Las noticias sobre el coronavirus SARS-CoV-dos se suceden a una velocidad mareante y la información de un día se embrolla con la del precedente. Es bastante difícil continuar la pista a los avances, especialmente cuando, en cuestión de una semana, la mayoría de los datos que manejamos van a estar desfasados. Puede parecer un escenario irritante en el que, como escribió Lewis Carroll: “para quedarte donde estás debes correr lo más veloz que puedas, y si deseas ir a otro lugar, vas a deber correr, cuando menos, un par de veces más veloz.”No obstante, de este modo es el día tras día de la mayor parte de los científicos, que, para no quedar desfasados, precisan estudiar las decenas y decenas de artículos de su disciplina que se publican cada mes. Mediante los titulares acompañamos a miles y miles de científicos que se encaran a un inconveniente nuevo y sin explorar. Hace poco ni tan siquiera conocíamos la existencia del SARS-CoV-dos y en solo 3 meses ya contamos con montañas de datos sobre él. Científicos de todo el planeta se han unido en una compañía común, una cuenta contrarreloj para conocer al contrincante y de este modo, poder edificar el arma que nos resguarde de él.

Antes de las vacunas

Durante estos meses muchos centros de investigación de todo el planeta han decidido emprender la busca de una vacuna. Un fármaco nos haga inmunes al SARS-CoV-dos. Cuando nuestro sistema inmunitario se encara por vez primera a un invasor, sea virus, bacteria, hongo o bien parásito, no “sabe” de qué manera atacarle, conque toma medidas genéricas, mas poco eficientes, tal y como si fuera a ciegas. No obstante, conforme luchan las células de la inmunidad innata, como los macrófagos, toman fragmentos del contrincante y los exhiben en su superficie, tal y como si fuesen trofeos. No se trata de un ritual macabro, sino más bien del primer paso para desarrollar una contestación inmunitaria considerablemente más poderosa. Otras células diferentes, como los linfocitos “analizarán” los desmembrados fragmentos del contrincante y merced a ello, realizarán anticuerpos capaces de reconocer al invasor y de este modo atacarle.Las descendientes de estas células de la inmunidad adquirida sostendrán su nueva habilidad, y si volviesen a advertir al mismo contrincante, lo reconocerían inmediatamente, provocando una contestación inmunitaria considerablemente más potente y eficiente que la primera vez. Este es el motivo por el cual ciertas enfermedades, como el sarampión, solo las pasamos una vez. Y, aunque es verdad que existen virus contra los que somos inútiles de desarrollar una contestación inmunitaria concreta, los de la familia coronavirus no se han comportado de este modo en otras ocasiones y nada nos hace meditar que el SARS-CoV-dos sea una salvedad. Los casos de pacientes del COVID-19 que vuelven a dar positivo tras ser dados de alta pueden justificarse por impresiones en la prueba diagnostica (falsos negativos) o bien comprenderse como casos inusuales donde un fallo puntual del sistema inmunitario no logra desarrollar la inmunidad. Otra explicación sería que el virus hubiese mutado en una cepa suficientemente diferente para que los linfocitos ya no pudiesen reconocerle, mas el coronavirus muta menos que otros virus ARN, como la gripe, por servirnos de un ejemplo y no se espera (ni se ha detectado) una producción tan acelerada de cepas.

