Noche de verano y ventanas abiertas en la capital de España. Cuesta conciliar el sueño y más tras haber oído el zumbido agudo de un mosquito. No, no el grave de su familiar la mosca. Esperas que la absoluta obscuridad te camufle para cualquier sentido que tenga el insecto para localizarte. Mas los mosquitos siempre y en todo momento te hallan. Unos estudiosos del laboratorio del biólogo Paul Garrity han revelado el mecanismo que atrae a estos insectos al calor humano.Esta semana la gaceta “Science” ha publicado un artículo del maestro de Biología Paul Garrity, la estudiante de doctorado Chloe Greppi, el becario posdoctoral Willem Laursen y múltiples colegas en el que han descubierto una parte esencial de de qué forma los mosquitos se centran en el calor humano para toparnos y mordernos. El hecho es que los mosquitos son de los animales más mortales del Planeta y matan a centenares de miles de personas por año por ocasionarles enfermedades que le stransmiten con sus picaduras como la malaria, el dengue, el virus del Nilo Occidental y la fiebre amarilla.

Un poco de Historia: mosquitos y teteras

A principios del siglo veinte, Frank Milburn Howlett, un científico británico en la India, se percató de que los mosquitos siempre y en todo momento flotaban en torno a su tetera en el instante de tomar el té. Intrigado por este hecho, hizo un experimento que consistió en ocupar una bolsa pequeña de gasa con los insectos y la puso cerca de un cilindro de ensayo lleno de agua caliente. Cuando el calor del cilindro llegó a los mosquitos “el efecto fue más interesante” escribió en un trabajo redactado en 1910, en el que testimonia que los insectos fueron atraídos cara el lado de la bolsa más próximo al aire caliente que ascendía. Howlett asimismo observó que los mosquitos no semejan agredir a los animales de sangre fría, lo que sugiere que fue el calor del cuerpo lo que los atrajo a los humanos.Desde entonces, diferentes investigaciones han probado que en la distancia los mosquitos encuentran el dióxido de carbono que espiramos, los olores que emitimos y las señales visuales, todo para toparnos. Cuando ya están a unos pocos centímetros, es nuestra temperatura la que juega un papel esencial para guiarlos. Además solo las hembras de estos insectos son los que se comportan así y utilizan la proteína en nuestra sangre para alimentar sus huevos.

¿Procuran calor o bien evitan el frío?

En 2019, Garrity y otros colegas publicaron en la gaceta “Neuron” un artículo sobre los sensores de temperatura en las puntas de las antenas de las moscas. Se creía que actuaban solamente como termómetros y medían la temperatura de los aledaños para saber si se hallaba en un entorno caluroso o bien helado. Según el estudio de Garrity, los receptores solo advierten el cambio de temperatura, notificando al insecto si iba cara el frío o bien cara el calor. El estudioso renombró entonces a estos receptores como “celdas de enfriamiento y celdas de calentamiento”, que pueden advertir cambios de centésimas de grado por segundo. Los mosquitos, familiares evolutivos próximos a las moscas, asimismo tienen estas celdas.El equipo de Garrity realizó entonces una tesis opción alternativa a mirar qué atraía a las células de calentamiento hasta nuestros cuerpos: que tal vez no vuelan cara el calor, sino pueden estar volando apartándose del frío. Esto querría decir que las celdas de enfriamiento serían las únicas en las que centrarse. Las células de enfriamiento concretas que Garrity y sus colegas científicos estudiaron para su artículo en Science se fundamentan en un receptor molecular llamado IR21a. IR significa receptor ionotrópico, un conjunto de proteínas que asisten a las neuronas a trasmitir señales. IR21a facilita la transmisión de una señal de que la temperatura alrededor del insecto está bajando. Se sabía que, por poner un ejemplo, ayuda a las moscas de la fruta a advertir y, en último término, migrar cara temperaturas más frías para eludir el sobrecalentamiento.

El experimento

Los estudiosos suprimieron el gen del mosquito que es el encargado de generar el receptor IR21a y agregaron estos insectos “mutantes”, unos 60, en un recipiente del tamaño de una caja de zapatos con una placa en una de las paredes a prácticamente la temperatura anatómico central, 37 grados, y les dieron a los mosquitos una nube de dióxido de carbono para imitar el aliento humano. Los mosquitos no perturbados se pusieron de manera inmediata cerca de la placa de calor deseando alimentarse de nuestra sangre tibia, al tiempo que los mutantes no sabían seleccionar cuál era el sitio más caluroso y también ignoraron la placa caliente.En el segundo experimento los mosquitos estuvieron en una jaula de malla y sobre ella, 2 viales de sangre humana (uno a 22,7 grados, temperatura entorno, y otro a 31,1, temperatura de una mano humana en superficie). En comparación con los mosquitos no mutantes que atraviesan exactamente la misma configuración, los mutantes mostraron una preferencia reducida por la sangre a temperatura de calor anatómico.La relevancia de este estudio se encuentra en la posibilidad de que, partiendo de lo aprendido, se puedan desarrollar repelentes o bien “trampas” para cebar a los insectos transmisores de enfermedades que pueden transportar los patógenos que ocasionan malaria, dengue o bien zika. Conforme han explicado: “Todo el planeta sabe que los mosquitos son molestos: pican y están en todas y cada una partes. Mas aún tenemos ciertos signos de interrogación sobre los mecanismos básicos latentes que los impulsan. Este estudio verdaderamente aborda esa brecha en el conocimiento. En los últimos tiempos se han hecho grandes avances para determinar qué ayuda a los insectos a advertir señales químicas desde lejos. Mas lo que sostiene a los insectos en el camino mientras que se preparan para el aterrizaje ha sido más bastante difícil de precisar”.Los mosquitos, según parece, volvieron a utilizar un gen evolutivo ancestral en un nuevo circuito celular y volcaron su función sobre su cabeza. “En sitio de preocuparse por la termorregulación, los mosquitos ahora utilizan estos sensores de temperatura para apresar humanos”, explican los estudiosos. El simple conocimiento de de qué forma actúa el receptor para hallar a los humanos quiere decir que podríamos estar más cerca que jamás de ese repelente eficiente, o bien aun de ciertos que podrían desarticular las habilidades de navegación de los insectos. “Es un enfoque nuevo que podría tener un enorme impacto. Si se pudiese reducir la cantidad de interactúes entre mosquitos y humanos … podría prevenir todas y cada una de las enfermedades que transmiten esos animales”.

Fuente: larazon.es

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