«Cuando ocurre una catástrofe es fácil echarle la culpa al cambio climático»


El científico Kerry Emanuel iba conduciendo con su coche de Maine a Boston cuando recibió una llamada. «Es el ganador del Premio Fronteras del Conocimiento 2020 en la categoría de Cambio Climático», le anunció la voz al otro lado del teléfono (y del mundo). «¿Seguro que no te has equivocado de persona?», le contestó Emanuel. Porque a pesar de llevar las últimas cuatro décadas estudiando en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) la física detrás de los huracanes, afirma que ni se le había ocurrido pensar que fuera a ser reconocido por el jurado de la Fundación BBVA, compuesto por los investigadores más punteros de su área. Unos meses después, esta vez en Bilbao, sede de la ceremonia de entrega de los premios y a punto de recoger su galardón, el investigador estadounidense rememora aquel episodio y charla con ABC sobre su especialidad, los ‘minihuracanes’ del Mediterráneo o el cambio climático, aportando una mirada diferente y más optimista a la tónica catastrofista predominante.

– ¿Cómo se empezó a interesar por este campo?

-Todo comenzó cuando me pidieron impartir un curso sobre clima en el trópico. Allí empecé a estudiar sobre huracanes y me di cuenta de que había poquísima teoría sobre el tema. Entonces pensé que era necesario que alguien lo solucionara. Y así es como me introduje de lleno en la física de los huracanes.

-Durante un tiempo estuvo persiguiendo y grabando tornados, ¿para qué le sirvió aquella experiencia?

-Sí, al principio de mi carrera grabé tornados, que en realidad son otro fenómeno distinto. Mi objetivo era entender cosas como la velocidad del viento. Para llegar a la comprensión básica de un fenómeno, de primeras no se suelen ocurren las aplicaciones, sino que intentas entender la física sin más. Sin embargo, en este caso concreto, sí que fueron surgiendo aplicaciones, como por ejemplo, si conoces cómo funcionan, puedes preverlos o ver cómo responden al cambio climático.

-Es uno de los mayores expertos precisamente en entender cómo se relacionan los huracanes y el cambio climático. ¿En qué momento vio clara esta correspondencia?

-Cuando fui plasmando una teoría sobre los huracanes, parte de la teoría era sobre la fuerza del huracán dependiendo de las condiciones de la superficie del océano. A partir de ahí es cuando surgió la idea de que los gases de efecto invernadero de la superficie provocaban que la velocidad del huracán aumentara. También vimos que según se desarrollaba el cambio climático, los huracanes eran más fuertes. Y de esto no me percaté yo solo, sino todos los que estudiamos este campo.

-¿Son más fuertes y también más numerosos?

-Todavía no tenemos suficientes datos como para hablar de tendencias, por lo que los modelos y la teoría no son suficientemente robustos para hablar sobre la frecuencia. Incluso podría haber menos huracanes y las tormentas sean más débiles… Aún tenemos que seguir estudiando el fenómeno para llegar a estas respuestas.

-Sus modelos predicen que la intensidad de los huracanes crecerá un 5% en los próximos años. ¿Tenemos que prepararnos para presenciar más desastres naturales? ¿Se puede invertir esta tendencia?

-Una manera de resolverlo es la captura de carbono, que básicamente se trata de sacar este gas de la atmósfera. Pero hoy por hoy es una tecnología carísima que aún se está investigando. Los huracanes ya se han intensificado y esto es importante por varios motivos. Entre ellos, porque los daños no se producen de forma homogénea en todo el planeta. Con esto quiero decir que una velocidad de 5 metros por segundo no puede parecer mucho, pero si estás en una zona donde los edificios no están preparados, tenemos un problema. Hay que trabajar en la adaptación. Y tenemos que tener en cuenta que cada vez más personas están viviendo en zonas de riesgo de huracanes: desde los años 70 se ha multiplicado por tres el número de personas que viven en esos lugares. Por eso yo y mucha otra gente estamos preocupados por el impacto en la población de estos fenómenos. Habrá que hacer cosas como edificios más inteligentes, más resilientes, poner muros en las costas…

-Muchos interrogantes para un fenómeno que nos acompaña desde que surgimos como especie…

-Hay algunas preguntas que nos quedan y que son fundamentales. Sobre todo empezando por cómo se forman. Una vez sepamos eso, podremos predecirlos más o menos de forma eficaz. La siguiente cuestión a resolver será cómo se relacionan exactamente con el cambio climático, no solo cómo el cambio climático afecta a los huracanes, sino también la retroalimentación de los huracanes al fenómeno del cambio climático.

-Aún así, nos encontramos ante un fenómeno totalmente dinámico que cambia cada vez. ¿Cómo estamos haciendo para predecirlos con las herramientas de las que ahora disponemos?

-La verdad, creo que ahora mismo no lo estamos haciendo particularmente bien. Quizás sí el Océano Atlántico, pero allí solo se producen alrededor del 12% de los huracanes del mundo. Nos interesa porque es una zona de gran tránsito de aviones pero, ¿qué ocurre con el 88% restante? En esos lugares solo se llevan a cabo seguimientos por satélite, y el problema es que solo tenemos datos desde la década de los 80, por lo que no podemos encontrar tendencias con esa información. Deberíamos aplicarnos más y hacerlo mejor, en diferentes contextos y tecnología. Por ejemplo, con drones alimentados con paneles solares que midan diferentes aspectos que nos ayuden a resolver muchas de las preguntas que todavía hoy nos planteamos. Y no serían unos equipos caros.