Vacunas hay más de una

Lo que las vacunas procuran es simular este proceso de inmunización natural, exponiéndote a los virus o bien bacterias contra los que deseamos producir inmunidad. No obstante, no es tan simple como semeja. Para eludir que la vacuna pueda ser la autora de una infección, los patógenos que contenga deben estar fallecidos o bien en “baja forma”. Las vacunas inactivadas, por servirnos de un ejemplo, anulan a los virus, haciendo imposible que se desarrolle la enfermedad. De ahí que la vacuna de la gripe no puede generar gripe. Sin embargo, las hay más eficaces, como las vacunas mitigadas. En ellas, el virus está tan desgastado que un sistema inmune sano va a ser capaz de derrotarle sencillamente. El inconveniente es que no pueden ser administradas a personas inmunocomprometidas y precisan unas condiciones de conservación que no pueden asegurarse en el mundo entero. Es posible, que en la lucha contra el SARS-CoV-19 precisemos algo más potente que las vacunas in.madas y más universal que las mitigadas. Mas afortunadamente, desde el momento en que fue inventada por Edward Jenner y popularizadas en la Expedición Balmis, las vacunas han avanzado mucho. Las rasgaduras de pústulas de vaca han desaparecido y han pasado a manos de la biotecnología más avanzada.Algunos virólogos estiman que la mejor baza para prevenir el SARS-CoV-dos en un largo plazo va a ser una vacuna recombinante. Estas procuran inyectar fragmentos del patógeno absolutamente íntegros, sin mitigar, si bien con un ligero cambio. No se inocularía exactamente el mismo virus que genera la enfermedad, sino más bien uno cambiado para quitar su capacidad de reproducirse y de dañar a nuestras células. Para comprenderlo, debemos entender que la información genética de ciertos virus, y entre ellos de la familia de los coronavirus, no está formado por una molécula de ADN como la nuestra.

¿De qué forma generar una vacuna recombinante?

Su genoma se halla en forma de ARN, una molécula semejante, mas que en general tiene una sola cadena de información, en vez de las 2 que se entrelazan en la tradicional imagen del ADN. Esta cadena cuenta con una suerte de texto sobre de qué manera edificar al virus, mas codificado con solo 4 letras. En suma son 30.000 caracteres, una secuencia de adenina (A), citosina (C), guanina (G) y uracilo (O bien). La misión de los científicos es hallar qué fragmentos, como la zona ORF8, guardan la información relevante para edificar el exterior del virus. Resumiendo, los genes que codifican las proteínas que cubren al virus para dárselas en bandeja a nuestras células inmunitarias y que puedan exhibirlas en su superficie.Una vez apartada la secuencia de ARN que guarda dicha información, va a haber que transformarla en ADN. El cambio de formato implica reemplazar el uracilo por timina (T) y la solitaria cadena deberá unirse a otra que la complemente letra a letra siguiendo una simple regla: cada A se une a una T y cada C a una G. El próximo paso, consiste en “empalmar” esta secuencia de ADN en la de otro microorganismo, por servirnos de un ejemplo, un hongo como los de la diastasa, un virus de ADN o bien una bacteria. Ahora queda aguardar. Por norma general, las células “leen” su ADN para continuar las instrucciones y generar a partir de ellas las moléculas que las componen o bien que precisan para marchar. Cuando la diastasa vaya a hacer esto, se hallará la información para generar proteínas del virus. Tal y como si fuera un caballo de Troya, vamos a haber utilizado el ARN viral para transformar a una diastasa en una factoría. Y es posible que suene a ciencia ficción, mas esta tecnología recombinante es con la que el día de hoy generamos la insulina de los pacientes diabéticos o bien la vacuna contra la hepatitis B, por servirnos de un ejemplo. De forma más experimental, las vacunas recombinantes han logrado cierta inmunidad contra el SIDA e inclusive contribuyeron a detener un brote de ebolavirus en la República Democrática del Congo.

