Autonomía, independencia económica y realización personal son ciertos beneficios que aporta el trabajo y de los que están privados el 26,2% de las personas con discapacidad que radican en España y que se hallan en situación de desempleo. Si es ya complicado lograr un contrato en un país con más de 3 millones de parados, la complejidad se multiplica para los 1.860.6000 ciudadanos que tienen alguna discapacidad. Obligados a derruir la barrera de los prejuicios, su inserción en los ambientes laborales aún queda lejos de ser inmejorable.

Ejemplos de buen hacer no faltan. Personajes públicos como el actor Jesús Vidal, Pablo Pineda, primer europeo con síndrome de Down en contar con un título universitario, o bien la medallista paralímpica Teresa Perales han probado que, con esmero y preparación, las personas con discapacidad pueden cumplir sus metas igual que cualquier otra.

Una idea que ha calado en las corporaciones más esenciales de este país. El VI Informe SERES-Deloitte, que examina 76 grandes compañías, revela que el volumen de inversión en proyectos de responsabilidad social vuelve a medrar en las compañías españolas al pasar de los 846 millones de 2017 a los 1.246 de 2018, o sea, un 47% más.

El documento refleja, además de esto, que el 86% de las compañías estudiadas integra personas con discapacidad en su plantilla. Mas algo prosigue fallando cuando la tasa de empleo de las personas con discapacidad es del 25,9% frente al 64,4% de la población general. Un patrón que se repite con la tasa de actividad, 42 puntos inferior a la de los no discapacitados, conforme el informe El uso de las personas con discapacidad, elaborado por el INE con datos del año 2017.

Mayor implicación
Si las grandes empresas han dado un paso al frente, ahora les toca al resto tomar el testigo. Desprenderse de ideas preconcebidas y estimar solamente la pertinencia del aspirante para el puesto requerido es indispensable para avanzar cara la plena inclusión. Este país va por buen camino, si bien falta dar el salto terminante.

«La conciencia social y de los directivos es cada vez mayor, mas hay mucho por hacer. Ciertos colectivos, como las personas con discapacidad intelectual o bien con problemas médicos mental de entrada pueden tener más contrariedades y precisan más apoyo para incorporarse a las empresas», asegura Pablo Rodríguez, codirector del conjunto de investigación «Inclusión social y laboral de personas con discapacidad intelectual» de la Universidad Autónoma de la capital española, que piensa que la falta de conocimiento es un freno a su empleabilidad: «Todavía en ciertos campos nos hallamos no solo con rechazo, que en ocasiones asimismo se da, sino más bien con temor por encarar el tema. La administración y las entidades de apoyo a personas con discapacidad tienen la responsabilidad de respaldar a las compañías para hacerles comprender que ese miedo es fruto del desconocimiento y que con un acompañamiento la inclusión laboral se ha probado que es exitosa».

Es más, en ciertas áreas de actividad pueden dar mayores rendimientos que un trabajador sin discapacidad. «Un ejemplo serían personas con sordera que trabajan en espacios de mucho estruendos donde un trabajador con audición completa no soporta bastante tiempo por el agobio que le produce. Algo semejante ocurre con personas con Síndrome de Asperger en el campo de análisis de software de fallos en programación, que deben buscar códigos madre. Para bastantes personas es muy desganado y para ellos en muchas ocasiones se transforma en un reto», explica Jordi Planella, catedrático en Pedagogía Social y directivo académico de la cátedra de Discapacidad, Empleo y también Innovación social de la UOC y la Fundación Randstad.

«Todavía en ciertos campos nos hallamos no solo con rechazo, que en ocasiones asimismo se da, sino más bien con temor por encarar el tema»

La clave pasa por tener una psique abierta y comprender que la contratación de personas con discapacidad no es cuestión de solidaridad, sino ayuda a la conveniente marcha de la organización. «Existen prejuicios con respecto a la aportación productiva que puedan efectuar. Además de dar un valor social a la compañía, contribuyen a su funcionamiento cotidiano», defiende Rodríguez, que insiste en estimar todas y cada una de las variables: «Se deben valorar las capacidades, lo que la persona puede aportar a la productividad, si bien las compañías asimismo deben tener en consideración la mejora del tiempo laboral. Al ver que la compañía tiene conciencia social, el trabajador se siente más involucrado».

