“De Patti Smith a Beavoir, muchas creadoras admiran ‘Mujercitas’”



D ebutó con «Lady «Bird», un filme de esos que dan la campanada y que traía consigo una sorpresa inesperada: la actriz Saoirse Ronan. Greta Gerwig, que de pequeña fue una de esas pequeñas intensas con una querencia infrecuente por las artes y la filosofía, estrena «Mujercitas». Una película que puede llevarle a la puerta de los Oscar, donde competiría con su pareja, Noah Baumbach, el realizador de «Historia de un matrimonio». La directiva, que ha vuelto a contar con Ronan, se ha embarcado en este proyecto por el hecho de que, desde pequeña, siente el texto como algo próximo a ella y cobija la esperanza de llevar esta historia a las nuevas generaciones de mujeres.–¿En qué momento leyó el libro por vez primera? ¿Y qué significó para ?–«Mujercitas» ha sido una parte de mi vida desde que tengo memoria. No lo leí de pequeña. Me lo leyeron y aún recuerdo a Jo March. Era mi ídolo, alguien en quien deseaba convertirme cuando fuera mayor. Ha sido un referente en mi vida.–Se dio a conocer con «Lady Bird», que refleja cómo hacerse mayor y madurar de una manera actual. ¿Qué ha provocado que, de nuevo, tuviera ganas de dirigir un filme que vuelve a narrar el proceso de madurez de unas chicas?–Cuando llegó a mis oídos que iba a hacerse un «remake», me propuse conseguirlo. No lo dudé. Me puse manos a la obra de inmediato para lograrlo. En mi cabeza tenía una idea específica de cómo era el libro y lo que intenta transmitir.–¿Y qué es?–Esta obra es sobre mujeres y artistas, sobre mujeres y dinero. Está todo muy bien entrelazado bajo la pluma de Louisa May Alcott. Pero existe un aspecto de la historia que me hizo decidirme y lanzarme a la piscina: siento esta película de una manera más autobiográfica que ninguna otra en la que he participado hasta este instante.–No solo usted, sino que también otras mujeres de hoy en día se sienten reflejadas en Jo March a pesar del tiempo que ha pasado. ¿Por qué?–Cuando me documentaba sobre la novela no paraba de conocer a mujeres muy diferentes entre sí, pero que todas compartían el mismo denominador común: profesaban una admiración inconmensurable hacia Jo. Desde Patti Smith a Simone de Beavoir, pasando por Elena Ferrante y Anna Quindlen. Jo ha significado un montón para creadoras, escritoras y filósofas de procedencias culturales que son muy distintas entre sí. Le prometo que de algunas de ellas jamás lo habría pensado. No habría imaginado nunca que la admiraran.–¿Qué fue lo más difícil para que esta adaptación resultara moderna y actual?–El lenguaje de Alcott es fresco y excitante y no he tenido que poner demasiado de mi parte para lograr lo que pregunta. Tanto es así que apenas tuvimos que modificar los diálogos.–El filme comienza cuando ellas ya son adultas, mientras que en el libro sucede lo contrario.–Cada vez que lo leía lo sentía de una manera diferente. Cuando lo hice por primera vez, de joven, tuve sentimientos distintos a los que he tenido ahora. Me da la impresión de que al leerlo de mayor distingues aspectos que antes se me escapaban… Pero al escribir el guion me di cuenta enseguida de que la parte que sentía más cercana era la etapa en que las hermanas son adultas y tienen entre ellas relaciones conmovedoras. Es el momento en que pagan su tributo por la intrépida juventud que han llevado. Precisamente este es el tema sobre el que yo intento reflexionar. Al pensar en el rodaje, llegué a la conclusión de que prefería empezar con ellas cuando eran adultas e introducir sus infancias a través de «flashbacks». Son dos líneas de tiempo muy diferenciadas.–Es la segunda vez que trabaja junto a Saoirse Ronan. ¿Cómo ha sido esta vez la experiencia con ella? –Lo único que puedo decirle es que es un genio. No se cuál puede ser su truco para actuar como lo hace. Pero siento que es una bendición haber trabajado con ella de nuevo.–A pesar del cariño que le profesa a Jo, refleja a todas las hermanas con ecuanimidad.