En la saga del «Regreso al Futuro», estrenada hace prácticamente 35 años, el año 2015 se imaginó lleno de vehículos voladores, corbatas dobles y aeropatines. Es verdad que nuestro planeta ha sido absolutamente transformado, mas se lo debemos a internet, los móviles inteligentes y la información. ¿De qué manera va a ser nuestro planeta en 30 años? Absolutamente nadie lo puede saber, mas tal vez el destino nos traiga lo que es conocido como internet de las cosas, en el que objetos rutinarios van a estar conectados y operados desde la red.

Es posible asimismo que ese futuro interconectado traiga materiales y tejidos capaces de aprender y de moverse, y los conocidos como robots blandos, máquinas más polivalentes y frágiles que sus «parientes» más sólidos. Mientras que esto llega o bien no, un conjunto de estudiosos de las universidades de Aalto y Tampere (Finlandia) ya trabaja en lo que podría ser uno de los gérmenes de estas tecnologías. Los equipos de Olli Ikkala y Arri Priimägi llevan años trabajando en materiales capaces de moverse y de aprender, a través de señales químicas o bien lumínicas. Este miércoles han publicado una investigación en la gaceta «Matter» en el que prueban que es posible educar a un polímero de cristal líquido a moverse, y encima conseguir que se quede adherido a un objeto de un determinado color.

En el nivel más básico, el término de aprendizaje es equivalente al de memoria. Por ende, hacer que un material aprenda es conseguir que ciertas señales cambien su comportamiento, y que este «recuerde» dichos cambios: de esta manera, ¿se podría conseguir que un material cambiase de color al darle una señal eléctrica? ¿Se podría crear un robot programable hecho solo de cristal líquido? De momento, los estudiosos equiparan este aprendizaje de los materiales a los ensayos del condicionamiento tradicional de Pavlov, por el que un cánido llega a asociar el tintineo de una campanilla con el alimento, y saliva solo con percibir ese estímulo.

El polímero capaz de aprender
En un caso así, han conseguido que un polímero de cristal líquido que no reaccionaba a la luz, después aprendiese a hacerlo. Además de esto, lo han hecho de forma que la luz le sirviera de guía para plegarse y «agarrar» un objeto de un determinado color. Este último punto no se había conseguido hasta el momento.

Olli Ikkala ha explicado que el material adquiere su memoria merced a una tinta extendida por su superficie. Cuando se calienta, la tinta penetra en el polímero, mudando su comportamiento. Como se pueden emplear diferentes tintas, se puede conseguir que el material reaccione a luces de diferentes longitudes de onda. Asimismo se puede alterar la estructura del polímero para cambiar su modo de reaccionar al calor.

Aplicaciones futuras
En opinión de Arri Priimägi, lograr materiales con la habilidad de aprender puede ser realmente útil para desarrollar robots blandos, capaces de hacer trabajos frágiles y que no precisen de cables o bien transmisores para percibir órdenes. De momento, este ligero polímero prueba que es posible darle órdenes a un robot que carece de componentes, a través de un estímulo externo, la luz, y encima garrar un objeto.

Además de esto, Priimägi ha dicho que estos materiales pueden llevar a crear revestimientos que cambien su función en contestación a diferentes señales. En verdad, en precedentes ocasiones han conseguido activar materiales con estímulos químicos.

Han dicho que en el futuro van a tratar de ampliar el abanico de señales con las que educar a los materiales. Piensan que asimismo se podría recurrir a campos imantados y eléctricos o bien a cambios de humedad.

Tal y como afirmó Hang Zhang, estudioso del equipo de la Universidad de Aalto, en un comunicado, aún «hay un largo camino por delante» ya antes de aplicar esta tecnología a inconvenientes rutinarios. El paso inicial, educar y hacer realidad el condicionamiento, ya se ha alcanzado.

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