‘Medicanes’, los huracanes del Mediterráneo

En septiembre de 1996, un ciclón tropical mediterráneo surgió sobre las Islas Baleares. Aunque se trataba de un fenómeno más o menos usual, durante su formación se unieron un poderoso frente frío atlántico y un segundo frente cálido asociado con un punto bajo a gran escala. Esta ‘tormenta perfecta’ produjo vientos del noreste que barrieron la península ibérica, extendiéndose hacia el este hasta el Mediterráneo. Paralelamente, una abundante acumulación de humedad en la baja troposfera se encontraba sobre las islas. El 12 de septiembre empezó a diluviar en la costa valenciana, y un ojo de huracán -aunque a menor escala de los que se producen en el Caribe- barrió las islas. En la noche del 13 de septiembre, el ‘extraño huracán’ tocó la costa del sur de Italia. No era la primera vez que los oriundos veían algo así: diez años antes, un fenómeno similar con vientos de hasta 100 kilómetros por hora arrasó el Salón Náutico de Palma. Son los conocidos como ‘medicanes’ o huracanes del Mediterráneo, y los expertos llevan rastreándolos desde hace apenas una década.

¿Cómo empezó a interesarse por el fenómeno de los ‘medicanes?

-En 2005 me tomé un año sabático y me fui a Mallorca. Trabajando con la Universidad de las Islas Baleares, con el profesor Romualdo Romero, empezamos a investigar sobre esta cuestión en particular. Ahí desarrollamos un método para poder predecir estos medicanes, a la vez que creamos modelos matemáticos para ver su evolución.

-¿Y qué se ha descubierto hasta la fecha?

-En el Mediterráneo hay zonas donde hemos observado que este fenómeno ha bajado en frecuencia, como en el oeste, mientras que en la zona oriental del Mar Negro parece que han ido creciendo. Sí que es cierto que parece que hay más tormentas, más lluvias… Por lo que son fenómenos de riesgo para las Islas Baleares, la costa de levante española y otras zonas más meridionales. Sin embargo, hay que apuntar que los medicanes no son tan fuertes como los huracanes tropicales, aunque también son peligrosos.

-¿Podemos decir que son básicamente una suerte de ‘minihuracanes’?

-En un entorno tropical tienes todas las condiciones para que ocurran los huracanes. En cambio, en el Mediterráneo, es poco frecuente que se reúnan todos estos ‘ingredientes’ para que se forme un huracán, por lo que son más pequeños. Pero, en realidad, responden a la misma física.

El cambio climático desde el optimismo

-Muchos informes indican que el cambio climático se encuentra en un punto irreversible. ¿Qué podemos hacer? ¿Estamos realmente ante el fin del mundo tal y como lo conocemos?

-Me gusta plantear esta cuestión de una forma diferente a la que suele plantear. Yo soy más de ‘tirar’ que de ‘empujar’; con esto quiero decir que si tenemos las tecnologías adecuadas que consigan energía sin producir gases invernadero o equipos para reducir el carbono de la atmósfera, lo demás vendrá seguido. Hay que recordar que la combustión de energías fósiles mata alrededor de nueve millones de personas al año en el mundo solo por inhalación de partículas, no por cambio climático. Si comparamos estos fallecimientos con los de la energía nuclear, por ejemplo, son el triple que por combustibles fósiles. Pero aquí no nos fijamos tanto porque no es como cuando se estrella un avión: estas personas se mueren de una en una, poco a poco. Y, además, se nos están acabando los combustibles fósiles. Por eso hay que sustituirlos. Y es mejor hacerlo cuanto antes buscando energías limpias. Sin embargo, todavía nos queda camino: la energía eólica la manejamos bien, pero solo aporta un 40% porque aún no tenemos formas efectivas de almacenar la energía y de enviarla a la red. Existen limitaciones de ingeniería, por lo que los organismos deberían alentar no solo a la ciencia, sino también a la industria y que genere las innovaciones necesarias. No es que yo tenga que decirle a alguien ‘tienes que dejar de comer esto o lo otro’ o ‘deja de hacer esto o aquello’, sino que hay que buscar soluciones técnicas óptimas.

-Esta visión optimista no se escucha demasiado hoy en día.

-Es cierto que estamos tomando riesgos, pero cuando ocurre una catástrofe es fácil echarle la culpa al cambio climático. Hay quien es escéptico con este tema, como se ha demostrado, pero también quien lo utiliza como palanca. Creo que hacen falta cambios que podamos adoptar todos. Por ejemplo, no sé si habrás conducido alguna vez un coche eléctrico. Pero te digo que, si lo haces, nunca volverás a uno de combustible: es silencioso, limpio, tiene una aceleración rápida… Son geniales. Y esa conversión va a ocurrir, independientemente del cambio climático. Hay muchas razones para ser optimista porque, sean cuales sean las políticas, hay que hacer una transición adecuada para que el mundo sea mejor.

-Tenemos coches eléctricos, pero también parece que aterriza el turismo espacial, del que muchos expertos señalan como altamente contaminante. ¿No aprenderemos nunca?

-Es una cuestión de cultura. Depende de si vivimos en una sociedad que respete y ame el medio ambiente o una que solo lo vea como un recurso a explotar. Tengo esperanza en los jóvenes, a los que cada vez veo más conscientes de cuestiones medioambientales. Mucho más que nuestra generación.


Fuente: ABC.es .

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