–Yo las veo a todas como artistas y quería tomarme en serio cada unas de sus aspiraciones. Hay un amor extremo entre ellas, un vínculo muy fuerte. Son al mismo tiempo muy competitivas y se pelean entre ellas. Mi intención era introducir estos matices, porque es lo que realmente hace que su relación sea tan poderosa y extraordinaria.–En ocasiones, la cinta parece un cuadro de época. –Mi intención era que la fotografía resultara atractiva y que tuviera desde el principio un «look» personal y transmitiese cierta energía juvenil. Quería que el movimiento de cámara siguiera los de las hermanas. En cierta forma, la película es una pintura viviente.–¿Cuáles eran sus expectativas al dirigir este proyecto?–Tenía unas ganas tremendas de ponerme al frente de él. Creo que eso es algo que se nota en la factura final que he conseguido dar al filme. Era muy importante para mí contar la historia de estas mujeres a través de diferentes facetas: creando, haciendo dinero… quería reflejar de qué forma fueron capaces de elegir un destino para sus vidas en ese instante tan duro en que pasan de niñas a mujeres. Considero, de verdad, que esta historia es todavía muy relevante y actual para todos nosotros desde un punto de vista humanista. Lo que demuestra es que se trata de un texto moderno, que es capaz de transcender su época y que afronta realmente bien el paso del tiempo.CRÍTICA DE “MUJERCITAS” ★★★★✩Es posible que la Jo de «Mujercitas» estuviera agazapada en la atolondrada «Frances Ha» o en la adolescente respingona y creativa de «Lady Bird» o en la universitaria verborreica de «Damsels in Distress». En el cuerpo desgarbado de Greta Gerwig y sus alter egos hay siempre la impresión de que se libra una batalla contra su singularidad. Por eso Jo confiesa sentirse sola. Por ello, tal vez, «Mujercitas» parezca una película tan personal para Gerwig. Eso es admirable, teniendo en cuenta que, a estas alturas, la enésima versión de «Mujercitas», esa película que, en blanco y negro o en sangrante Technicolor, decoró nuestras Navidades como la ilusión de un falso fuego de chimenea, podría contener un filme que hemos visto mil veces. Lo primero que hace Gerwig es violentar la estructura temporal del relato, de modo que tensiona constantemente el pasado y el presente de las hermanas March, acentuando lo que la novela tiene de meditación sobre la pérdida de la inocencia y la entrada en la edad adulta. Esa estructura le permite centrarse en el trabajo literario de Jo (que Saoirse Ronan encarna con actitud vívida y sagaz), que no es otro que el de la propia Louisa May Alcott, explicando el brusco final feliz de la novela como la imposición de un editor patriarcal que Gerwig filma con cariñosa ironía. Es decir, de la estructura se concluye un juego metaficcional que enriquece la lectura de este clásico incontestable de la literatura popular norteamericana poniendo el acento en su dimensión feminista, pero sin cargar las tintas sobre discursos críticos y de empoderamiento, solo subrayando que estas «Mujercitas» –Jo, pero asimismo Amy (magnífica Florence Pugh), la más celosa, la más ambiciosa de las hermanas– son conscientes de su condición de piezas de museo o de trueque, y que cualquier disidencia será castigada con la pobreza o la soltería. Por encima de todo, en «Mujercitas» destaca la vitalidad del tono, la contemporaneidad de las interpretaciones, la dinámica de solapamiento de los diálogos, la energía, exenta de cinismo revisionista, que desprenden sus imágenes. Como si lo hubiera aprendido de su amiga Mia Hansen-Love, Gerwig cambia de plano antes de que la emoción desborde, como si el corte sirviera para contenerla a la vez que para moverse cara adelante, con la urgencia de quien no se arrepiente de nada. Ni un ápice de rencor, con abundantes dosis de generosidad. Es por ello que «Mujercitas» es hermosa: por el hecho de que semeja que, para Gerwig, era una película precisa para proseguir.filmando, corriendo, amando.Sergi SÁNCHEZ

Fuente: larazon.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *