De la incertidumbre al delirio independentista en Sassari


La Corte de Apelación de Sassari amaneció el viernes como un viernes cualquiera. A las siete y media de la mañana, un par de guardias en la puerta y tres funcionarias peleándose con la máquina de café para sacudir el sueño con un ‘espresso’. Sabían por los medios la posibilidad de que un tal Carlos –el apellido, para ellos, impronunciable–, un señor importante, «el presidente de Cataluña, ¿no?», podría recalar en este juzgado a lo largo de la mañana. Y, poco más: tan solo, que había sido detenido a su llegada a Alghero la tarde anterior, que había pasado la noche a la sombra del penal de máxima seguridad de Bancali y que Salvatore Marinaro, presidente de la Corte de Apelación de Sassari (Cerdeña) sería quien le tomaría declaración en cualquier momento a partir de las nueve de la mañana.

Pero a esa hora, ningún magistrado había hecho acto de presencia. Tampoco ningún periodista o admirador del antaño ‘president’. Con el transcurrir de los minutos, un runrún de voces comenzó a escucharse, sobre todo cuando apareció Fabio Bruno, cónsul honorario de España en Sassari, quien entró en la corte precipitadamente; y minutos más tarde el representante legal de Puigdemont en Cerdeña, Agostinangelo Marras. Es entonces cuando la guardia judicial desalojó el ‘hall’ de toda persona ajena a los juzgados.

Para entonces, en la entrada de la corte ya se había reunido un pequeño grupo de simpatizantes sardos, miembros de grupúsculos independentistas, de ideologías políticas de lo más dispares que pueblan esta isla (de la extrema izquierda a la Liga), poco ruidosos y más bien discretos. Para Fredo, un bronceadísimo cincuentón de la Sardinia Nazione Independezia, recién llegado desde el centro de la isla, la detención del «presidente de Cataluña» es una «aberración y un ataque directo a la democracia y a la libertad por parte del Estado español». El joven Gavino, por su parte, dice que «el derecho de autodeterminación es un derecho inalienable y, por eso, en su defensa, hoy estoy aquí».

El ambiente casi resulta apacible hasta que irrumpen en la escena Victoria Alsina y Joan Piqué, quienes, en una declaración conjunta en inglés, en catalán y, por insistencia de algunos presentes, en español, exigen la inmediata liberación de Puigdemont y expresan su «absoluta sorpresa ante esta detención que no esperábamos y que nos ha pillado por sorpresa». Es entonces cuando crece la tensión en el ambiente, ante la incertidumbre de la cohorte del expresidente ante el futuro inmediato de su jefe.

Las idas y venidas del abogado de Puigdemont, entre el aparcamiento de los juzgados y la entrada de los mismos; la llegada de refuerzos policiales; el creciente número de periodistas locales y la aparición de los informadores de diversas cadenas televisivas españolas desatan el nerviosismo. La jefa de prensa de Puigdemont, con visible enojo, «ordena» a los periodistas que se alejen del abogado de Puigdemont y sus acompañantes, al tiempo que extiende los brazos tratando de hacer una barrera.

Algo alejados del tumulto, los independentistas sardos observan la escena con asombro y sin atreverse a intervenir. De fondo, alguien ha conectado el móvil a unos altavoces para ambientar musicalmente la mañana con el himno de Cataluña y otras canciones catalanas.

Según avanza la mañana, en las puertas de la Corte de Apelación de Sassari va creciendo el desconcierto: todos, periodistas, políticos, independentistas catalanes y simpatizantes sardos en espera de Puigdemont… Y Puigdemont no llega. Finalmente, el presidente de la Corte de Apelación decreta que el eurodiputado independentista declare desde la cárcel de Bancali. El fiscal no pide medidas cautelarísimas y el magistrado decreta la inmediata puesta en libertad del reo y fija una vista para el 4 de octubre.

En cuanto el representante legal de Puigdemont en Cerdeña confirma ante la prensa la decisión judicial, la cohorte de Puigdemont comienza a relajarse. Ya no marcan distancia de seguridad entre los periodistas y el abogado, ya se permiten unas sonrisas, palmadas en la espalda y abrazos entre ellos. Un miembro del personal que ha escoltado a Puigdemont en las horas posteriores a su detención comenta a ABC que «ha estado tranquilo en todo momento, convencido de que le iban a dejar en libertad».

Una heterogénea ‘troupe’

Es a las puertas del penal donde se ha montado una auténtica fiesta independentista, con la aparición de la presidenta del Parlamento catalán, Laura Borrás, las declaraciones de apoyo de Bastianu Compostu (líder de Sardinia Nazione Independenzia), la presencia del ministro sardo y una singular banda sonora que transita desde Lluís Llach hasta la Electric Light Orchestra. Para entonces, la heterogénea ‘troupe’ ya es una multitud expectante a la salida de Puigdemont, acompañado por su abogado sardo, Borrás, Alsina y Piqué, entre otros, que no dejan de abrazarse, sonreírse y hasta dejar escapar alguna lagrimita en una suerte de oportuno teatrillo.

Puigdemont, ya con un pie en la calle, se deja querer: por los suyos que le achuchan y por la prensa que busca una declaración. Refiere con satisfacción el «ridículo de España» y cuenta que ha pasado una buena noche a la sombra, gracias a la «simpatía y profesionalidad de la policía y los funcionarios». Y entre codazos y gritos del personal, se mete en un coche con su abogado y se lleva la fiesta a otra parte. Previsiblemente a Alghero, donde le esperan en la feria independentista Aplec de Folk. A las puertas de la prisión se queda su fiel escudera Borrás, al borde del llanto… de alegría. ¿Cuales serán los pasos del ‘expresident’ a partir de ahora? los que más le convengan para su sempiterno autobombo.


Fuente: ABC.es .

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