Una promesa a futuro

Las vacunas recombinantes están formadas por estas proteínas artificiales que, siendo solo fragmentos del patógeno, son inútiles de generar la enfermedad, mas al unísono están en perfectas condiciones a fin de que nuestro sistema inmunitario las reconozca y desarrolle una protección concreta contra el virus. Otro punto clave es que estas vacunas son considerablemente más veloces de generar, pudiendo estar listas para probar en cuestión de semanas en vez de meses. Sin embargo, debemos tomar en consideración que, antes que una vacuna pueda aplicarse a la población debe de pasar por multitud de estudios que prueben su seguridad y su eficiencia. Una vez se sintetiza la vacuna hay que probarla en ensayos clínicos. Primero en una fase cero con animales para descartar los compuestos menos seguros. Una vez superada se va a hacer una fase 1 con humanos, si bien pocos, para estudiar sus efectos secundarios y valorar su toxicidad. Por norma general, un 90% de los medicamentos fracasan en esta fase, que es donde están ahora las vacunas más avanzadas contra el SARS-CoV-dos. La próxima fase reúne a más personas y valora la dosis mínima desde la que ya no se genera el efecto que procuramos y establece un rango terapéutico entre ella y la dosis máxima desde la que aparece toxicidad. Por último, inmediatamente antes de aprobarse van a tener de pasar una tercera fase con muchos más sujetos para valorar la eficiencia real de la vacuna. Aun ya comercializadas van a deber continuar bajo control en una investigación de fase 4 para supervisar efectos que, por factores temporales, fuera imposible medir en las otras fases.Normalmente, una vacuna puede tardar 10 años en aprobarse y por más que se adelante, resulta bastante difícil pensar que la vacuna pueda comercializarse antes que acabe la epidemia. Sin embargo, otros medicamentos planteados como tratamientos para la infección ya están en fase dos y tres, pues son compuestos anteriormente aprobados para otras enfermedades cuya toxicidad y seguridad es muy conocida. En todo caso, es posible que los medicamentos por último lleguen a tiempo y asistan a reducir el número de casos. Son una buena apuesta de futuro, mas estamos en un instante crítico donde el factor más esencial no va a ser una molécula o bien una vacuna, la mejor manera de pelear contra el virus ya está en cada uno de ellos de nosotros, en las resoluciones que tomemos y en que asistamos a sostener la calma. Conque, por favor, quédate en casa y ayuda a frenar la curva antes que colapse el sistema sanitario. Evitemos todas y cada una de las muertes posibles.

QUE NO TE LA CUELEN:

Todavía no hay una vacuna para el coronavirus cuya eficiencia haya sido probada en humanos. La conocida vacuna china solo ha superado la fase cero, que se efectúa en animales. El paso a la fase 1 es superado solo por un 10% de los medicamentos y también, aun de este modo, una vacuna puede tardar 10 años en salir al mercado. En una situación inusual como esta pueden reducirse los tiempos, mas no es prudente aguardar que se apruebe su empleo en menos de un año. Ojalá las previsiones se confundan, mas menos de 12 meses resulta bastante imposible.Las vacunas no generan autismo, no hay motivo teorético para pensarlo y todos y cada uno de los estudios serios hechos a este respecto han negado esta creencia popular. Las vacunas que hay en el mercado sostienen unos altos estándares de seguridad y sus efectos secundarios son inusuales y con efectos prácticamente nulos.

REFERENCIAS (MLA):

“BOE.Es – Documento BOE-A-2020-3824”. Boe.Es, 2020, https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2020-3824.Hudu, Shuaibu Abdullahi et al. “AN OVERVIEW OF RECOMBINANT VACCINE TECHNOLOGY, ADJUVANTS AND VACCINE DELIVERY METHODS”. International Journal Of Pharmacy And Pharmaceutical Sciences, vol ocho, no. 11, 2016, p. 19. Innovare Academic Sciences Pvt Ltd, doi:10.22159/ijpps.2016v8i11.14311. Accessed 20 Mar 2020.Tang, Xiaolu et al. “On The Origin And Continuing Evolution Of SARS-Cov-2”. National Science Review, 2020. Oxford University Press (OUP), doi:10.1093/nsr/nwaa036. Accessed 20 Mar 2020.Thevarajan, Irani et al. “Breadth Of Concomitant Immune Responsees Prior To Patient Recovery: A Case Report Of Non-Severe COVID-19”. Nature Medicine, 2020. Springer Science And Business Media LLC, doi:10.1038/s41591-020-0819-dos. Accessed 20 Mar 2020.

Fuente: larazon.es

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