Pasaban las 23.30 horas del lunes cuando Jorge, un tipo bien conocido en la zona, preguntó a la dependienta china, «Lisa», de 46 años, si le echaba una mano con el cierre. Llevaba un par de meses ayudándola en su pequeño negocio de nutrición, ubicado en el número 18 de la calle de la Reina Victoria (Parla), a cambio de comida, bebida o bien pequeñas cantidades de dinero. «Pero me afirmó que no hacía falta», recordaba el día de ayer, con evidentes ademanes de tristeza. Al borde de la medianoche, la mujer, casada y con 2 hijos, acabó su jornada y enfiló el camino a pie hasta su casa, a menos de diez minutos. Mas no llegó a su destino. 3 manzanas después, en la confluencia de su calle con la del Gobernante, recibía una puñalada en el pulmón que, momentos tras ser trasladada al centro de salud, le costó la vida.

En torno a las 00.30 horas, un peatón dio la voz de alarma al 112 y al 091 tras localizar a la mujer malherida en el suelo. Dada la gravedad de su estado, fue la propia Policía la que la condujo hasta el Centro de salud Infanta Cristina, donde no pudieron hacer nada por salvarla. El Conjunto VI de Homicidios, encargado de la investigación del caso, trabaja con el hurto como primordial hipótesis; aunque todas y cada una de las líneas prosiguen abiertas. Fuentes de la policía señalaban el día de ayer a este periódico que la fenecida no llevaba bolso cuando fue hallada, si bien sí se le halló dinero encima. Del arma homicida, en cambio, ni indicio.

Los agentes, que procuraron sin fortuna cámaras de seguridad en el punto preciso del crimen, centran ahora sus sacrificios en comprobar las grabaciones registradas por otros establecimientos del perímetro, incluyendo las de la propia tienda de nutrición. En el mes de noviembre, el hijo mayor de la asesinada fue asaltado dentro del comercio por el procedimiento del «mataleón», consistente en asfixiar a la víctima por la espalda para hurtarle sus posesiones. Los 2 supuestos autores fueron detenidos merced a una operación conjunta de la Policía Nacional y la Guarda Civil.

No queda claro si ese día, los atacantes golpearon al joven con una botella en la cabeza, provocándole una herida por la que necesito múltiples puntos de sutura; o bien, al contrario, esta agresión sucedió tiempo después, como el día de ayer destacaban en el vecindario. Desde el momento en que abriera la tienda, «siete o bien ocho» meses atrás, la dueña y su familia habían sufrido más de un hurto. El más grave, el que cometieron 3 jóvenes, pistola en mano, conforme narró la perjudicado al resto de mercaderes próximos. Desde ese momento, había tomado cautelas. Primero, cambió la distribución de las estanterías para tener más visibilidad y, después, solicitó ayuda a Jorge a fin de que la acompañase ciertas noches en el momento de cerrar el negocio.

Los restos de sangre proseguían perceptibles a primera hora de la mañana de el día de ayer, sin que absolutamente nadie en el entorno se explicara lo sucedido. «Era muy simpática, y eso que le costaba charlar bien en español», incidía el día de ayer la dueña de una peluquería situada justo en la acera de enfrente. Lejos del cerrado planeta que acostumbra a caracterizar a la comunidad china, la malograda tenía un carácter extrovertido, algo que mostraba toda vez que tenía ocasión. «Cuando festejé el primer año con la clientela, ofertando unas bandejas de canapés, vino y me obsequió una botella de champán», agregaba la peluquera.

Del otro lado de la calle, Micaela no podía refrenar las lágrimas al enterarse de lo ocurrido. «Venía a mi bar a tomar café prácticamente a diario», destacaba, haciendo hincapié en el buen humor que gastaba: «Siempre afirmaba riéndose que el primero de los días que abrió la tienda solo ganó 20 euros». Un montante que, para alegría de la dependienta, se había multiplicado en los últimos tiempos. Hasta la noche de el día de ayer, cuando alguien la mató, presumiblemente, para hurtarle el dinero de la colecta.

Fuente: ABC.es

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