El gigante de los anillos, Saturno. De todos y cada uno de los gigantes gaseosos que pueblan nuestro vecindario galáctico Saturno es probablemente el que más nos llame la atención. Sus anillos atraen nuestra imaginación, fantaseando con sus posibles orígenes. Rocas, polvo y hielo, se extienden como copos de nieve galácticos durante 275.000 quilómetros de ancho, y apenas unas decenas y decenas de metros de espesor. Ciertos son tan pequeños como una moneda y otros superan el tamaño de un camión. ¿De qué forma posiblemente una “nube” tan diversa y exorbitante continúe plana y ordenada en torno al ecuador del planeta? La contestación no es moco de pavo y Saturno no es el único que oculta este secreto.Neptuno, Urano y Júpiter asimismo cuentan con sus anillos, que, aunque no son tan complejos, vuelven a despertar en nosotros exactamente las mismas preguntas. No obstante, hay una que pasa inadvertida. Una pregunta que no acostumbra a elaborarse. Fíjate en el anillo que corona a Saturno. ¿Ves esas franjas negras que lo recorren? Mira en su interior, pues en algún punto, recorriendo esa negra carretera espacial, hay un pequeño satélite que se dedica a adecentar la vereda, una luna pastora.

Las carreteras de Saturno

Ellas son uno de los motivos por los cuales los anillos tienen fronteras tan definidas en vez de desvanecerse progresivamente a lo largo de miles y miles de quilómetros. El anillo F de Saturno, por servirnos de un ejemplo, está patrullado por 2 lunas pastoras. Pandora recorre el perímetro exterior, al paso que Prometeo se hace cargo de peinar el borde interior del anillo. En verdad, la mayoría de estas discontinuidades están pastoreadas por uno o bien más satélites que pueden medir desde 1000 metros de diámetro hasta cientos y cientos de quilómetros. Mimas, por servirnos de un ejemplo, es la autora de la “división de Cassini”, la mayor de todas y cada una de las que tiene Saturno y perceptible desde la Tierra con un simple telescopio de apasionado.Como si fuesen sus ovejas, la luna pastora es capaz de “reagrupar” el material del anillo aprovechando su repercusión gravitacional. Tenemos que meditar que, al comienzo, la órbita de nuestro satélite estaba salpicada de obstáculos (de los que se formó , exactamente). Estos fragmentos avanzan a velocidades muy diferentes: más veloz cuanto más cerca estén de la superficie del planeta. Así, los cuerpos más próximos al planeta viajan más veloces que la luna, con lo que la gravedad de esta los va a frenar, haciendo que caigan y se amontonen en órbitas más bajas. Mientras, como la materia más distanciada del planeta se desplaza más de manera lenta que nuestro satélite, esta es acelerada, imprimiéndole la velocidad precisa a fin de que pase a órbitas más altas.Cuanto más masiva sea la luna, más grande va a ser la franja que limpie. En cierta manera las lunas pastoras recuerdan a máquinas quitanieves, despejando el camino y concentrando a sus lados todo cuanto barren. En verdad, si bien los anillos no acostumbran a superar las decenas y decenas de metros de espesor, en torno a una luna pastora pueden volverse de más de 2 quilómetros.

Forjando el anillo

Aunque, en honor a la verdad, la implicación de estas lunas con los anillos planetarios va considerablemente más allí. Aún no sabemos con seguridad de qué manera se forman estos “planísimos” enjambres de materia, mas ciertas primordiales hipótesis apuntan a las lunas pastoras y otros satélites como primordiales sospechosos. Es posible, que el material que forma los anillos venga de la erosión de ciertos satélites como Metis y Adrastea, que están suficientemente cerca de Júpiter para ser desgarrados por su fuerza de gravedad. Esto es debido a que, al estar tan cerca de un cuerpo masivo, pequeñas diferencias de distancia cambian mucho la fuerza de gravedad que experimentan los 2 lados de un mismo satélite; atrayendo a la una parte de la luna que apunta al planeta con considerablemente más fuerza que a sus antípodas. Estas llamadas “fuerzas de marea” son como los caballos de un condenado a desmembramiento. Un satélite demasiado cerca de su planeta, suficientemente grande y poco unido se desintegrará poquito a poco en pedazos más pequeños creando una nube a su alrededor.Otras hipótesis, como la del “choque catastrófico”, apuntan a que la erosión de estos satélites podría estar producida por el impacto de la enorme cantidad de meteoritos que atrae la enorme masa de los planetas gigantes. Los satélites los interceptarían de casualidad, eyectando un sinnúmero de materia al espacio. En verdad, sabemos que las partículas más pequeñas de los anillos caen continuamente cara su planeta en una espiral descendente, con lo que todo ese material perdido tiene que estar siendo repuesto de alguna manera. Bien sea la erosión por fuerzas de marea o bien el impacto de otros cuerpos, estos satélites son un punto vital en la capacitación y mantenimiento de los anillos planetarios que tanto nos apresan.Viéndolo ahora en conjunto, cualquier planeta de fantasía queda eclipsado por la belleza de los anillos planetarios. Enjambres de hielo y roca en una danza sin fin, cayendo y naciendo bajo el frío brillo del espacio. Un rebaño de luces y sombras bajo la atenta mirada gravitacional de sus lunas pastoras.

QUE NO TE LA CUELEN:

Saturno no es el único planeta con anillos. En verdad, los planetas no son los únicos cuerpos con anillos. Un caso es Cariclo, un planetoide de solo 258 quilómetros que cabría prácticamente entero entre la capital de España y Burgos.Muchas fotografías del espacio están cambiadas para acrecentar su calidad o bien darles colores que nos asistan a comprender lo que vemos, mas no por esta razón son falsas. Solo hay que saber lo que esos colores significan verdaderamente.

REFERENCIAS (MLA):

Fuente: larazon.es

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