Placer, temor, asco… La cara refleja las emociones humanas de forma prácticamente universal. Por poner un ejemplo, si algo nos enfada, nuestros ojos se vuelven más estrechos, marcamos las arrugas de la nariz y el labio superior se distorsiona de forma asimétrica. Si algo nos sorprende, los ojos y la boca se abren como platos. Los bebés recién nacidos ya muestran diferentes expresiones faciales cuando están tristes, felices o bien enfadados. En aun podemos reconocerlas en los perros y gatos familiares. En contraste, las caras de otros animales nos semejan inexpresivas. ¿No existe nada que leer en ellas? Estábamos equivocados, como prueban los científicos del Instituto Max Planck de Neurobiología.

Los estudiosos han descrito por vez primera diferentes expresiones de emoción en las caras de los ratones. De forma afín a como ocurre con los humanos, la cara de un ratón se ve totalmente diferente cuando algo sabe dulce o bien amargo, o bien cuando se siente deseoso. Este descubrimiento, dado a conocer en la gaceta «Science», podría lanzar luz sobre los principios básicos de de qué forma se producen y procesan las emociones en el cerebro.

Usando la visión artificial, los estudiosos relacionaron 5 estados sensibles con las expresiones faciales de los ratones: el placer, el asco, las náuseas, el dolor y el temor eran meridianamente distinguibles para los algoritmos informáticos. Aun podían medir la fuerza relativa de estas emociones.

Expresión alegre
El estudio muestra que la expresión facial de un roedor no es solo una reacción al medioambiente, sino refleja el valor sensible de la causa que la desencadena. «Los ratones que lamieron una solución de azúcar cuando tenían sed mostraron una expresión facial considerablemente más alegre que los ratones saciados», explica Nadine Gogolla, quien dirigió el estudio. Mientras, los ratones que probaron una solución sutilmente salobre mostraron una expresión «satisfecha», al tiempo que una solución muy salobre condujo a una cara «disgustada». Desde estos y otros ensayos, los estudiosos concluyen que las expresiones faciales reflejan el carácter interno y también individual de una emoción.

No obstante, las emociones no son sencillamente una reacción a un estímulo externo: brotan por medio de mecanismos en el cerebro mismo. Los estudiosos observaron de qué forma la actividad neuronal en diferentes zonas del cerebro afecta a las expresiones faciales. Así, pudieron evocar diferentes expresiones en la cara de los ratones cuando activaron con luz áreas cerebrales concretas que se sabe que juegan un papel en el procesamiento sensible.

Neuronas sensibles
Conforme explican los autores, el primordial beneficio del descubrimiento de las expresiones faciales del ratón es que deja identificar los mecanismos que dan sitio a las emociones. «Los humanos podemos apreciar un cambio facial sutil en los ratones, mas solo podemos reconocer la emoción detrás de él con mucha experiencia y prácticamente jamás podemos determinar su intensidad», afirma Nejc Dolensek, autor primordial del estudio. «Con nuestro sistema automatizado de reconocimiento facial, ahora podemos medir la intensidad y la naturaleza de una emoción en una escala de tiempo de milisegundos y cotejarla con la actividad neuronal en áreas cerebrales relevantes». Una de esas áreas del cerebro es la corteza insular.

Cuando los científicos midieron la actividad de las neuronas individuales utilizando microscopía de dos fotones y simultáneamente registraron las expresiones faciales sensibles del ratón, algo sorprendente salió a la luz: las neuronas individuales de la corteza insular reaccionaron con exactamente la misma fuerza y precisamente al tiempo que la expresión facial del ratón. Además de esto, cada neurona individual estaba vinculada a una sola emoción.

Estos resultados sugieren la existencia de «neuronas emocionales», cada una de las que refleja una sensación concreta, por lo menos en la corteza insular. «Al registrar las expresiones faciales, ahora podemos investigar los mecanismos neuronales esenciales tras las emociones en el modelo animal del ratón», explica Gogolla. «Este es un requisito anterior esencial para la investigación de las emociones y los posibles trastornos en su procesamiento, como la ansiedad o bien la depresión».

Fuente: ABC.es

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