Si las ventajas son múltiples –diversidad en la plantilla, bonificaciones fiscales por su contratación…– y los inconvenientes, una vez superada la primera fase de adaptación propia de cualquier nueva integración, son mínimos, ¿por qué razón no termina de despegar su inclusión en el planeta de la compañía? Alén de las renuencias que puede haber en ciertas organizaciones, hay un factor que lastra su contratación: la capacitación. Y es que, conforme los datos que maneja el Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo en España (Odismet) el 37,8% de los jóvenes con discapacidad no supera los estudios primarios y apenas el tres% de ellos accede a estudios superiores.

Las faltas en capacitación hacen que estas personas se vean abocadas a trabajos de menor cualificación y peor retribución. En verdad, el sueldo salvaje anual de los asalariados con discapacidad fue de 19.726 euros por trabajador, un 17% inferior a los 23.764 euros que perciben las personas sin discapacidad, conforme la encuesta El Sueldo de las Personas con Discapacidad (SPD) de 2017, elaborada con datos de las personas que tienen un 33% o bien más de discapacidad.

El 37,8% de los jóvenes con discapacidad no supera los estudios primarios y apenas el tres% de ellos accede a estudios superiores

«Muchas veces no pueden optar a determinados puestos no pues no tengan capacidad sino más bien pues no tienen la capacitación adecuada», apunta Miguel Ángel San Juan, portavoz de la Fundación JuanXXIII Roncalli, que hace una década puso en marcha un Centro de Capacitación para el Empleo en el que se han graduado prácticamente 700 pupilos. Dan una capacitación certificada a fin de que accedan a puestos más cualificados merced a la cooperación de empresas, tanto privadas como públicas, que la financian e inclusive tienen subscritos pactos con 2 universidades. La entidad asimismo da talleres a las compañías y a los compañeros que van a trabajar con las personas que tienen discapacidad. «A veces les tratan tal y como si fueran pequeños o bien les sobreprotegen y eso se debe evitar», apuntan.

En materia legislativa, entidades como la Confederación De España de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) defienden que la Ley General de Discapacidad, que fuerza a las compañías con una plantilla igual o bien superior a 50 trabajadores a agregar un porcentaje de profesionales con discapacidad no inferior al dos%, ha dado muy grandes resultados, mas «ya está acabada», con lo que solicitan una nueva regla que contemple, entre otros muchos puntos, un incremento de ese dos% de forma proporcional al tamaño de la compañía o bien una apuesta decidida para estimular y crear recursos en el medio rural. «Para las personas con discapacidad supone una doble discriminación por las contrariedades que produce de acceso a educación inclusiva y al empleo», apunta Daniel-Aníbal García Diego, secretario de Organización de COCEMFE.

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«En muchos sitios nos ven con discapacidad y semeja que solo somos eso»
El «no» ha formado una parte de su trayectoria profesional. Micaela Valeria Pagliani, de 35 años y con capacitación universitaria en el área de Administración, tiene una discapacidad física que genera contrariedades en el habla. «Iba a un montón de entrevistas y después no me llamaban», cuenta la joven.

«Me han llegado a decir que me recomendaban que resolviese mi inconveniente pues de esta manera no iba a llegar a trabajar en ningún lado», lamenta. Tras una experiencia negativa en el campo de la restauración, donde asevera que llegó a padecer mofas, decidió ponerse en contacto con la Fundación Adecco, que le ha ayudado a lograr su actual empleo en una compañía de correo, MailTeck, en la que trabaja desde el mes pasado de marzo y donde, al fin, siente que valoran sus estudios y juzgan solamente su desempeño profesional.

Espera que su historia sirva de referencia para otras personas que han pasado por situaciones afines y lanza un mensaje a toda la sociedad: «En muchos sitios nos ven con discapacidad y semeja que solo somos eso. Yo, una persona con el labio extraño y mi forma extraña de charlar. Me agradaría que dejen los prejuicios y que nos den la ocasión de integrarnos, se lo agradeceremos dando lo mejor de nosotros para no fallarles».

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