Desvelado el último misterio de John le Carré


Proyecto Silverview‘, la novela póstuma de John le Carré, es un thriller polémico y una denuncia sobre la corrupción en los círculos de poder, con grandes dosis de ironía, acción y realismo. Pero es además un libro al que el hijo del autor, Nick Cornwell, se siente «emocionalmente muy apegado», ya que en sus manos cayó la tarea de darle forma al manuscrito que su padre había dejado casi listo para ver la luz. El reconocido autor de novelas de espías falleció de una neumonía en diciembre del 2020 en su casa en la localidad de Cornualles, a los 89 años, pero su legado sigue vivo a través de una larga historia de publicaciones y de

 este libro, que Planeta publicó este 12 de enero en España. En una sentida entrevista en la que no escatimó en elogios para su padre, Nick Cornwell hizo un recorrido no solo literario sino muy personal por la vida de un hombre que marcó la suya propia. Es ahora el hijo la voz del padre, el que da entrevistas, da la cara y entrega a los fans del autor la última de sus obras, que considera «un magnífico punto y final» para una carrera prolífica con casi una treintena de novelas publicadas.

Sin embargo, ‘Proyecto Silverview’ tardó varios años en ver la luz. Escrita en 2014, estuvo guardada desde entonces. «Escondida, aunque su escondite no era secreto». dice entre risas Cornwell en una videollamada en la que su madre, el Brexit y los servicios secretos británicos son parte de la animada conversación en la que esta novela póstuma, que ha sido alabada por la crítica, es la absoluta protagonista. «Como libro, estoy encantado con lo que es. Es un emocionante reflejo de sus primeros trabajos, y de alguna manera también es una destilación de su trabajo posterior», señala, y añade que «es algo típico de la escritura realmente poderosa que a medida que el escritor evoluciona y envejece, las cosas se vuelven más potentes, y estoy muy feliz con ello. Creo que es muy interesante. Es simplemente muy bueno. Sabía que el libro existía. Desde que lo escribió, supe que estaba completo, pero no terminado. Y sabía que yo le había hecho la promesa un poco loca de que si moría con algo sin terminar, lo terminaría. Ya sabes, es algo que dices cuando tu padre te pregunta ‘¿Terminarás mi libro si muero?’

La guinda del pastel

Y por supuesto que lo hizo. Es esta la guinda del pastel de una carrera en la que tuvo mucho que ver Jane, esposa del autor nacido con el nombre de David John Moore Cornwell en el condado de Dorset (Inglaterra).

Para Cornwell, estar listo para leer la novela tras la muerte de su padre fue algo que hizo solo uno o dos meses después de su muerte sin pensar más si estaba listo o no para hacerlo en pleno duelo. «Uno de los pocos consejos profesionales que me dio realmente en serio fue que si eres un escritor profesional, trabajas cuando llueve, cuando hace sol, en medio del dolor, en la alegría, borracho, sobrio, enfermo…» Y eso fue lo que él hizo al cumplir su promesa. «Fue un consuelo poder hacer eso, lo que me dijo cien veces mientras estaba vivo: haz el trabajo. Eso es genial. Es maravilloso», recuerda, sin poder, o quizá sin querer, ocultar todas las emociones encontradas ante una novela que era al mismo tiempo una despedida, no solo de su padre, sino también de su madre, compañera infatigable de Le Carré, correctora, creativa, amante, y que tras años de una relación intensa, de la que nacieron cuatro hijos, falleció solo un par de meses después que él.

«Lo que había entre ellos, ese proceso de entrelazamiento, comenzó antes de que yo naciera y continuó a lo largo de mi vida. Y creo que fue, en cierto modo, un golpe de suerte para ambos el conocerse». Y es que el primer encuentro mágico entre ellos «es cuando ella entendió un libro que él estaba escribiendo y que se le había desmoronado en las manos, y él no sabía cómo volver a armarlo». Resolvieron juntos aquel primer puzzle. «Ella hizo que funcionara para él nuevamente. Y eso fue lo primero que sabemos sobre su relación. Realmente se amaban, y esto fue lo único que fue constante en su vida».

Herido por sus padres

«Mi padre estaba muy herido, todavía, por sus padres, y muy quebrantado. Fue un sobreviviente de algunas cosas familiares realmente terribles», que decidió cambiar de dos formas: con la escritura y con su vida familiar. «Ella reconoció de inmediato que si quería estar con este hombre de una manera significativa, la clave era el trabajo. Y así se convirtió en parte del trabajo. Y desde el momento en que lo logró, ella siempre tuvo ventaja sobre cualquier otra persona».

