A pie, sin molinos a la vista, con la herradura gastada y el corazón fatigado. De esa forma desoladora aterriza Connor en la capital de España. Tras vivir todo tipo de desgracias como la rotura con una ex- que le engañaba con su hermano, un despido o bien la muerte de su madre, este Don Quijote de la misma época que Los Ángeles (con más pinta de Sancho) amante de Cervantes y de la cultura de España, decide – intento de suicidio anterior a través de – tomar el control de su vida y transformarse en la persona jamás se atrevió a ser. «Esta película nace como una contestación por la parte de Steven Tulumello (que ha coescrito el guion y protagoniza el filme) y yo ante la complejidad que supone levantar cualquier proyecto en U.S.A.. Yo vivo en la ciudad de Los Ángeles específicamente y allá resulta muy complicado hacer cualquier cosa. Conque dijimos… vamos a comenzar a rodar por nuestra cuenta y a ver qué sale», comenta David Hebrero (la capital de España, 1995) sobre la gestación de «Dulcinea», su primer largo como directivo. Tras rodar en diferentes localizaciones de todo el mundo, Hebrero se detiene en los cambios que se han ido generando durante estos prácticamente un par de años de trabajo: «Escribimos una estructura inicial que ha ido convirtiendo continuamente hasta el último día de montaje. En verdad hay cosas grabadas en las que se pueden ver multitud de finales diferentes al que después escogemos. A fin de que te hagas una idea, la original duraba 3 horas», reconoce entre risas. Al final se quedó en una y media no sabemos si afortunadamente o bien desgraciadamente. En el instante en el que Connor toca fondo y recurre a su exótica terapeuta a fin de que le asista a localizar una solución eficaz a sus inconvenientes, lo último que espera localizar es exactamente lo que descubre: un anillo «mágico» que sencillamente con ponérselo en el dedo y tumbarse mientras que se concentra con intensidad en el nombre del sitio en el que le agradaría estar en ese instante, le deja desaparecer y teletransportarse hasta allá tal y como si por un intervalo de tiempo la vida fuera suficientemente simple para que todo ocurra en el instante en el que deseamos. Por las calles de la capital de España Tras la elección de múltiples destinos arbitrarios como el desierto del Sáhara o bien París, Madrid acaba siendo el sitio escogido donde poder satisfacer sus deseos castellanoparlantes, el particular paisaje cervantino del noble americano. Y la joven artista Isabella que conoce en la soledad de unos bancos en el Palacio Real, su Dulcinea personal. «Quería enseñar otra una parte de la capital de España, la bonita, esa de la que tan poco presumimos en las películas. Tengo la impresión de que siempre y en todo momento aparece el costumbrismo de los distritos bajos y me apetecía invertir dicha perspectiva», apunta Hebrero sobre la relevancia que adquieren ciertas tomas de la capital durante la cinta. Aparte de la puesta en valor de los bocadillos de calamares y las noches en terrazas de Ópera, el director de cine ofrece un dibujo realista de ciertos trastornos aún estigmatizados socialmente como la depresión y configura una comedia romántica indefinible y especial con los versos ensoñadores del «Príncipe de los Ingenios» como telón de fondo. Te puede interesar: Una fábula para encontrar la dicha Mamá, deseo ser musulmana «En mil pedazos», de qué manera salir del averno del crack

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *