La mejor forma de eludir los daños que produce el tabaco es por medio de la cesación de este hábito. Incluso de esta forma, existen fumadores que, pese a sufrir alguna enfermedad, no están prestos a procurar parar de fumar, o bien no se ven capaces. En estos casos, hay técnicas opciones alternativas que pueden ser de ayuda, como reducir el número de cigarros diarios o bien la utilización de otros productos alternativos, que pueden llegar a reducir, en alguna medida, el daño que provoca el tabaco. En este sentido, en el marco del Día Mundial sin Tabaco, resulta esencial resaltar que en nuestro país hay una prevalencia de fumadores diarios de un 34%, porcentaje que aumenta si miramos en detalle a comunidades autónomas como Asturias (42%) o bien la Comunidad Valenciana (38%). Si bien sí que es verdad que son cada vez más los fumadores que hacen un esmero por parar de fumar. En verdad, desde el momento en que se rehabilitó la Ley 42/2010, de medidas sanitarias frente al tabaquismo, el porcentaje de personas que ha intentado cesar este hábito en algún instante, ha ascendido al 36%. Una proporción que ha ido en ascenso en los últimos tiempos, puesto que las encuestas efectuadas en 2009 y 2010 mostraban unos porcentajes de 25% y 31%, respectivamente. Si bien los datos son alentadores, hay estudios que reflejan que el 25% de las personas que lo procuran, solamente soportan un día sin fumar; el 40% llega a una semana y únicamente el 12% logra dejarlo a lo largo de más de 3 meses. No obstante, gran parte de estas personas persiste en el intento, y por último logra parar de fumar. Por otra parte, existe el dato negativo de que el dos% de los fumadores ni tan siquiera procura parar de fumar. Hay análisis de trabajos que contemplan que menos del 30% de los intentos de parar de fumar fracasan tras 52 semanas. Examinando esta situación, está claro que es precisa la introducción de opciones alternativas para terminar con el problema médico que produce el tabaco. En ciertos países más rigurosos en el control del tabaquismo, como es el caso de R. Unido, se contemplan estrategias auxiliares para reducir el daño que provoca el tabaco, alén de procurar reducir el número de fumadores. En este sentido, las autoridades sanitarias británicas valoran el empleo de otras alternativas diferentes al cigarro usual, en los casos en los que la deshabituación tabáquica no resulte posible, como el cigarro electrónico o bien el tabaco calentado. Si se contemplan estas nuevas tendencias internacionales, se puede observar meridianamente un cambio emergente en lo que es el hábito tabáquico, manteniéndose la meta prioritario de la cesación tabáquica y para aquellos que no pueden lograrlo, proponer otras opciones alternativas menos perjudiciales. Hay 2 componentes esenciales en el tabaco que deben distinguirse. El primero es la nicotina, que provoca la adicción al producto, mas que está menos relacionado a los problemas médicos que acarrea el tabaquismo, como enfermedades cardiovasculares, respiratorias o bien oncológicas. El segundo componente, lo forman las sustancias tóxicas que nacen del humo provocado por la combustión, que es donde verdaderamente radica la nocividad del tabaquismo y las substancias tóxicas como las nitrosaminas o bien los compuestos volátiles orgánicos. Estas pueden llegar a provocar, con el tiempo, esenciales daños en el organismo del fumador, dando sitio de esta forma a enfermedades graves que ocasionan un daño alarmante en la población fumadora. La reducción del daño producido por el tabaquismo se comprende como la “disminución de la morbilidad y la mortalidad total, sin quitar por completo el consumo de tabaco y de nicotina”. Calentando el tabaco no se forma humo, sino se produce un vapor o bien spray, como en el caso del cigarro electrónico. Así, si el tabaco se calienta en vez de quemarse, se reduce (en su vapor generado) el nivel de substancias perjudiciales de forma notable, llegando a una reducción del 95% respecto al humo del cigarro usual. Esta reducción resulta afín en el caso del cigarro electrónico. Estudios clínicos efectuados con el tabaco sin combustión revelan que esta menor concentración de componentes dañinos se traduce en una menor exposición a agentes perjudiciales en el fumador, que es afín a esa exposición que tienen las personas que dejaron de fumar en el estudio. Asimismo ciertas variables subrogadas de peligro, asociadas a la cesación tabáquica, cambiaron con el consumo de tabaco calentado, de forma similar a como cambiaron en los fumadores que dejaron de fumar. Si bien todavía son precisos más estudios convenientes que prueben estas patentizas en un largo plazo, los que disponemos hasta la data muestran resultados muy alentadores. Estos métodos renovadores introducen una forma de reducir el peligro de enfermedad en fumadores. Por tanto, puede merecer la pena introducir estas opciones alternativas menos perjudiciales (en comparación con el cigarrillo normal) en aquellos casos en los que no hay resultados positivos en lo que se refiere a la cesación, pues no se ha podido, o bien no se ha deseado parar de fumar.

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