Y así fue como construyeron «la familia, la casa, el hogar, el ambiente que hicieron juntos, las cosas que se volvieron indispensables para ambos, que conscientemente y, juntos, construyeron una relación funcional de la manera más extraordinaria. Y ella era parte del trabajo, era parte del proceso creativo».

Tanto así, que Nick habla de una «melodía que se movía entre ambos, un baile tejido a través de cómo ambos pensaban y cómo vivían. Fue una conexión absoluta en muchos sentidos».

Consternado

En la literatura de este autor se mezclan así las emociones, la familia, la política… y, según su hijo, «estaba cada vez más consternado por la dirección que estaba tomando Gran Bretaña. Ese sentimiento no se fue. Creo que también estaba buscando un estado de ánimo literario que se adaptara a su vida y su momento, creo que la combinación de verdad y ficción es mucho más granular que cada pequeña experiencia individual en el libro que es verdadera o imaginada», explica.

Y esta última obra de arte es, según la califica Nick, «tensa, forense, lírica», la «fascinante historia de un encuentro entre la inocencia y la experiencia y entre el deber público y la moral privada». En ella, Le Carré «busca responder a la pregunta de qué le debemos a las personas que amamos», y tiene, según The Guardian, una «prosa nítida y una trama elaborada con precisión». La crítica asegura que el libro ofrece «la embriagadora sensación de una pista interna en un mundo sombrío» en la que «todos sus placeres habituales están aquí», y se desarrolla con «un ritmo y una tensión máximas. Tiene el sabor de todo lo que escribe. Y, sin embargo, es mucho más pequeño y ajustado, es menos complejo en términos de trama y más», dice Nick, reflexivo.

Gigante de la literatura

Este «gigante de la literatura inglesa», como lo llamó su agente literario, Jonny Geller, en el comunicado con el que anunció su muerte, hace ya más de un año, imaginó una historia cuyo protagonista, Julian Lawndsley, de 32 años, deja la vida de la ciudad para ocuparse de una librería en una zona tranquila frente al mar. Unos meses después de su cambio de rumbo, un emigrante polaco que vive en una casa a las afueras de la ciudad costera aparece en su vida de forma repentina y el librero acaba envuelto en una trama, como no podía ser de otra manera, de espionaje. Aunque según Nick, el paso de su padre por los servicios secretos fue «breve», lo marcó como para hacer de esas historias la fuente de la que brotaba su ficción.

Geller, que era además amigo íntimo del escritor, explicó en su momento que el autor había empezado el libro hace varios años pero lo retomó solo unos meses antes de morir. Como telón de fondo de esta novela, la número 26 de un autor que sigue creando auténtica pasión entre sus seguidores, está la historia geopolítica del siglo XX, en la que también hay lugar para la comedia, en el particular tono que el autor dominaba a la perfección. Polonia, Palestina, Yugoslavia, la Guerra Fría, Oriente Medio… Todos momentos históricos entrelazados con las vivencias de unos protagonistas que podrían ser cualquiera de nosotros o incluso él mismo, ya que, como escribió en sus memorias, «invento versiones de mí mismo». Como nota destacada, está el hecho de que en el universo típicamente masculino de Le Carré aparecen personajes femeninos de gran relevancia. Pero no al estilo James Bond, aclara su hijo.

«Su padre era un monstruo», comenta Nick durante la entrevista, abriendo en canal la historia familiar y el universo que moldeó la mente tras ‘Proyecto Silverview’ y tantas otras novelas icónicas. «Así que creo que la principal fuerza motriz que tenía mi padre, en cierto modo, era no era ser un monstruo. Cuando miras su escritura, cuando miras quién era, la compasión es lo que buscó todo el tiempo, lo que practicó todo el tiempo. Y eso impregna su escritura, impulsó su visión política. Y es muy fácil amar a alguien así», añade tras confesar que, cómo no, le «echa de menos. Lo cual no quiere decir que no fuera exasperante. Él era mi padre, ya sabes -dice de nuevo sonriendo-. Era divertido, era un gran tipo». Sus lectores más fieles seguro que también lo echarán de menos.


Fuente: ABC.es .

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