La llegada de la nueva normalidad en toda España lleva consigo la libertad de movilidad. Ya muchos son los que se preparan para alguna escapada o bien viaje este verano, por esta razón, hay que rememorar que la Guarda Civil proseguirá controlando que se cumplan las reglas de velocidad y de seguridad vial, entre otras muchas.

La Dirección General de Trafico (DGT) cuenta con radares fijos, anunciados por la propia página del organismo y conocidos por la comunidad de conductores, con la finalidad de evitar que en tramos donde un exceso de velocidad puede suponer un peligro para la conducción, no nos «despistemos» a la hora de pisar el acelerador. Es por ello por lo que también se despliegan otros tantos del tipo móviles, que ya es más complicado conocer de antemano en dónde nos los podemos cruzar.

Desde SPG Talleres, detallan dónde se pueden encontrar con más frecuencia, una información que incluso la propia Unión de Guardias Civiles comparte a modo de recomendaciones:

-Autovías y autopistas: obviamente son la meta principal de estas campañas, ya que son tramos que «invitan» a que en determinadas rectas o sin un tráfico denso, aligeremos la marcha. Entre las «favoritas» para situar en ellas un radar de tipo móvil encontramos la A3, la A6 y la AP-7, normalmente situados a partir de los 10 kilómetros de las salidas de las grandes ciudades. ¿Y por qué a 10 kilómetros? Porque es la distancia media en la que ya no encontramos embudos de entrada y salida, el tráfico es más fluido y comenzamos a confiarnos ante las grandes rectas que nos esperan.

-Zonas de cambio de velocidad: en estos tramos no es que estemos relajados, es precisamente por el motivo contrario: debemos pasar de un estado más tranquilo como el que proporciona las grandes rectas de las autopistas, a un estado menos confiado, como el que debemos mantener en las entradas y salidas de las poblaciones, donde mantener una velocidad propia de autovía o autopista genera mucha peligrosidad. También se produce el mismo efecto en vías secundarias que nos introducen en una población o nos incorporan a las autovías.

-Puentes o quitamiedos: para concienciarnos sobre aminorar la velocidad cuando toca, ya tenemos los radares fijos e incluso los letreros luminosos. La funcionalidad de los radares móviles el alertar sobre los peligros de una velocidad inadecuada a quienes frecuentan pisar el acelerador o se despistan en según que tramos. Por ello, existen ciertos lugares predilectos para la Guardia Civil en el momento de cazar imprudentes. Es el caso de los puentes u ocultos tras los quitamiedos, frecuentes en vías como la A66, la A4 a la altura del aeropuerto de Sevilla (donde se conjugan todos los factores para situar un radar: entrada a una gran ciudad, incorporaciones y cambio de velocidad, etc.), la A3 a la altura de Requena o bien la AP-siete a la altura de Alicante.

-Enlaces de autovías con diferentes limitaciones de velocidad: precisamente para que el cambio de velocidad, pese a la vía, se lleve a cabo como toca, es frecuente que los radares móviles se sitúen en intercambios de autovías donde las limitaciones de velocidad son distintas. Es el caso, por ejemplo, del enlace de la A6 con la AP9, en La Coruña, donde se debe reducir de 120 a 80 quilómetros/hora.

-Tramos de autovía con velocidad reducida: en la misma línea que el caso anterior, es probable que un radar móvil se sitúe en tramos en los que, a pesar de situarnos en la misma autovía, debemos reducir la velocidad. Es el caso de las salidas de los túneles, sobre todo aquellos que concentran más tráfico como es el caso de los túneles de Piedrafita en la A6, los túneles de Ribadesella en la A8, o bien los túneles de Vallvidrera en la C-16, a la altura de Barna.

Fuente: ABC.es

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