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